“Nos abrazamos con la palabra nos protegimos con la poética del humor y la complicidad de la visión Por favor qué más…” De In memoriam A Humberto Rivas J.C.Azzimonti
“En cada persona, en cada grupo, hay un símbolo, un signo, un código estético. Más allá de las éticas implícitas y de sus mutuos significados nadie puede fagocitarse a la forma y sus contenidos nadie puede introducirla en sí misma y definitivamente sumirla tarde a temprano esta aparecerá de alguna manera "

El peine de carey

No tenía alternativa: esperaría a que se levantara para ir al toilette y cuando volviera, él velozmente iría a instalarse a su mesa. Por fin ella se levantó muy elegante en sus movimientos y se perdió entre las mesas del bar. Había llegado el momento de juntar valor y prepararse para el traslado hacia la mesa de ella. Pero, como un terco diapasón sus rodillas comenzaron a vibrar. ¿Qué le diría? ¿Cómo empezar? Esa era la cuestión. Para darse ánimo pensó en las otras veces que había estado en la misma situación. En la misma situación había estado siempre. Por la misma situación había nacido. Luego se enfureció con la misma furia de siempre y alejo con un golpe de conciencia esos mismos recuerdos. Siempre le había ido mal. 

Hacían tres semanas que buscaba la manera de hablar con ella. Ya había pasado mucho tiempo y había llegado el momento de actuar. Se levantó tratando de disimular el golpeteo de las rodillas entre si y cuando por fin pudo dar el primer paso hacia la mesa de ella, apareció lucida la idea salvadora y luego esa sensación de poseer todo el poder del mundo. 

Manoteó la puerta, entró y de pronto tomó conciencia plena que estaba dentro del baño de mujeres y que ella, bellísima, lo miraba estupefacta de asombro.

Dijo casi gritando lo único que se le ocurrió: 

¡Buenas tardes! 

Ella todavía en su asombro balbuceo: 

¡Ud. está loco! ¡Se equivocó! Este es el baño de damas... ¡La espero en su mesa! Gritó otra vez fuerte y seguro para luego desaparecer con la misma velocidad con que habla entrado. 

Pero no fue a la mesa de ella, desbordante de euforia se dirigió a su casa se bañó hasta quedar agotado. 

Al día siguiente volvió al bar y la vio sentada en la misma mesa. No se detuvo, siguió y se introdujo por la puerta que decía "Caballeros". 

Allí estaba peinándose cuando sintió que se abría la puerta y al mirar: vio. 

— ¡Buenas tardes! dijo ella casi gritando. 

Él, sonriendo, limpió con el pañuelo el pequeño peine de carey y se lo alcanzó. 

—Tome, úselo, le dijo. Agregando excelente baño este, fresco, pulcro y con buenos artefactos, pero si Ud. no tiene un programa mejor la invito al del Restaurante “ Bathnight" que estoy seguro le agradará.