De un lado la luz
al otro las tinieblas
en el medio
el hombre
y
la palabra
para soñar
con la luz
con las tinieblas
Julio César Azzimonti
al otro las tinieblas
en el medio
el hombre
y
la palabra
para soñar
con la luz
con las tinieblas
Julio César Azzimonti
Estoy velando un libro en el desierto (El mundo no lo sabe y es extraño las cosas que el mundo ignora) El muerto manojo de cuadernillos enhebrados-exhala perfumes de imágenes
y una vehemencia corrupta que agota al espíritu.
Encontrar a un hombre dentro de sí velando arrodillado (y con un pastoso naranja desplegado por el ángelus recortando su perfil) encontrarlo callado y retraído ungido por el último sol de la tarde
persistiendo en el olvido de ese desierto es encontrarme cavando con las manos un pequeño orificio en esta tierra arenosa para enterrar este libro que desaparecerá del mundo para siempre es una decisión final
en un sesgo definitivo de la intuición que sabe el hueco que dejará en el espacio que habita y en el tiempo que genera historia
Se que es tan insignificante que no habrá nada que lo reemplace
nada será igual a el
nada dirá lo que él dijo o
nada evocara la vida como él lo hizo
Si es
que algo evocó
Pero el horror del olvido no será total (servirá esto como alivio?) quedarán las imágenes (algunas?) dentro de cada uno que lo leyó
que serán
transformadas entre pausa y pausa cada vez que alguien o yo las relate
Pero este es un acto seco
sin piedad como todo
entierro velatorio cuando se consuma
Pero todavía está allí
quieto
vibrando
y reverberante en el espantoso hueco que deja la materia al no estar más junto a uno
Se la decisión capital que asumo se que condeno a todos al sólo recuerdo de algunos fragmentos que irán mutando hasta lo que la gente quiera o pueda recordar al conjuro y amalgama que alguien reconstruirá a través del tiempo sé que yo desapareceré en poco tiempo
mi nombre será olvidado cuando el anónimo crezca como una hiedra y ocupe mi lugar sé
que diluyo mi persona en infinitos fragmentos más pequeños que palabras
más que letras
sé que me suicido al enterrar este
libro
sintiendo que las letras de mi nombre una a una irán desapareciendo ante el horror de mi ego enfurecido
pero mis manos se mueven por otro lado y van arrojando puñados de tierra dentro del pozo
y el libro desaparece
Siento el dolor en los ojos
siento la nariz aleteando
siento la boca apretada
siento el cuello hinchado
siento la tensión de todos los músculos en un último intento por detener el acto pero la decisión de diluirme en un mar terreno
de separarme en tantas partículas como imágenes quedan en las personas corazón se agita ansioso por experimentar qué extraña amalgama se harán con esos fragmentos
qué mitos surgirán
qué quedará que será olvidado qué nuevo mundo surgirá cuando vuelva a brotar la memoria y yo ya no esté
ni sentiré
ni seré propietario de una sóla de esas imágenes entonces el horror del olvido deja paso a un nuevo placer
el misterio de la curiosidad
lo que
vendrá inabarcable
impredecible
insondable
incontenible
en el filo de la materia y aún más allá
¡Dios mío
qué hice!
me levanto miro por última vez el lugar el montículo que ha quedado
y siento que el olvido comienza a luchar contra la memoria camino hacia la ciudad y pronto va apareciendo en mi conciencia una imagen de peces parlantes que hablan (o simulan) entre ellos moviendo sus boquitas escapando y volviendo subiendo y bajando y algunos se detienen ante mis ojos y de repente se introducen dentro de ellos
Anoto en mi libreta esta curiosa secuencia de imágenes
sentado al lado de la ventana del bar v mirando a través del vidrio la calle a esa hora llena de vehículos y gente que pasa con sus bocas cerradas y sus miradas ocasionales
hacia mi que no me he a movido de este lugar en los últimos cuarenta años esperando lo que vendrá
JULIO CÉSAR AZZIMONTI
FELICITACIONES Julio C. Azzimonti ..Mención Humberto Rivas..Hoy a las 21hs, en Patio Plateado por la Luna..Roca 850, San MigueL____ ¡TODOS INVITADOS! Ccultural Ungs, Mora Burke, Walter Tejeda, Maxi Silva, Willy Perez, Virginia Morillas, Sonia Aban, Gaston Guerra
https://web.facebook.com/azzimontiom/posts/10202883629839222
Porque el misterio es que todos los zanjones
son un sólo zanjón
porque tanto misterio es que todas las Marías
son una María Morena
que vive aquí
humillando la historia
con su desparpajo de reina
de la nada
Por el zanjón
cuando estalla la alegría
la villa vibra enardecida
conmoviendo con su música
de golpes en el vientre
a un poderío asustado
que los mira desde lejos
mientras repiquetean
los teléfonos grasientos
de las comisarías.
Por el zanjón los gatos
escrutan pacientes
esqueletos de perros amarillos
saltando cada tanto
desde el techo negro de cartón
al sueño de novela
del borracho tendido en el yuyal.
En el zanjón luego llega la calma
como una muerte espesa
de trasnoche.
Es el tiempo de los gatos.
Establecen su acre dominio de orines y enigmas
porque el misterio es que todos los gatos
son un sólo gato
porque el misterio es que todas las penas
son una sola pena .......AUTOR:Julio César Azzimonti
porque el misterio es que todos los zanjones
son un sólo zanjón
porque tanto misterio es que todas las Marías
son una María Morena
que vive aquí
humillando la historia
con su desparpajo de reina
de la nada.
Amanece y abre los ojos. O amanece porque abre los ojos. La mañana en su vida es como una tela en blanco. La mañana es una pregunta que va contestando, a veces, el transcurrir del día.
Amanece y es como una descarga eléctrica en el cuerpo que obliga a erguirse. La tela en blanco obliga al pintor a buscar los pinceles y los colores, como un revolver cargado dejarlos al alcance de las manos.
Se viene el mate poniendo un pie en el horizonte. Hay acción y hay gallos guapeando su existencia, también relinchos y cabeceos y los pájaros se anuncian sin solución de continuidad.
Ya está con los ojos bien abiertos mirando desde la ventana mate en mano. El mundo circundante organiza su estética cotidiana y empieza a funcionar. Desde la ventana presiente que todos los misterios están detrás del horizonte. La luz en ese día pleno es restallante y oblicua.
La noche anterior había pensado en organizar este día. Lo hizo y se durmió. Ahora, ante la ventana, ya se olvidó todo lo que había pensado. Se deja transcurrir al ritmo y al sabor de la yerba y ese calor que baja desde la boca y templa el cordaje de las sensaciones.
Continúa observando el horizonte: dos planos, abajo la pampa, pastizales, algún sembradío; arriba cielo, azuloide por la invasión del sol. A un costado de la casa el cobertizo y murmullo de caballos queriendo participar en la exégesis de la mañana. Haciéndose notar. Buscando presencia.
Oye el ruido inconfundible de una avioneta. La ve brillante dirigirse hacia el naciente. Pronto ve un punto contrastando con la luz solar y ya no hay sonido. Solo luz y silencio. Ahora, demasiado silencio. Los colores destellan y los objetos del paisaje se enardecen.
Mira. Sus ojos tratan de penetrar tanto resplandor. Todavía demasiado para la vista de un pintor, la mañana atrapa por su prepotencia, se dice.
Coloca el atril apenas al costado de la ventana. Ubica el bastidor con la tela en blanco. Desparrama los pomos de colores y controla los pinceles. Nada especial, solo un principio incierto de organización. No más.
Sabe que algo tendrá que aparecer. Eso sí, vuelve el murmullo del motor del avión que se acerca. Pasa por arriba de su casa y se va perdiendo.
Saca el caballo del cobertizo. Lo acaricia varias veces y le otorga libertad para pastorear. Algunos pájaros se acercan a picotear alrededor. Esto ya es una escena. Pero, cómo sacarla de la trivialidad. Dónde estará el jugo de esa composición. Todavía hay demasiada luz rasante, o poca idea. Ya se verá.
Vuelve a la casa. Cambia de posición el atril unos centímetros, como para ganar tiempo. Mira por la ventana: nada. Sí, hay de todo, pero nada. Ahora el sol está más arriba y el horizonte recupera nitidez.
Entonces, ve primero como un lomo sobre el horizonte, luego, una columna blanquecina, apenas oblicua que fuga hacia arriba. Eso sí es una línea de fuerza.
El avión, naranja furioso, vuelve a pasar sobre la casa. Rumbea hacia esa desprolijidad del horizonte. Es evidente, algo pasa.
Ya no duda: hay quemazón. Siente vibrar el cuerpo. So-pesa la dirección del viento y se aquieta. Algo apareció.
Se acerca más a la ventana. Otea cómo solo lo hacen los mamíferos, estirando cuello y cabeza hacia delante.
Piensa la situación. Unos segundos. Mira la tela, el atril, los colores en sus pomos y decide. Casi corre cuando va a buscar los elementos para ensillar el caballo.
Esto no es un juego pero vale la pena, se alienta. El avión vuelve. En el horizonte el animal blanco va creciendo. Un gigante que se levanta.
Ya amarró el atril al costado del caballo, ya cargó las alforjas con los pomos y los pinceles, ya ató la tela sobre el anca. Talonea el flete y se va hacia la quemazón.
Yendo al galope tarda bastante. El animal ahora es bestia blanca y serpientes grisadas.
Precavido, se acerca lo suficiente, solo para apreciar.
Tamaño día de esplendor solar soba los colores que disfuman como no queriendo mostrar toda la verdad. Por ahora el fuego se guarda parte de su desproporción. Igual tira líneas a mano alzada, agitado, nervioso. Trata de capturar a la bestia que miente, que no larga esencia, pero amenaza, promete.
De pronto el humo gira y se le viene encima. Atosigado, minúsculo, se siente echado, castigado. Falta oxígeno y el caballo recula. Ya sabe que está demás allí. El caballo ya giró y rumbea hacia su seguridad. Él lo deja hacer. Galopan largo y tendido. Llegan sin aliento y el olor de la quemazón incrustado en la garganta. El caballo se lanza al bebedero. El hacia la casa.
Se sienta ante la ventana todavía exaltado. Trata de aquietarse de buscar algún orden. Abre la canilla y se moja la cabeza. Tose y se restriega los ojos. Vuelve a la ventana. Su brújula interior lo obliga allí. La bestia sigue creciendo.
La desmesura se apropió del horizonte, cuándo una línea larga y fina de llamas se da a conocer como un tajo soberbio horizontal. Todo su universo fuga hacia ese lugar.
Pinta sobre la tela bocetada. Pinta sin mirar más por la ventana, sin reconocer lo alrededor. El fuego ahora brota de adentro. Solo él y la tela. Pinta...
II
Lo sorprende la tarde. Por fin, cuando anochece, se dirige a la ventana.
Todo cambio. No hay horizonte. Solo la bestia que decidió mostrarse voraz en naranjas y rojos, y una negrura infinita ocupando todo lo demás.
Se deslumbra, se paraliza. No se puede mover de allí, conmovido, apichonado. No hay miedo, sí hay reconocimiento del poder de fuego de la imagen desatada, inabarcable, insondable en su preciosismo caótico y feroz.
Pero, esa fuerza obliga, azuza, talonea hasta la acción.
Saca del atril la tela anterior y coloca otra en blanco. Vuelve a pintar. Pinta, no tiene cansancio. Solo pinta. Mientras la noche opera en la realidad.
III
Ya es mediodía y abre los ojos. Da un salto y va hacia la ventana. Cielo limpio. Horizonte nítido. Sol a plomo. No hay vestigios de humo ni de llamas. No hay olor a quema.
Sobresaltado mira hacia el atril: allí está la tela que pintó a la noche. A un costado, sobre una silla, la que pintó por la mañana anterior.
Presiente y se va a ensillar el flete. Parte hacia donde vio el incendio. Al galope recorre el camino que hizo el día anterior.
Advierte el cansancio del caballo. Mide y calcula distancias. Observa todo el cuadrante alrededor varias veces. Un escalofrío le sacude el cuerpo. No hay vestigios del incendio.
Julio César Azzimonti
Iba a todos los velorios
familiares y de amigos
rezaba ante el cajón y
pedía por todos
los domingos iba a misa
y los lunes
después de las 19 hs
llegaba y como siempre
lo tenía todo preparado
enchufaba la máquina
y procedía
el olor a carne humana
chamuscada no lo afectaba
pero sí lo había cansado
pensaba retirarse algún día
( en la música del ambiente él se hacía poner tango y rock nacional)
Julio César Azzimonti
(Serie de poemas que comienzan con un número que le da significado al poema)
1
yo Julio
2 vos y
yo Vicky
3 vos
yo
1- ella Celina
4 vos
yo
3- ella
4-otra ella
Luciana
5 el poema
6 el relato
Julio César Azzimonti
en este suburbio del Sur
fue para vos Morena
juego de arcanos en los ojos
fue madrugada de olores tibios
con amargor en el pecho
Los corvos desodorados de la noche
rumiaron en tus oídos
hotelería y salvación
mientras la cerveza
les encendía el pico
y todas las promesas
de Buen Amor
sólo se apropiaron
de tu carne mansa
hasta el hartazgo vacío
del vaso lleno
María – como son las cosas –
sos un fuego que nadie apaga
y en la madrugada
con la escarcha en la piel
desde el suburbio de zanjas
salís a servir
el opaco ritual del Buen Señor
que te espera con la orden
colgando de los dedos
Morena
no acertás ni siquiera
el Buen Trabajo
por las tardes te veo
debajo del níspero mutante
mirando tus manos vacías
fundiéndose entre los cardos secos
Vas arrancando lenta
las páginas del cuento
del Buen Amor
que van a caer sobre la costa
mugrienta del zanjón
En tus ojos María
entrecerrados
va apareciendo
un destello del infierno
que inflama el aire
hasta que los cardos
se brotan en llamaradas
en tu cabeza
Las mujeres de la villa
detienen sus labores
tapándose los oidos y los ojos
El Buen Señor de buena conducta
de buena mujer y buena casa
se acalambra en la buena piscina
cuando tu imagen inconfesable
se le mete en el vientre
y el olor de tu recuerdo
le llena los buenos pulmones
de cardos calientes
El cura sermón en mano
en la penumbra
de la iglesia torcida
te imagina desnuda
metiendo su mirada
en el astrakán de tu vientre
y en la sombra de las sombras
empieza a temblar
lanzando por su boca
- lo que son las cosas –
plegarias como pelos
y el ruido rítmico
de las campanas de su sexo
Y vos María
arrancás con tu mano Morena
la última página
del Cuento del Buen Amor
y ante el estupor violento
de tus ojos
te quedás mirando
como se quema entre tus dedos.
Julio Cèsar AZZIMONTI
Fragmento de “La Canciòn de Marìa Morena”,libro del mismo autor
con musicalización de Oscar Peretto.
1977
cuándo empezó a girar la calesita
de la vida o la nada?
¿fue en la época en que las vendas blancas
en los ojos treparon hacia el pelo
y empezaron a verse siluetas
que buscaban agujeros en el tiempo?
cuando empezó a girar la calesita
de los huesos con memoria
arreciaba la tormenta
que dijeron duraría
tantos años como la pena
en principio ¡circulen!, ¡circulen!
¿ cómo llenar vidas de vacío
vacío de vacío
vacío de vidas de la memoria
recuerdos de vacíos
vacíos encarnados
vacíos con huesos
huesos con números
números humanos?
cuando la calesita de los jueves
comenzó a girar ¡circulen!
los ríos de piedra ¡circulen!
con nombres de calles ¡circulen!
hicieron brillar sus cubos de granito
donde habitaba el secreto del rio y el concreto
¿qué calesita es esta tripulada
por mayoría de mujeres ¡circulen!
que vienen de la llanura?
¿qué calesita es esta
donde los pibes y las pibas
devorando su tiempo
no están?
¿qué calesita es esta
donde la música es sonido
de suelas pasionarias solitarias
raspando el silencio de las baldosas?
(un susurro de miradas dijo:
son madres raras
de un sur que se pretende suprimir
aniquilando su ensuración)
2
madres se vieron
simadres descarnadas
sobre el paisaje fulero de presagios
carne y flor aparecidas de la nada
cabezas y estupor sin nombre
marchan girando y girando
en esa puta plaza
hambrienta de gestos
porque sólo el gesto
el gesto y la mirada encendida
cuando la palabra
y aún la gutura
se habían clausurado
confinándose a los vientres
ojos que se mueven
soltando su pavor
frentes que se arrugan
manos que señalan sin rumbos
dedos que palpan rigores eléctricos
pies que a pesar de todo
se mueven sin parar
contaron como murmullo:
se ven lágrimas blancas
si
lágrimas blancas
contaron en los barrios alunados
en los suburbios del miedo
lágrimas raras
que se encienden al tocar la tierra
había si
compulsión de fervores
y delirio de martirios
clavando una estaca
en el corazón de la pirámide
(el destino
siempre atento a todo dijo:
“comenzó la molienda de la historia implantada”
3
calesita extraña esa marchando
cuando llegó un calesitero
del tamaño de un hijo
tordillo de dientes como espadas
ofreciendo sonriente en cada giro
sortijas argollas de granadas
cuando el tiempo Azucena
se parió sin reloj
metiéndose en las profundidades
del gesto
los bárbaros del mundo
cuadraron sus brújulas en el sur
y convocaron a sus manadas diciendo:
“hay mujeres raras transformándose
en madreselvas
encendidas marchan circulando
los jueves de todas las semanas
carne y flor creciendo
en ese ensimismo país
tan al sur de todo sur
4
cuando estalló
tamaña rabia metálica
en los dueños paroxísticos
de la historia
concurrieron a delirar uniformados
los cazadores de getas
los cazadores de vientres
los cazadores de bocas
los cazadores de palabras
los cazadores de libros
los cazadores de gestos
salieron desangelados
con sus cruces en llamas
salieron con linternas negras
y corazas de mármol robadas
a defender sus criptas
¡época tan ciega
habrase madre cometido
devorando tanto afiebrado futuro
rompiendo el cristal de la utopía!
¡cómo se vienen madre para apropiarse
del mito carnal de la llanura
de la montaña y de los ríos!
cuando videntes
caen los jóvenes en racimos
sobre esta desmesura
de tierra nuestra
hermética y lejana
tan al sur de todo sur
5
¡época tan desgarrada
habrase madre
zumbando ciega¡
¿sobre cuáles tumbas sin forma
esparcieron sin destino
semillas vibrantes de sueños?
fusiles de espejo turbio
los getapatrias del aire arrojaron al rio
la carne palpitante que los enervaba
los getapatrias del mar
se encerraron medrosos
a retorcer cuerpos y genes
los getapatrias de tierra
sintieron en sus plexos
que la Inquisición los bendecía
cuando arrancaban los ojos
y las tripas
6
como alunado aparece este sol
sudestando todos los suburbios
los barrios y las cercas
como ahuesadas brotan lámparas
alumbrando incipientes
cementerios de humo
cuando el río sin márgenes
los recibió de las nubes
para guardarlos
sabiendo que el río devuelve
lo que no le pertenece
¡época tan honda madre¡
cuando el enfurecido contrareloj de la historia
agitó de repente el látigo
haciendo vibrar los ríos de piedra
juntando los barrios silenciados
certezas aparecieron
ellas
Madreselvas empecinadas
saliendo a florar los jueves
sembrando de lámparas las ochavas
y de susurros las habitaciones
lágrimas bálsamos aparecidas
lágrimas blancas abriendo honduras
liberando gorriones sin nombres aun
muñecos niños apenas destetados
apenas hirsutos
pronto reverberando de preguntas
pronto calenturientos de respuestas
casi ensoñados
conciencia embroncada
con el fraude de la historia en contra
surgiendo entre adoquines
con gusto a cielo
cuando el silencio se partió en gritos
le arrancaron la llave a la historia
(todavía llevaban en su cuerpo
siestas de leche ellas
siestas de jungla ellos
siestas rumiadas con perros ellos
y ellas libros de cáñamo
entre las ingles)
7
la época desmesuró lucidez
cuando tirando candados y linternas
salieron a las calles
a pelearles al patrón de la vereda
palmo a palmo las baldosas
madreselvas
historia tan bruta
habrásenos caído encima
arrancando a mandobles
tan encendida carne
tanto futuro vibrante
madre
cuántos mis amigos partieron
florando alto
presintiendo algo
entre temblores y conciencia
empecinados en aparecer
saltando la historia del fraude
colgados de las palabras
como espinas
con la escuela apenas atrás
de sus espaldas
lágrimas y caricias blancas
Madreselvas erguidas
en la soledad del horizonte fantoche
tan disonante historia
abrásenos contado
para que fueran al muere
los eterjóvenes
que venían del futuro
a incrustarse en el pasado
dentro de esta coraza de cielo martingala
bajo esta máscara uniformada
con fusiles en los tálamos
la pedagogía del algotuvieron que ver
ha parado de crecer
bajo esta máscara uniforme
yacen los brotes inconclusos
claves y muñones
en esta tierra madre
que se deberá remover
pala a pala terrón a terrón
hasta que aparezca el nombre
9
blancoamor
carne y flor empecinada
apareciendo
entre el hielo de los días
cuando el enterrador de imágenes
se perfiló sin memoria
madre
cuantos mis amigos estaban
tan llenos de certezas
en los labios besos y broncas
en los ojos razones y sueños
en la piel pasiones y enigmas
y en los oídos
si
sirenas a mansalva
y repiquetear de agonías
en las parrillas verticales
certezas de los días blindados
brújula cuarteada al sur
los gorriones y los juegos van a volver
cuando ellas se subieron a la calesita
y marchando la empujaron
mocos en las ñatas color rosado
en las mejillas
reaparecen los pibes limoneros
asaltando los jardines
cabalgando escobas como potros
tripulando gigantes los roperos
del suburbio
lúcidos los ojos acuñando ventanas
( vivomuertos más vivos
con las palmas brotadas extendidas
nos miran
desde la nube barrilete
cielo bastardo de los oprimidos)
10
vemos entre los escombros y las cruces
vemos nítidas
a las madres del sur
ojos de lino perfil de patria
andar de llanura
marchando
caminan tranquilas ensuradas
siento el impulso de marchar con ellas
quiero decir hacia ese lugar
donde no hay geografía
ni materia
ni siquiera razón
sólo sur
ese sur que está más allá de todo sur
raras Madreselvas encendidas
marchando
calesita de los jueves en la memoria
burbujas blancas interminables
marchan
zapatos de agudo polvo
grabando las baldosas
historia de historias
palabra de palabras
susurro de susurros
gesto de gestos
marchan
Madreselvas
florando la memoria del sur
tan bruta
Nomeolvides
Julio C.Azzmonti
“En cada persona, en cada grupo,
hay un símbolo, un signo,
un código estético.
Más allá de las éticas implícitas
y de sus mutuos significados
nadie puede fagocitarse a la forma
y sus contenidos
nadie puede introducirla en sí mismo
y definitivamente sumirla
tarde a temprano esta aparecerá
de alguna manera "
Ese que está allí, Evaristo Piedras, que desde hace unos días padece fuertes trastornos generalizados, decidió consultar con el médico sobre su problema. Escuchemos in ya comenzada conversación entre el hombre y la bestia, entre Evaristo y el médico:
—Sí, entiendo perfectamente. Entonces Ud. opina que debo dejarlas en la clínica para que se haga un reacondicionamiento general. Bien. ¿Qué horario? A las 15 horas. Si, esta misma tarde. Gracias.
Colgó lentamente el teléfono y se quedó largo rato mirando sus manos. Las palmas de sus manos, largas y oscuras, oscuras y largas, y oscuras… Y largas,...sus manos oscuras...
Media hora antes de la hora indicada salió. Dejó atrás su casa y los pasos que fue dando. Camino mucho más lentamente que de costumbre, así lo había decidido antes de salir a caminar lentamente y no detenerse, para no detenerse.
En la marcha, lenta, recorría con su mirada todos los lugares donde podía ubicar formas redondas, curvas y ovaladas. Así lo había decidido, porque así lo sentía.
Las vías del ferrocarril, cortaron momentáneamente su ejercicio. Miró a su izquierda y desde la amarillenta y destartalada casilla, apareció una bandera verde. No pudo ver la cara del guardabarrera; los sucios vidrios lo impedían. Muy pocas veces había observado con detenimiento ese lugar, quizás nunca, y menos aún al hombre que trabajaba dentro.
Exactamente a las 15, llamó con el timbre en la puerta de la clínica. Automáticamente se abrió la puerta. Automáticamente entró. Automáticamente apareció la empleada.
Por quién viene —Le preguntó sin ningún protocolo con gesto tangencial.
Doctor Lo Presté— respondió Evaristo, también fríamente.
Ah sí Doctor Lo Presté. Venga, siéntese en este sillón y espere.
La sala era larga y angosta, sin ninguna puerta. En el fondo y frente a él una ventana mostrador. En la mitad del salón hay un escritorio. Hacia él se dirigió y en él se sentó la empleada. Instantáneamente sacó de uno de los cajones un frasco sin tapa y a medio llenar, con un líquido cristalino que podía ser agua, alcohol o veneno o simplemente nada.
Evaristo se quedó mirando el frasco, quizás porque era lo único que se movía con cierta vivacidad allí adentro.
Cuando levantó la vista del frasco para hacerla deambular por otros lugares, vio con gran asombro que en la ventana mostrador había un hombre que lo miraba sonriendo. Instantáneamente se imaginó un cuadro estúpido, creado por algún empleado de la casa, y también sonrió. Pero su asombro fue mayor cuando el hombre, que ahora le parecía de boca grande, se largó a reír fuerte y entrecortado en crescendo, semejando una hiena, sin parar, sin respirar. Su cara, que ahora sí identificó con una boa, comenzó a ponerse roja azules sus orejas.
La sonrisa que al comienzo esbozara Evaristo, se diluyó en una mueca fría y flácida. Y eran tan fuerte el ruido de esa boca descomunal, que el corazón comenzó a latirle con fuerza, sin piedad. El hombre boa seguía riendo como cien hienas, como miles de hienas. Él quedó paralizado en el sillón, con miedo y estupor, sin siquiera mover los párpados.
La boa abría su enorme boca y los sonidos que de ellas salían golpeaban las paredes cien mil veces, millones de veces rebotando como pelotas acústicas. Los decibeles se arremolinaban como tornados en el fondo de la sala, convulsivamente y como catapultados por un poder sobrehumano, se lanzaban contra sus oídos, contra su cuerpo. Lo penetraban como un cuchillo a un pan de manteca, despiadadamente. Entraban por la boca, por los ojos, por los poros, por los oídos, por el ombligo. Vibraba el suelo y el cielorraso navegaba en una borrasca atormentadora. El estómago empezó a dolerle hinchado de sonidos y herido por semitonos y en in boca, angustiosamente abierta palpó el indefinido gusto de fusas y corcheas, mientras sentía con dolor acústico, que dos gruesos árboles entraban y salían por sus oídos, abiertos como valvas.
Pero si bien todo su cuerpo era castigado, noto que lentamente su cerebro se recuperaba del shock inicial. La confusión se iba disipando, lentamente. Solamente percibía sensaciones físicas, sin dolor y sin sufrimientos, Como si fuera frotado por medusas.
Pero no se podía mover. Por alguna razón a su cerebro no se le ocurría ordenar a sus músculos. No se podía mover. Estaba totalmente paralizado. Parecía que su torrente sanguíneo, su fluir, el caminar de su sangre, se había detenido en el tiempo y en el espacio. Sólo su cerebro funcionaba, tenía lucidez. La boca del hombre boa o de la boa hombre, seguía creciendo, aparecía enormemente grande, descomunal; ocupando toda la ventana, moviéndose sin parar. Pero su razón estaba decididamente cercada.
Notó que todavía podía mover los ojos, es decir solamente los globos oculares, y los dirigió hacia el escritorio de la empleada. Esta seguía con su trabajo, como si en ningún momento escuchara algo del infierno de sonidos que provocaba el que estaba en la ventana. Pero más le llamó la atención el franco. En el bullía el líquido que contenía, más aún, navegaban en su interior cuatro corpúsculos de color marfil y nácar. Subían y bajaban alternativamente, pero sin orden. Como en una danza bailada por jabalíes, subían y bajaban, bajaban y subían. No podía quitar los ojos de allí. Subían y bajaban, sin orden sin lógica. Marfil y nácar. Creciendo, lentamente creciendo. No los veía crecer, pero percibía el cambio de volumen. Y su mirada estaba fija como atada al frasco, atada por cadenas invisibles. Los sonidos seguían envolviéndolo como una cáscara, aplastando su razón contra los rincones de su conciencia. Subían y bajaban, marfil y nácar creciendo, lentamente creciendo, moviéndose, danzando en el frasco, subían y nácar, bajaban y marfil; bajaban y marfil, marfil y subían, subían y nácar y creciendo siempre y una sensación de vacío, de que algo lo estaba vaciando, de que le faltaba peso y la danza de los corpúsculos seguía inexorable. Y el vacío, el vacío de su cuerpo. Sentía que lo único que le quedaba eran un poco de razón. Toda una razón y sin cuerpo. Y no podía moverse y no podía mirarse. Las cadenas tiraban de sus ojos al frasco, Razón sólo razón, un puñado de racionalidad y nada más y la visión del espectáculo del frasco, los corpúsculos, que subían y bajaban, creciendo.
¡Señor, Señor!
Cómodo hubiera hecho con la más hermosa naturalidad, se levantó y fue al escritorio, desde donde lo llamaba la empleada.
—Ya está, salió bien. Ud. tiene una sensibilidad enorme. Costó trabajo, pero ya terminó. Estas son sus glándulas-dijo señalando con su mano el frasco donde flotaban los cuatro corpúsculos.
Evaristo quedó extasiado mirando sus glándulas. Ella también estaba abstraída en lo mismo.
Un ruido fuerte del lado de la ventana mostrador los sobresaltó. El hombre de la ventana, el de la cara de bon, había caído bruscamente hacia el lado de afuera.
—Qué le pasó—Preguntó preocupado Evaristo.
—No se preocupe Sr., debe estar agotado.
Una voz, desde el interior de la ventana gritó:
—¡Está muerto! ¡Está muerto ¡Está bien muerto!
La empleada lanzó un gemido y corrió hacia el lugar. Él la siguió; siguió sus pasos, su carrera; se desplazó detrás de ella. Sin prestar más atención a sus glándulas dentro del frasco, la siguió.
Ella se lanzó desesperada sobre el cuerpo del hombre caído y aplastó el oído derecho
sobre la zona cardíaca.
—Está bien muerto sollozó desconsolada.
Evaristo tembloroso y con temor, le tomó un pie al hombre y en voz muy baja corroboró el diagnóstico.
—Sí, está muerto.
—Era mi padre. "hace 25 años que hacía este trabajo" dijo ya de pie y mirando el guiñapo humano, retorcido y duro, desparramado a sus pies.
Lloró por varios minutos. Mientras la voz que había advertido la muerte del hombre, más otras que se le sumaron, entonaban una grotesca, sin solución de continuidad.
Piedras aprovechó para observar al hombre caído y comentó en voz alta.
—Sí, realmente no parece ya una boa. Ahora tiene cara de topo, aunque su boca sigue pareciendo grande. Realmente muy grande para la cara.
El cuerpo totalmente desnudo, mostraba una piel reseca y acartonada, sobre la cual lentamente se iba enroscando una hiedra, a cara maltrecha por años y años de gritar desaforadamente.
—Cállese, era mi padre dijo sollozante. pa. Venga.
Fueron hasta el escritorio. En el fondo se seguía cantando la marcha, ahora mejor entonada, pero siempre sin solución de continuidad.
—Sus glándulas quedan acá, hasta el día 12, es decir dentro de trece días. Tome este comprimido compensador y venga exactamente el día indicado, a las 15 horas, como siempre. Nosotros atendemos siempre a esa hora. —Su voz se cortó y mezcló con un acceso de llanto. Pronto lo dominó.
—No se olvide, puede ser grave. Ya perdí a mi padre, no quisiera perderlo a Ud.
—Ahora baje la cabeza.
Evaristo accedió al pedido y ella lo besó en la frente con cariño.
—Dios lo guarde-dijo suavemente.
Evaristo Piedras, sin glándulas, compungido, angustiado y sintiéndose todavía vacío salió cerrando suavemente la puerta, mientras todavía escuchaba las voces entonando la marcha, cada vez mejor.
Susana, ella, detiene el funcionamiento de la máquina lavaplatos, se da vuelta y con un gesto me señala el reloj que está sobre la pared.
Trago el último bocado y corro a encender el televisor que está en la habitación justo a tiempo, como todos los días desde hace más de un año desde que ella me lo regaló para usarlo delante de la cama.
Para que seamos más felices, dijo.
Es la hora y aparece el título en la pantalla "Turner el Justiciero", que junto a la música de fondo me hacen vibrar.
Y por cierto que soy muy feliz con este aparato. Creo que me salvó del sicoanalista. Una buena inversión. Vaya que nos hizo bien este aparato.
Porque "Turner el Justiciero" está allí delante de mí, moviéndose con soltura, dueño de la situación. Susana pasa delante de él como una sombra. Turner, acodado sobre el mostrador, habla con el barman y le dice "ella me espera en la colina de los garañones". Mi corazón palpita en contrapunto con la respiración.
Susana sigue pasando delante de la pantalla.
Le hago señas para que se quede quieta.
Me mira sonriente y desaparece por la puerta del baño que está al costado del mostrador.
Turner gira la cabeza y mira hacia el baño y luego hacia la entrada del salón. Está de buen humor, sonríe desde el borde de mi cama. Yo también sonrío. El último capítulo siempre es el mejor, el más emocionante. Todo se va a decidir pronto. En realidad, estoy preparado a conciencia para recibirlo en toda su magnitud emocional. Pero Susana, ella no debe distraerme, debe comprender todo esto y quedarse quieta, callada.
¡Qué nervios!
Me introduzco con suavidad en la cama sin apartar la mirada de Turner que se dirige hacia una mesa que está al lado de la cama. Debo concentrarme más y más. Hace una indicación a los que juegan póker en una mesa vecina y éstos lo miran con admiración. Se sienta de costado, y enseguida llegan una botella de licor y una chica que se acomoda sobre sus rodillas. Los detalles - allí está la cuestión - no se me deben escapar.
Debo concentrarme y observarlo todo. Mis miembros se ponen tensos, dispuestos a la acción.
La mesa donde juegan está casi delante de mi cama. Turner, algo hacia un costado. Susana sale del baño y pasa casi desnuda entre ellos. No debo permitir que me distraiga. Turner estira un brazo y atrae otra chica sobre sus rodillas. Yo estiro el mío y atraigo a Susana que entra en la cama con un murmullo y se ubica a mi lado. Turner se ubica a otra chica sobre sus rodillas.
Soberbio, no siente el peso de las mujeres. Pero es evidente que se aburre porque su mente está en otro lugar lejos de allí. Los de la mesa juegan con cara de póker. Él se aburre, mira cansino a las chicas, les guiña un ojo, les sonríe, pero esa sonrisa es melancólica.
Le guiño un ojo a Susana y le sonrío tratando de imitar esa melancolía de Turner.
Todas las mujeres se muestran felices de estar con nosotros. ¡Qué postura! Ellas lo besan. Susana me besa y luego él se levanta, mira a todos los del bar a manera de saludo y sale. Susana me retiene porque estoy saliendo de la cama.
Ya en la calle, el Justiciero se abre el saco y descubre sus revólveres de cachas nacaradas. Susana se ríe y dice que no la destape.
Camina hacia el caballo y éste mueve nervioso las patas al verlo.
Susana mueve sus piernas.
Mis nervios empiezan a erizarse. Desde una puerta, una chica muy rubia y casi adolescente lo saluda rumorosa y alborozada. Susana juega no sé con qué y no para de moverse. Turner le sonríe a la chica y Susana pregunta por qué yo le sonrío a ella. La chica corre y lo abraza, lo besa y lo estruja. Él corresponde con gentileza y la aparta con suavidad. Aparto a Susana que me está besando pero ella se resiste.
¡Que no me distraigan, por favor, van a arruinar todo!
Mis nervios no resisten más.
¡Son tan torpes que no entienden cómo son las cosas! No ven que Él tiene la mente fija en la colina y yo también. Que hacia allí debemos ir porque nos esperan. Que nos están esperando desde hace mucho tiempo. Vamos Turner, no les hagamos caso, subamos al caballo y cabalguemos. Vamos que quiero ver esos músculos tirantes y sudorosos brillando bajo la luna que ya aparece por detrás de la colina.
¡Ah, sentir corcel y jinete como un solo ser, como un centauro restellante!
Arriba, Justiciero. Dé ese salto magistral sobre el caballo amigo. Y Turner salta como un acróbata y cae elástico y etéreo sobre la montura. Salto. Susana ríe y grita que no la aplaste.
Maestro de las praderas, muéstrame una vez más tu arte de jinete inagotable. Cabalga. Cabalgo. Por fin comienza la ansiada cabalgata. Ahora sí, ahora estoy bien.
El corcel y Susana resoplan debajo. Mis músculos están tensos pero libres, plenos. Ya nada nos puede distraer.
¡Vamos hacia la colina, vamos!
Galope largo y tendido hacia el lugar de encuentro.
Maestro, me has enseñado todo lo que sé, has terminado con tus rivales y yo con mis miedos estúpidos. Ahora sí estamos vos y yo solos como queríamos.
Y el seco tronar de los cascos repica acompasado sobre éste mi corazón agitado. Maestro, nos espera un plenilunio, corramos.
Susana ya no se ríe. Siento sus músculos duros y suaves acompañando el movimiento. El saco del Justiciero ondula por el viento. Las sábanas recorren mi cuerpo como si volaran. ¡Que el páramo nocturno nos observe! Los ojos del caballo y los de Susana, casi desorbitados, miran hacia delante hipnotizados. Las paredes del cañón y de la habitación pasan a nuestro lado veloces y allá en el fondo la colina, nuestra colina y la luna alta y luminosa.
Maestro, lo estamos logrando, ya falta poco para alcanzar la cima donde nos espera nuestra amada. La pantalla destella, la habitación destella mientras recorremos el último tramo de camino.
Tanto tiempo, Justiciero, que te sigo a toda partes sin perder un solo detalle, pero ya estamos por alcanzar la cumbre. El corcel y Susana resoplan resplandecientes de sudor heroico. Ya se ve a la amada tendida sobre la hierba húmeda.
Recorremos los últimos tramos como una luz, con el corazón y el cuerpo desenfrenados pero desbordantes de gloria. Y la amada levanta su hermosa cabeza al ver al Justiciero y lo llama. Éste detiene el caballo de golpe y yo hago lo mismo con el mío. Susana resopla y el corcel de Turner también. Entonces se encorva desde lo alto de la montura y besa a su amada agradeciendo la espera y yo la beso a Susana que me agradece todavía agitada y feliz.
En el silencio de la noche se sientan abrazados sobre un tronco caído y contemplando la noche, la luna.
Lo mismo hacemos. Susana, mirando la pantalla plateada del televisor. La amada se duerme entre los brazos del Justiciero, Susana entre los míos. Las depositamos con cuidado al lado nuestro y quedamos mirándonos en silencio. Entonces, en ese instante, casi estalla mi corazón vapuleado.
¡Turner levanta su brazo y me saluda!
¡Hasta la vista!, me dice y allí todo se termina.
Lentamente esa hermosa sensación de felicidad compartida va desapareciendo, empujada por una rara sensación de carencia, de algo de vacío.
Me levanto tratando de no despertar a Susana y apago el televisor. Quedo sentado en la cama y acurrucado empiezo a sentir todo el peso de ese silencio negro.
¡Maldito seas, Turner! Cómo podré dormir si sé que mañana no vas a estar aquí con nosotros, ocupando esta oscura y fría habitación.
Pero el llanto me desborda y ya nada puedo pensar. Lloro en silencio y luego enciendo otra vez el aparato.
No hay nada, nada. Sólo el brillo metálico y luminoso de la pantalla vacía, allá en el fondo de ese subterráneo de sombras amenazantes en cuyas paredes resaltan los retratos macilentos de todos los héroes que se han ido.
Quedo temblando, y miro fijo esa luz que se aleja lenta pero inexorable hasta transformarse en una luna lejana, allá, sobre la colina vacía.
Julio César Azzimonti
Rechiflados de rocío
de espaldas al amanecer
ella viborea atangada
el se obliga tanguistante
mejilla con mejilla
juntos en simismo
ellos tan solos – los últimos –
lustrando el piso de La Enramada
con el terciopelo de sus pasos
bailan sin hablarse
sin memoria ni futuro
bailan troileando el presente
mientras el mundo decide
decide infinitas cosas
una voturé se detiene en la puerta
con dos cosos rajatablas
listos para quebrar
sopesan el momento
mostrando descarados
el pavón de sus fierros
ella corrige con la destreza
de sus largas piernas
las vacilaciones que el alcohol
alienta en su compañero
el tango sigue en su queja
y en el estribillo
las dos getas acerando sus ojos
salen del auto
encarando hacia el salón
el tango trepa hacia su fin
el fuelle se abre inhalando
rozando su panza con el suelo
preparando su descarga
truenan varias veces
los fuegos secos de los chumbos
en el espacio hueco de la culpa
en el terreno del toma y daca
momento de nácar que fue piel
sobre tinta roja que se expande
recortando dos figuras congeladas
sobre el piso de parque
pero el tango
amigos míos
bordara en instantes la telaraña
de su transa con el tiempo y el olvido
luego habrá telón carmesí
luces que se apagan
penumbra
y un chan chan
bordoneando
algún sentido final…
Julio César Azzimonti
·
Patio Plateado por la Luna "Poesía, teatro, música e imágenes"
Presentación del libro-cd "MARIA MORENA", auspiciado y subvencionado por la UNGS. Obra de Julio Azzimonti - canciones de Oscar Peretto.
Pinturas: Pedro Gaeta.
Actuarán: Trio Peretto - D'angelo – Garnica, Fernando Armani, Sonia Abán, Walter Tejeda, Mora Burke, Charly De Hoz, Emiliana Piccini, Carlos Alonso, Maxi Silva, Gastón Guerra. Ensamble de los egresados de las diplomaturas de música de la UNGS. Poetas y otros artistas invitados. Gratis.
Miércoles 30 a las 21hs. Patio Sauce CCUNGS, Roca 850, San Miguel. Ver menos
https://web.facebook.com/photo/?fbid=534545723303446&set=a.448061631951856
Nací un invierno del 43 en una casa que estaba en la orilla de las barrancas del Paraná, en la ciudad de Zárate de la provincia de Buenos Aires. Por lo tanto, una de las primeras cosas que vi en mi vida, fue un río. Cuando yo tenía aproximadamente un año, mis padres se mudaron al barrio de Villa Urquiza de la Capital Federal. Era una casa larga, casi inabarcable, de habitaciones grandes y cuadradas. Era la casa de mis abuelos paternos y de mis cinco tíos y tía, hermanos de mi papá.
De esa época recuerdo, nítido y brutal, el nacimiento de mi hermana, en una cama al lado de la mía. Vi nacer a mi hermana como si alguien inflara delante de mis ojos un globo rojo. Por esa larga y misteriosa casa con sótanos, altillos, galpones, gallineros y gruta llena de gatos en el jardín de entrada, desfilaron en el transcurrir de mi primaria y secundaria, jugadores de pelota a paleta, futbolistas, recitadores, bandoneonistas, violinistas, italianos recién llegados que se quedaban a dormir, el fabricante de muebles Fricent y sus amantes, curas, muchos curas probadores de bebidas y contadores de cuentos, santones y adoradores de Pancho Sierra, de la Madre María, y más santones que pronosticaban fines del mundo y salvaciones milagrosas para con sus seguidores, amigos de Gardel y de Charlo en persona, todas las navidades y todas las navidades el pesebre gigante que mi abuelo hacía en el enorme living de entrada, con cascada de agua, y mi hermana vestida de ángel repartiendo estampitas que traía a granel el cura, todas con la virgen y el niño y benditas, desde el 8 de diciembre al 7 de enero.
Pero luego, en los veranos, en sus noches, en la vereda de la calle Bebedero, hoy Ignacio Rivera, paraban a discutir con mi abuelo y mis tíos, radicales, socialistas, anarquistas, peronistas y también vecinos, mientras corría la cerveza y la limonada y ya eran los años 50. Un día, al lado mío, murió mi abuelo y como si todo hubiera sido un sueño de vorágine de vida sólo quedo papá, mamá, mi hermana, mi abuela y una tía soltera y un silencio que rebotada en las paredes y se enroscaba en el alma.
Había caído Perón, se hablaba en silencio de muertos y fusilamientos y ni el país ni nosotros volveríamos a ser lo que habíamos sido mientras yo habitaba una enorme habitación, con una biblioteca que crecía, tenía 15 años y una novia a la que le escribía poemas copiados del poeta Pedro Salinas, los que yo, solitario, reivindicaba frente a las hordas nerudianas, eso sí, con un diccionario de sinónimos cambiaba todas las palabras que podía. Después empecé a sentir vergüenza de esa práctica y entonces nací como escritor.
Esa niñez poética y de ficción fue la matriz. Recién entraba en la juventud, de la cual, pienso, nunca saldré.
Julio César Azzimonti
15/7/1943 - 8/8/1924
Para leer más textos de Azzimonti se puede visitar su
blog: http://azzimontiomeropoesia.blogspot.com.ar/
Nada más parecido a Dios que el Tiempo
Ellos dan y quitan vida
Ellos dan y quitan mundos
Ellos son el todo
y la nada
Dios mío
cuánto tiempo
para creer
Dios mío
cuánto tiempo
para pensar
Dios mío
cuánto tiempo
para ser
Dios mío
cuánto tiempo
para negarte
Julio César Azzimonti
BIOGRAFÍA BREVE de Julio C. Azzimonti
15/7/1943 - 8/8/2024
Julio César Azzimonti nació en Zárate Provincia de Bs.As. en 1943. Vivió hasta los 27 años en Villa
Urquiza ( Capital Federal de la Argentina ). En la actualidad reside en Los Polvorines, Pdo. De Malvinas Argentinas. Estudió Psicología y luego autodidacta.
Desde hace 25 años enseña en talleres talla y escultura en madera. Es docente e instructor de formación profesional.
Coordinó talleres literarios y encuentros de escritores en la Municipalidad del es Partido de Gral. Sarmiento.
Dirigió y editó varias revistas culturales y literarias: El Arcón, La banana magnética, El Hiperpótamo, Precisiones, etc.
Colaboró y publicó en La Prensa, La gaceta de Tucumán, Clarín, La Hoja, etc..
En el año 1989, fundó y fue presidente de la Asociación de Escritores y Lectores de Gral Sarmiento.
Cofundó el Círculo 21 de Ediciones que editó 32 libros.
Publicó como autor: Mi Lugar (1978), Acerito, novela, Editorial Plus Ultra, 1988, Premio Nacional de Literatura; Lo que vendrá, nouvelle, 1995; Literatura Activa y Procesos Comunicacionales, antología de cuentos de autores argentinos, La Cancion de Maria Morena, poesía y cd con musicalización de poemas realizado por Oscar Peretto.
También editó y publicó plaquetas, opúsculos y ensayos.
Obtuvo premios y menciones: 1er. Premio Concurso Nacional de Cuentos “Roberto J. Payró”, Año 1978. Segundo Premio y Mención Especial por la novela A Juego y Vida otorgado por la Fundación ARCIEN de Rosario, Primer Premio en el Certamen Internacional de Cuento “Eduardo Mallea”, organizado por la Fundación CARBIDE. Mención Especial en los Premios Nacionales de Literatura , periodo 1985 /1988 , otorgado en el año 1992.
Coordinó Talleres literarios y actividades literarias en el Centro Cultural de la Universidad de General Sarmiento.
...no voy a embestir el cuerpo exhausto
hasta apropiarme
de la piel y los músculos de Franz
en una venganza inútil
por haberme confinado
a esta condición inexplicable
sólo quiero mirarlo a los ojos
y que me vea fuera de la página
no pretendo el torreón pétreo
de su cabeza
ni el vapor ácido que exhala
su alma dolorosa y bella
de burócrata despiadado
de la conciencia profunda
(él que peleo y derrotó
a la máscara insondable del mundo)
¿ no han visto resplandecer
esa ensimisma cabeza
estacionada en el cenit del siglo XX?
¿ no han visto cómo se fue apropiando
de los detritus fragmentados
de una modernidad caótica
enceguecida y sorda
por las cruces encendidas de dos guerras
y apilarlos piedra sobre piedra
sangrando sus signos y sus manos
hasta levantar sus muros de palabras?
¿y acaso esos muros
no son su piel impura de dolores
sus músculos de humo
sus huesos como cuchillos
y su índice como espada?
sólo de algo estoy seguro:
detestaba la cuadrícula de las ciudades
esos laberintos de la razón pura
sin juegos ni honores
donde los repliegues de los expedientes
se pierden
en las madrigueras inexpugnables
del fascismo de la ley
de algo estoy seguro
Franz abominaba
la redondez de la tierra
su esférica condición cerrada
creo que era demasiado
para el y su siglo de pólvora
sólo deseo mirarlo a los ojos
y que me vea frente a frente
fuera de la página para constatar
que somos un mismo animal
Julio C. Azzimonti
Otoño de 2014
…cuando el aire frío de la mañana hiere la piel, el Tano Benedetto se va para la quinta pala al hombro. Colgada del cinturón las bolsas de semillas. Al naciente la luz se abre paso.
Laura desde la puerta del rancho, observa como se aleja y aprieta nerviosa sus manos hasta sentirlas doloridas. Con insomnio y premoniciones se le descargó la noche anterior. Pero nada le contó. Se limitó a cebarle cimarrones tempraneros, mirándolo cada tanto de reojo…
,…y cuando el sol comienza a espantar el frescor, Ceferino Nuñez talonea al tobiano que avanza al tranco. Algo ladeado, a lo compadre, cabalga como vigilando el paso cansino del flete o quizás el sendero que bordea el sembradío. Baja el ala del chambergo para evitar tanta luz sesgada sobre los ojos y enfila hacia el viejo algarrobo. Se apea. Busca con la mirada el pozo de agua que conoce desde que aprendió a caminar sobre esta tierra que supo ser suya como la mujer que cohabita allá a lo lejos en ese rancho que también fue suyo. Y hacia allí rumbea con la memoria agitada por los recuerdos. Su mirada achinada se endurece. Cada tanto acaricia el pavón de la escopeta.
… ya está de rodillas el Tano Benedetto, perforando con la pala la tierra húmeda y vaporosa, introduciendo semillas tibias en los orificios y volviéndolos a cerrar uno a uno,…como confirmando su pertenencia.
… Ceferino Nuñez se hinca en el borde del pozo y baja el jarro para recoger agua. Es cuando ve su rostro reflejado en el espejo cristalino y un temblor recorre su cuerpo: una máscara dura y brillante lo mira.
… El Tano coloca otra semilla y la cubre. De pronto mira hacia su rancho que está más allá de las encinas. Fuerte el sol le da en los ojos y los entrecierra: el rancho es una mancha parda que flota desdibujada a lo lejos. Recuerda el transatlántico que lo trajo a estas tierras y la espera dolorosa en el muelle hasta verlo perderse en el horizonte para siempre,…son pájaros los que caen sobre la tierra para revolver con patas y picos el sembradío. Pero él con movimientos ampulosos del brazo los espanta,…Y hay un pájaro, oscuro y silencioso que vuela alto describiendo círculos. Y cada tanto, la sombra del pájaro como un punto, se cruza con la del hombre como una línea.
…Nuñez introduce con violencia el jarro en el agua y no logra, y no logra romper del todo la imagen deforme de su cara que flota entre las ondas. Pero qué graznido es ese que viene de lo alto quebrando su ensimismo unos segundos, suficientes para otear al pájaro que vuela en círculos. Torna a mirarse en el agua: como al mediodía, cuando el sol halla entibiado el aire, me llegaré hasta el borde de las encinas. Recorreré con la vista el lugar y lo veré sembrando arrodillado entre los surcos arados. Con ese empeño, sembrando, sembrando, se fue quedando con todo lo mío. Empezaré a caminar hacia él, pero mucho antes de llegar a su encuentro me habrá visto, aunque simulará que no es así.
-¡Que sorpresa don Nuñez!, ¿qué lo trae por aquí? – dirá.
-¡Lo busco a usted, Benedetto¡ - diré. Y en su rostro ensolado y áspero no mostrará ninguna extrañeza, sólo un ligero destello nervioso,…con el jarro vacío en la mano continua observándose en el espejo del pozo que relumbra alcanzado por el sol,…y la imagen del Tano desplaza a la suya, y con un golpe de jarro la parte en mil pedazos, y su cara vuelve a ocupar el lugar ondulante.
…entierra la última semilla de la última bolsa, la cubre y allá se queda inmóvil, esperando, esperando llegue hasta él la figura que sabe se acerca, y girando su cabeza al poniente mira hacia su rancho: se recorta ahora nítido sobre el cielo luminoso. No flota, está fijo al suelo,…sabe que ella cada tanto mira hacia donde él está. Ella siempre sabe. Hace un tiempo que casi no duerme de noche.
-¡Que sorpresa don Nuñez!, ¿Qué lo trae por aquí? – diré.
-¡Lo busco a usted, Benedetto! – dirá,…y no mostraré ninguna extrañeza, y no podré evitar un destello nervioso, y de un golpe clavaré la pala en la tierra, y lo encararé mirándolo a los ojos.
…Ceferino Nuñez contempla inmóvil la imagen que le devuelve el agua del pozo. Sopesa: clavará la pala en la tierra, me encarará mirándome a los a los ojos y en ese cielo pampa, sin una sola nube, retumbará el estampido desfogando mi bronca. Después vendrá ese silencio parejero que cargo sin resuello,…veré como se arrodilla, o mejor como hinca sus rodillas y cae de boca sobre la tierra removida. Luego caminaré hacia este pozo, me subiré al tobiano, me iré al tranco y ya no será de mi voluntad volver a mirar hacia el que supo ser mi rancho.
…clavo la pala en el suelo, lo encaro mirando sus ojos: y es una máscara dura y brillante que ondula como si fuera de agua y siento esa llamarada en el pecho y ese trueno en la mañana despejada, hinco mis rodillas en la tierra y miro hacia el rancho que se va perdiendo en el mar como el trasatlántico que me dejó en estas tierras.
…Está inmóvil Ceferino Nuñez junto al pozo de agua que conoce desde que comenzó a caminar. Las riendas del tobiano en una mano y la escopeta en la otra cuando un graznido, o el grito de una mujer, quién sabe, lo estremece. Y cuando vuelve a pesar el silencio, arroja el arma sobre ese rostro líquido que se refleja en el espejo de agua…
-¡Déjelo allí
no lo toque
puede contagiarse!
¡Déjelo
y váyase sin mirar atrás!
-Pero,…parece que respira
-Puede ser
qué importa
no se da cuenta
que no está muerto
que es algo peor
tiene
encima adentro
la peor de las desdichas
y nadie
puede hacer nada por él:
-¡Déjelo…no lo toque!
¡No se da cuenta que dejó de soñar!
Julio C.Azzimonti
Otoño de 2013
LA CANCIÓN DE MARÍA MORENA JULIO CÉSAR AZZIMONTI Libro descarga gratis:
https://drive.google.com/file/d/11CKPjCFdDMm0Zgj6wQ5D7eXRhD57IUNY/view
EL LUGAR HUMANO
cuando las luces dirigidas al ensueño
se aferran al escenario
y las sombras se esfuman sobre el resto humano
cuando luces sombras y ensueño
bordonean la ansiedad y la memoria
algo está por ocurrir
en la oscuridad expectante de los ojos
sólo ellos se inyectan de luces
abriendo con desmesura sus pupilas de oro
algo está por ocurrir
la palabra dulce o despiadada
no deberá aparecer todavía
no deberá aparecer ni el gesto
ni el movimiento
sólo el fotograma espléndido
de la escena abusando de su fuerza
paredes floradas desplegando
simulacros
permanecerán erguidas
hasta un final lejano
sobre las tablas en este lugar
sin límites
los personajes salidos del papel
se miran congelados
esperando nuestra orden del alma
voy recorriendo sus perfiles
endurecidos
tocándolos con las yemas de mis ojos
temblando de presagios
¿qué va a ocurrir?
estos actores con panzas y oquedades
se mueren todas las noches
para renacer
estos actores hinchados de emociones
buscarán cuando se muevan y remuevan
empujarnos hacia adentro de la caverna
¿qué va a ocurrir?
pronto se juntarán en escena
ebrios de deseos
colocando máscara sobre máscara
hasta engañar nuestros sentidos inflamados
cuando se muevan en este lugar
sin límites
brotarán cuervos y magnolias de sus rostros
para emerger en onirias
y retratos interiores sepultados
cuando hablen con silbos y guturas
desgarradas
estallarán las censuras violáceas
y el antiguo sueño del hombre
dejará de ser una sombra
en las paredes de la caverna
la vieja conciencia con su guardián de granito
abrirá sus alas de buitre utilero
y se lanzará a comernos el hígado y los plexos
¿qué va a ocurrir?
cuando tornes al movimiento y al gesto
en esta caverna crepuscular
aparecerá el cruel fantasma de Esquilo
con su bolsa de símbolos y escarnio
acelerando el aire y las cabezas
alguien
quizás alguno de ellos
se sentará a una mesa traída del misterio
cargando de alcoholes el silencio
y comenzará el hartazgo sensorial
hay una música enredada en las cosas
cuando tantas cosas
se yerguen formando deslices claroscuros
y barreras de luz
¿qué va a ocurrir?
alguien alguno de ellos todos a la vez
desencadenarán un tortuoso drama sin final
sin embargo todos morirán
ahogados en palabras de almacén
serán incestuosos parricidas?
¿o brujos malolientes y fugaces
bajo su mascarada de capas y polvos?
hay un divino río torrencial
empujándonos hacia ellos
aún antes del gesto
o la palabra timbrada
hay un furioso torrente de caballos
recorriendo este agujero de carne pulsátil
hay un estremecimiento
del pecho endurecido empujándonos
hacia esa flor carnívora
untuosa y fija en el ojo estupefacto
¿qué va a ocurrir en este escenario
de sueños perpetuos?
estos actores morirán para renacernos
para agitar el demonio energético
de la tragedia y el drama
del amor o el odio eterno
van a remover capas y capas
de dolores brutales
y alegrías destellantes
hasta llegar al sólo dolor
a la solitaria alegría
al paraíso perdido en la chatarra
al núcleo en llamas
de la vida y la sustancia
cuando tornen al movimiento y al gesto
a la palabra y al signo
en esta vieja comuna teatral
actuantes y actuados
con sus rostros de polvos y carmines
estallarán como reyes
en ruedos de caricias y golpes
en rituales y juegos
en gemidos y libertades
en laberintos y adulterios
en frutos carnales
y en una ternura piadosa
destruyendo
el cristal del pensamiento
y las voces de mando
de la razón armada
cuando las luces
dirigidas al ensueño
se aferren al escenario
en esta comuna teatral
en este lugar sin límites
algo
quizás un espasmo de la vida
tendrá que ocurrir.
Julio César Azzimonti
Vasto lago de sangre me rodea
Y ya me da lo mismo
Volver atrás que seguir avante
MACBETH
El escenario:…
El conde magnífico vestido de negro leviatán
come tortilla rumana de papas brotadas
come aceitunas negras con hongos de la cripta
come morcilla de venado con membrillo bebiendo su elixir:
vino con sangre de mancebos guaraníes
en la pared escarlata un corazón real palpita
marcando las horas con sus latidos
las horas de los siglos
los pliegues de los milenios
hasta la contracción de la materia
en espléndida energía
en tanto trata de explicarle algo
a su nueva conquista encendida
preparando orfebre exquisito
su tránsito a la inmortalidad
velas por doquier y un fuerte olor
a sebo y humedad en el alma del castillo
afuera brotando de los muros
sibilantes las gárgolas de cristas y leyendas
cuidan a su amo de la maligna curiosidad
de las civilizaciones mortales
Los personajes:…
dice: lo mío señora es alma por alma
garganta a garganta
colmillo a colmillo
ni lunas metálicas escenográficas
ni triller filosófico
ni lavado de sangre aria
ni escarnio religioso en misas
de carne y sangre
es mi señora un rito carnal
donde transfiero mi eternidad
en un acto de atracción feroz
guiado por el perfume de los glóbulos
que encienden llameantes mi paladar
es un grito de vida de mi especie
mi señora
si yo no existiera no habría mortales
y sin ellos este que está a tu lado
sería una abstracción
somos dos especies opuestas y necesarias
que deben continuar juntas
y vos mi señora amadísima elegida
sos una flor carnívora mortal
que atrae mis colmillos de seda y puñales
hacia ese cuello de carrara y vino tinto sagrado
eso si mi señora dispuesta a recorrer las eras
en este acto de amor
lejos de las crueles estacas civilizatorias
y las plebeyas cadenas de ajos
sólo vos y yo en el cofre
donde la noche es luz eterna
sólo vos y yo exquisitos
floreciendo en el rojo mar de todos los tiempos
Un conde
No puede dejar de ser
bizarro
En un momento quizás único…una imagen furiosa…destellante…se impone
irrumpiendo en nuestra memoria fijándose firme
por fuera de la razón cristalizada
Los ojos brillan sorprendiéndose…
Bella y desconocida intuición
que habita la intemperie
de las asociaciones libres
caleidoscopio caótico funcionando
en la conciencia profunda inextricable
imagen ocupando todo el espacio
de nuestro espíritu
moviendo la mano y el lápiz
obligándonos a plantarla antes que se fugue…
en la soledad del espacio planimétrico...
ha nacido un nuevo ser:
el boceto
Julio C. Azzimonti
Independencia y libertad creadora o dependencia CULTURA POPULAR O CULTURA POPULISTA
Agencia La Oreja Que Piensa. Argentina. Por Julio Azzimonti
Poseer la lengua y la palabra es tener la llave maestra de la cultura. Y en este punto, debemos profundizar la visión y hacer una diferenciación que es sustancial entre “cultura popular” y “cultura populista”.
Este es uno de los núcleos sustanciales del problema de la cultura actual y la acción del poder sobre y dentro de ella. La construcción de un país, es la construcción de su cultura. Y la destrucción de este, es la destrucción o apropiación y vaciado de la conciencia de esa cultura.
Consideramos que la cultura populista es y genera dependencia, en tanto que la cultura popular es y genera independencia y libertad creadora.
Una persona o grupo elabora algo y otros lo reciben, lo consideran, lo valoran: esto es una acción, un acto. Todo lo que se elabora, abstracto o concreto, siempre está dirigido a alguien, a otros que lo reciben, que lo interpretan a través de sus ideas, de sus valores, de sus vivencias, pero siempre “algo sucede”. Puede incorporarlo a su conocimiento o puede rechazarlo, puede usarlo o puede descartarlo, pero siempre algo sucede. Nadie hace algo que en algún momento o en algún lugar no afecte a otros y a uno mismo.
A la cultura la constituyen actos, acciones que se dirigen, voluntarias o involuntarias, a otros que son espectadores. Estos participan en forma activa o pasiva del acto. Es la característica fundamental del acto o acción cultural. El receptor (el público, el espectador) puede ser activo o pasivo, sujeto u objeto de la cultura.
Cuando en una comunidad las personas se comportan como sujetos activos, capaces de recibir, transformar, resignificar, reasignar, creando así otro acto cultural más amplio, estamos ante una cultura genuina y popular. Pero cuando las personas se comportan como seres pasivos, solamente receptoras, como recipientes vacíos que se los llena, incapaces de recibir y transformar, estamos antes personas o comunidades de características populistas.
La cultura de los pueblos debe ser un proceso activo, vivencial, manifestado por unos y revivido por otros, una conciencia que entrega sus contenidos cargados de valores estéticos y éticos a otras conciencias que en libertad los reciben, los incorporan reelaborándolos, o los rechazan.
La cultura popular es creadora y recreadora, valora sus tradiciones y sus vanguardias. Participa en sus tensiones, toma partido, discute y critica.
La cultura populista recibe y repite en forma mecánica y allí se agota. No emerge del acto nada nuevo, nada modificante o conmovedor, sólo iconografías y golpes bajos emocionales, quedando pasiva y vacía, insatisfecha y necesitando con compulsión más consumo, sin solución de continuidad. Aquí las personas son incapaces del esfuerzo de, no ya de crear, sino de recrear o de actuar de manera crítica.
Lo que es asumido de esta manera, lleva a la irrupción de valores artificiales y extraños que desplazan o descolocan a los propios, los fragmentan descomponiendo su unidad de sentido, los mezcla en categorías y prioridades distintas, hasta producir su reemplazo, destruyendo las bases de la capacidad activa y creadora.
En la cultura populista, los seres, las comunidades son inertes espectadores de la cultura que le es dada, provista, introducida, a través del sistema de consumo que dicta el mercado.
En la cultura popular, las personas, los pueblos, son actores, protagonistas malos, regulares o buenos de su cultura y de la inserción de esta en el mundo, desarrollando una conciencia real de su propio ser, se sus potencias y sus debilidades y un sistema de valores acorde con sus necesidades, basado en el esfuerzo personal y comunitario, que les permite elegir con libertad lo que les conviene tomar o rechazar de otras culturas para hacer crecer a la propia.
La cultura popular elabora su propio alimento espiritual, potencia su lenguaje y hace uso pleno de la palabra que oxigena y amplifica su comunicación y su conocimiento. Crea sus propias imágenes, su imaginería, sus metáforas, reconociendo la vitalidad de los claroscuros y su formidable fuente de energía artística.
“Todo el universo visible, no es más que un formidable almacén de imágenes y de signos. La tarea del poeta, del artista, consiste en percibir analogías, correspondencias que adopten el aspecto literario de la metáfora”. (C. Baudelaire)
La conciencia de un pueblo es su cultura trabajado y trabajando en una lengua propia.
Una cultura crítica donde la tradición sacralice, pero no congele, donde se persiga la preservación de símbolos, íconos y valores estéticos y éticos que no clausuren, sino que permitan su histórica renovación, su refresco cultural. Una tradición de actitud crítica y vital, que sea capaz de asegurar y conservar la capacidad metaforizadora y utópica de su pueblo, sus visiones y su imaginería.
Miramos y comprendemos al mundo desde nuestras imágenes, desde nuestras metáforas, desde nuestra lengua que no ni más ni menos que el vientre de la cultura.
(*)Periodista, escultor, poeta.