...no voy a embestir el cuerpo exhausto
hasta apropiarme
de la piel y los músculos de Franz
en una venganza inútil
por haberme confinado
a esta condición inexplicable
sólo quiero mirarlo a los ojos
y que me vea fuera de la página
no pretendo el torreón pétreo
de su cabeza
ni el vapor ácido que exhala
su alma dolorosa y bella
de burócrata despiadado
de la conciencia profunda
(él que peleo y derrotó
a la máscara insondable del mundo)
¿ no han visto resplandecer
esa ensimisma cabeza
estacionada en el cenit del siglo XX?
¿ no han visto cómo se fue apropiando
de los detritus fragmentados
de una modernidad caótica
enceguecida y sorda
por las cruces encendidas de dos guerras
y apilarlos piedra sobre piedra
sangrando sus signos y sus manos
hasta levantar sus muros de palabras?
¿y acaso esos muros
no son su piel impura de dolores
sus músculos de humo
sus huesos como cuchillos
y su índice como espada?
sólo de algo estoy seguro:
detestaba la cuadrícula de las ciudades
esos laberintos de la razón pura
sin juegos ni honores
donde los repliegues de los expedientes
se pierden
en las madrigueras inexpugnables
del fascismo de la ley
de algo estoy seguro
Franz abominaba
la redondez de la tierra
su esférica condición cerrada
creo que era demasiado
para el y su siglo de pólvora
sólo deseo mirarlo a los ojos
y que me vea frente a frente
fuera de la página para constatar
que somos un mismo animal
Julio C. Azzimonti
Otoño de 2014