*El hombre es a la tierra
como la célula es al cuerpo"
*Pero el hombre es la corteza
cerebral de la tierra con
lo mejor y lo peor de esto.
Julio César Azzimonti
*El hombre es a la tierra
como la célula es al cuerpo"
*Pero el hombre es la corteza
cerebral de la tierra con
lo mejor y lo peor de esto.
Julio César Azzimonti
..., en algún lugar, ni antes ni después, un japonés emprendedor salió a recorrer el mundo y la historia tratando de promocionar un producto de su invención: el sushi. Como odiaba al emperador por sus malos tratos y burlas, decidió burlar al dignísimo y largarse a recorrer el mundo promocionando y vendiendo el producto.
Apuntó alto y se fue al Olimpo. Oteó el panorama y se mandó a la puerta más grande. No llamó. Entró sonriendo, con esa sonrisa que sólo los de japanga sabían hacer. Se encontró con el mismísimo Zeus en pelotas y bebiendo néctar ilota. Los hedores del ambiente contrastaron violentamente con los que exalaba el morral del intruso . Zeus confuso y aturdido pero curioso lo recibió intentando una sonrisa semejante a la del viajero. Primereó el japanguita con ímpetu juvenil y se reverenció con picardía. Luego señalando su morral ofreció sin titubeos. Habló en olímpico, habló y habló ante el asombro del dios que empezó a prestarle atención. Se movió bien el cuñataí y el parlamento fructificó: el deu pidió probar. Cortó un trozo con su piccola katana y ofreció. Ancioso y glotón tragó el bocado sin miramientos. Reaccionó fiero, a medida que tragaba comenzó a gritar ¡ fí ¡,…¡ fis ¡,…¡ Fissshhh ¡…
Julio César Azzimonti
No tenía alternativa: esperaría a que se levantara para ir al toilette y cuando volviera, él velozmente iría a instalarse a su mesa. Por fin ella se levantó muy elegante en sus movimientos y se perdió entre las mesas del bar. Había llegado el momento de juntar valor y prepararse para el traslado hacia la mesa de ella. Pero, como un terco diapasón sus rodillas comenzaron a vibrar. ¿Qué le diría? ¿Cómo empezar? Esa era la cuestión. Para darse ánimo pensó en las otras veces que había estado en la misma situación. En la misma situación había estado siempre. Por la misma situación había nacido. Luego se enfureció con la misma furia de siempre y alejo con un golpe de conciencia esos mismos recuerdos. Siempre le había ido mal.
Hacían tres semanas que buscaba la manera de hablar con ella. Ya había pasado mucho tiempo y había llegado el momento de actuar. Se levantó tratando de disimular el golpeteo de las rodillas entre si y cuando por fin pudo dar el primer paso hacia la mesa de ella, apareció lucida la idea salvadora y luego esa sensación de poseer todo el poder del mundo.
Manoteó la puerta, entró y de pronto tomó conciencia plena que estaba dentro del baño de mujeres y que ella, bellísima, lo miraba estupefacta de asombro.
Dijo casi gritando lo único que se le ocurrió:
¡Buenas tardes!
Ella todavía en su asombro balbuceo:
¡Ud. está loco! ¡Se equivocó! Este es el baño de damas... ¡La espero en su mesa! Gritó otra vez fuerte y seguro para luego desaparecer con la misma velocidad con que habla entrado.
Pero no fue a la mesa de ella, desbordante de euforia se dirigió a su casa se bañó hasta quedar agotado.
Al día siguiente volvió al bar y la vio sentada en la misma mesa. No se detuvo, siguió y se introdujo por la puerta que decía "Caballeros".
Allí estaba peinándose cuando sintió que se abría la puerta y al mirar: vio.
— ¡Buenas tardes! dijo ella casi gritando.
Él, sonriendo, limpió con el pañuelo el pequeño peine de carey y se lo alcanzó.
—Tome, úselo, le dijo. Agregando excelente baño este, fresco, pulcro y con buenos artefactos, pero si Ud. no tiene un programa mejor la invito al del Restaurante “ Bathnight" que estoy seguro le agradará.
Uno de los médicos, con manos temblorosas, depositó suavemente el pequeño cuerpo del recién nacido sobre la mesa. Eran las 12 del día y había nacido el hijo del Director General de la Fábrica de Automóviles. El sonido de las sirenas de las fábricas lo estaba anunciando.
Dentro de la sala de partos los cuatro médicos observaron con nerviosidad cómo el pequeño cuerpo comenzaba a azularse rápidamente. Se miraron entre sí y sin moverse. Un inesperado y profundo miedo los había paralizado. El miedo que llegaba con el sonido de las sirenas de la fábrica. El sonido que venía de allá, el temblor, la transpiración, la carencia total de ideas.
De pronto, el médico más joven, el que se había integrado a último momento al equipo, se dio una palmada en la frente y salió corriendo de la sala. Los demás no movieron un solo músculo. El terror había caído sobre ellos, mientras el niño se transformaba en una mancha violácea y resplandeciente. La posibilidad de la muerte había encadenado sus pensamientos.
El ruido de la puerta al abrirse violentamente, hizo que los tres al mismo tiempo giraran sus endurecidas cabezas. El que había salido entró llevando en sus manos un frasco en cuyo interior se agitaba un líquido de color amarillento. Manipuleando un gotero extrajo parte del líquido. Introdujo la punta en la boca del recién nacido y apretó la perilla. Dos, tres, cuatro, cinco veces repitió la operación ante la mirada cristalizada de los otros.
Los minutos pasaron mientras las sirenas seguían lanzando sonidos aullantes.
Lentamente los pequeños labios comenzaron a moverse: primero temblorosamente, luego en actitud de succión.
Los médicos que habían percibido percibido el desastre de su futuro profesional y otras calamidades, se miraron y comenzaron a sonreír. Luego se abrazaron y besaron, y palmotearon al joven que no conocían, pero al que ya mucho debían.
El bebé había parado sus dos bracitos en forma casi vertical, apuntando al cielo. Los médicos, olvidados por la confusión y su alegría interior, miraron al recién nacido y por primera vez se dieron cuenta de que éste no había llorado, aunque el color azulado había desaparecido de su cuerpecito.
Se arrojaron sobre él desesperados y nuevamente nerviosos. Después de hacerle todo tipo de pruebas totalmente sin resultados y otra vez con sus caras descompuestas de miedo, los tres médicos miraron suplicantes al más joven.
Era la primera vez que lo veían allí, en el hospital, pero este detalle no les importó mucho: lo habían enviado de la planta fabril con nota expresa de la Dirección General y eso era suficiente.
El joven se quitó el guardapolvos con agilidad y se dirigió hacia el bebé. Tomó uno de los bracitos, el derecho y con movimiento rápido y seguro llevó el miembro de la posición vertical en que se encontraba, a la posición horizontal del cuerpecito. Una y otra vez, bajó y levantó el bracito, intercalando esta operación con introducción de gotas del líquido amarillento.
El niño, ahora totalmente rojo y vital, comenzó a emitir pequeños sonidos. Luego sí, brotaron con fuerza y firmeza hasta hacerse cadenciosos y rítmicos.
El que operaba sobre el niño miró a los tres médicos y les sonrió. Estos nuevamente se abrazaron y palmotearon, agregando el baile a su explosiva alegría.
Pero fue en pleno festejo que los sorprendió la verdadera característica del llanto del niño. El primero que se dio cuenta de este fenómeno, con grandes ademanes se lo comunicó a los otros. Estos, deteniendo sus bailoteos, miraron con ojos enormes e incrédulos al que había salvado al bebé.
—El sonido es perfecto y cadencioso, expresa un funcionamiento de la más alta calidad, como era de esperar—dijo sonriendo y mirando al niño.
Pero uno de los tres médicos, señalando con el dedo a la criatura gritó:
—¡Es un monstruo, un monstruo..., no puede ser humano ¡Dios mío, que no se muera..., por favor!
—¡Qué está diciendo, doctor! ¡Es el hijo del Director General y es magnífico—dijo el más viejo de los tres, además es un interesantísimo caso.
—Es cierto, es cierto —asintieron los demás repentinamente convencidos.
—Es un magnífico y extraño bebé. Puede estar su padre contento. Seremos sus médicos de cabecera. ¡Aplaudamos este nacimiento!
Pero los sonidos que emitía el recién nacido taparon con su fuerza creciente las exclamaciones entusiastas de los médicos.
El joven que había salvado al bebé, lo levantó con delicadeza entre sus brazos y salió de la sala de partos.
Los restantes vieron y escucharon cómo se alejaba el niño, emitiendo el ruido exacto y típico de un automóvil de carrera de la más fina construcción.
El hombre y el niño se alejaron. La camisa del que lo llevaba, tenía en su espalda la inscripción: "Técnico Mecánico Especialista en Carburación Fábrica de Automóviles".
Dos enfermeras, que se cruzaron con el que transportaba al hijo del Director General, se miraron sonrientes ante los rum-rum que lanzaba el bebé. Luego se pusieron lívidos sus rostros y cayeron desmayadas.
En la sala de parto el médico que parecía el jefe de los tres ordenó a los otros dos: —Guarden ese frasco de nafta. El olor está por hacerme vomitar!
El que llevaba al niño salió del edificio y se dirigió hacia un hermoso coche celeste, especialmente decorado. Colocó el pequeño cuerpo frente al volante en una cuna que allí había, encendió el calefactor y fijando los controles en el punto: "Directamente
Julio César Azzimonti
“La velocidad fulminante del momento
la levedad infinitesimal del pasaje del momento
a la historia sólo es registrado por nuestra intuición
cuando se transforma en imagen palabra
El momento es el átomo del tiempo
La percepción se contrae
se transforma en línea para captarlo
y se expande para registrarlo
es el momento de la imagen
es el momento del poema”
Julio C. Azzimonti
POÉTICA DE UNA FILOSOFÍA HUMANA libro:
https://drive.google.com/file/d/1iXj-2B8JUqwVR7AKIiJTrcguslrINVEF/view?usp=sharing
Selección de poemas de la Obra de
Julio César Azzimonti
“Nos abrazamos con la palabra
nos protegimos con la poética del humor
y la complicidad de la visión
Por favor
qué más…”
De in memoriam
J.C. A
SERPIENTES ACUÁTICAS EN VIENA
a Gustav Klimt
Klimt besa la boca de su modelo…
muñeca desnuda refractada como la luz
dispuesta con febriles trazos
en el espacio planimétrico de la tela
La modelo se estremece parpadeando
cuando se estaba adormeciendo
en esa puta posición quebrada
cuello y cabeza
a noventa grados del cuerpo
en la que él la había ubicado
diciéndole:
“no te veo como la época
que siempre vigila y condena
los sentidos”
La boca de Klimt
ensangrentada de oleo carmesí
se resfriega en la rodilla de ella
descubriendo
nueva forma de pintar
Levanta los ojos y ve el despliegue
magnífico de su zona áurea
y como una serpiente acuática
se arroja hacia la presa
hacia esa caverna pulsátil
anémona rosada
donde los pensamientos
las palabras la voz los quejidos
se transforman en colores
Su cuerpo se sacude
repica
mientras las curvas de la carne
fluyen ondulantes
en el agua azuleja del estanque
“Pronto me encarcelarán
otra vez y veré detrás de las rejas
el patético derrumbe de esta Viena
sangrando oro y pobreza”
Su cuerpo vibra
desflorando el bosque violento
de los sentidos brotando
¡Tanta barbarie
de saliva y color
en el claroscuro de la tarde!
¡Tanta desproporción
de la línea para morder la razón!
“Yo no soy la razón
como dicen certeros
sólo soy vida que renace
en mis modelos
son ellas
serpientes ondulantes
en el agua que me calma
llenando de vida mis lienzos”
“Eso sí
su nombre Emilie es
lo que es
bálsamo remanso
en la locura de este tiempo
donde los monarcas Habsburgo
que me maldicen
planean opacos enterrarse solos
“De todas formas
las guerras alrededor
pertenecen a la purísima razón
y yo al desvelo amado
de mi boca como pincel
de mis colores como lanzas
de mi paleta como escudo
y de la deslumbrante desnudez
de ellas”
REQUIEM PARA HUMBERTO RIVAS…
Demiurgo de la palabra…
Llegó puteando desde las luces malas
a este San Miguel
que siempre tuvo el diablo entre las patas
Llegó con el drama en las manos
y la comedia en la boca
a encontrarse con la tragedia
Llegó allá por los 70 gritando
la comedia de este drama
y el drama de esta comedia
hasta que su país ensurado
el nuestro
de cada dia
desplegó todas las espadas
de sus barajas
Nos llegó desde el azar
como la época desde la historia
aulló desde su obra paroxística
que impuso con el fervor
de saber que era la única vez
Los arcanos
sus queridos arcanos
fueron develados hasta donde el quiso
mientras
el mundo inabarcable de su tiempo
explotaba en su palabra
Pasó penurias y dichas
acechos y amores
y construyó su muerte
hasta ser la presa del final
cuando un parásito
en el pecho
le ocultó el oxígeno
pero no
la última palabra…
Aquí
En este puñado de conciencias
conjuradas
está
Humberto Rivas
demiurgo y dramaturgo
como si el tiempo se hubiera hecho para él…
…y su socarrona luz para nosotros…
IN MEMORIAM…
Lo conocí el mismísimo día
que llegó a San Miguel
cuando las sombras se acuartelaban
Nos sentamos en un bar
y hablamos
durante treinta años
hablamos
mientras sudestaban los presagios
Nos abrazamos con la palabra
nos protegimos con la poética del humor
y la complicidad de la visión
Por favor
qué más…
Hoy me queda una mansión
espléndida
tripulada por el vacío
No habrá más palabra
que pena insondable…
pero habrá obra…
eso sí…
TEOREMA TIESO DE MORFINI
Escenario: habitación a oscuras de gruesa catadura…
Morfini en penumbras espera tieso que todos se duerman…
los ojos relumbrando abiertos…
los dedos de sus pies
se mueven solos y rítmicos…
a su costado la heladera ronroneando pesada
Hipótesis: la distancia rectilínea de la cama a la heladera
no es la misma que la de la heladera a la cama…
el tiempo se contrae primero y luego se dilata…
primero talla la ansiedad luego la plenitud…
Tesis: sostiene Morfini que las galaxias
Se expanden y se contraen de acuerdo
A lo que haya dentro de una heladera…
CONVERSACIONES ENTRE EL GALÁN METAFÍSICO Y EL RUFIÁN MELANCÓLICO
... en la profundidad de la noche
llevo el arma hasta la sien
y disparo...
... pronto saldrá el sol
y todavía no decidí
que voy a hacer
con mi cadáver...
...lo mejor será
que le dispare al corazón
a ver si muere de una vez...
( Cuenta el Rufian Melancólico dando comienzo
a la conversación)
Mirándolo directo a los ojos, el Galán Metafísico
dice:
llegué tarde a mi suicidio
(el disparo salió un día después
y mi cabeza ya no está allí)
o mejor
(disparé y corrí entusiasmado
a poner mi cabeza
en la trayectoria
pero los proyectiles
suelen ser más rápidos)
de cualquier manera
llegué tarde a mi bautismo
(mis padres se quedaron dormidos
a la siesta
mirando cada uno
una pared distinta
yo miraba el cielorraso
mientras el tiempo
se iba con mi Dios)
llegué tarde a mi casamiento
(el cura dormitaba cuando llegué
y los feligreses ya jugaban tocándose
a las escondidas con los santos)
pero hoy
hoy he llegado tarde a mi funeral
(en ese ataúd que allí llevan
no estoy yo
porque yo estoy aquí en este papel)
(los familiares
que esperaban en el cementerio
se manifestaron contrariados
y se retiraron comentando otra vez
falta de seriedad de mi parte)
ahora sólo me queda
llegar tarde a mi inmortalidad…
pero eso ya no importa
he cumplido con mi plan
llegar tarde a todo
menos a mi conciencia
LEONARDO ENMARCADO
Leonardo enmarcado observa desde la ventana:
la muchedumbre en gritos
lleva una mujer atada
a la que van a quemar
la visión detiene su conciencia
la perspectiva dispara la idea
llama y dice a sus discípulos
“De todas las soberbias de este mundo
la del ignorante es la peor
no reconoce límites
porque hasta los déspotas tienen alguno”
el anagrama de su tiempo
se agota en el escarnio
de un sueño perpetuo
en blanco y negro
Leonardo espadas en los ojos
ha entrado en el deseo despiadado
de su propia totalidad inabarcable
ha entrado en su alma
para dibujarla
entró en el tembladeral de la creación
partiendo de una estética
para construir su ética
en los ojos de Leonardo
allá en lo alto
enmarcado en la ventana
la bruja desde abajo
se mira confinada en su retina
Dice a sus discípulos:
“ De todas las soberbias de este mundo
la del ignorante es la peor
porque no tiene estética”
la muchedumbre aúlla
acercándole llamas a la pira
con la piel encendida
la bruja vitrificada
en las retinas de Leonardo grita insensible
al dolor:
“Vas a inseminar la Historia pero no a la mujer”
“Contale a tus discípulos
el horror de perder la luz”
“la ignorancia es un fresco
enorme de sombras”
Leonardo la escucha y piensa contrariado:
“el horror sigue siendo
la noche con una tela en blanco”
Llama a sus discípulos:
“les digo que la luz
es sólo un párpado abierto
un juego de sombras que escapan
dejando un hueco cálido
cuando hay tres lámparas encendidas
separadas por guiones de penumbras
son tres
las sombras que buscan
escaparse de tu vida”.
NEGRO TANGO
John Kennedy Casal es negro uruguayo y cantor
Es gutura rítmica en sus tamboriles genéticos
Es un instrumento de carne que se revive
ungido por su don templado al fervor de las llamadas
No usa muletaje guitarrero
ni el chantear de las palmas
El vino le enciende el pico
mientras el sabor retinto de la uva
se vierte en su memoria
No ruega otra copa
la trueca por otra canción
Tango puro carajo
dice
tango charrúa oriental y sin maridaje
No mendiga escenario
Dice
Mi tango viene del refrite de los barrios
donde en los días bochornosos
la gente baila vibra y canta
porque se le canta
como se le cantó a don Gervasio libertador
Porque se me canta
hermano
yo estoy aquí
Porque se me canta soy negro libertario
y cantor
Porque se me canta
inundo mis cuerdas de vino
pero compadre mamado jamás
mi vino se termina cuando
mi madre
me mira desde el adiós
Digamos
que es guapo hasta el olvido
de su cuerpo ensombrecido
Transita bodegones y comederos de todas cepas
Reconoce que mandó callar a todos
en un restorán medio pelo
cuando paladeó repentino
´´Antiguo reloj de cobre ´´
dicen
que se enturbió su mirada
al rigor furioso de los aplausos
Hombre de semipenumbras
cabeza con chambergo
ala baja y una pluma blanca
donde va el pañuelo
Después
con el tiempo entre paréntesis
hinchado el pecho de jugosanto
en la madrugada de los ciegos
siente desde el adios la mirada de su madre
negro y todo se retira a los aposentos
dice
donde lo esperan su negra y su negrita
Largo y acompasado canyengue natural
cargando su gola bronca
bronce exquisito con verdín
se va como el tiempo
que nos parió encima
¡ Esa voz compañero ¡
esa voz cantando ´´La casita de mis viejos´´
Esa voz que se aleja
hasta perderse
dentro de un chorro espeso de tinta
quedando la magia de su sombrero
relumbrón blanco del más allá
flotando sobre su voz
voz
saliendo tenue de la negrura
embargadas sus glorias
resuena aún
después de la derrota de la noche
cruzando el río sin orillas
hacia su Montevideo de plata
al que nunca
hermano
volverá
ULTIMO TANGO EN LA ENRAMADA
Rechiflados de rocío
de espaldas al amanecer
ella viborea atangada
el se obliga tanguistante
mejilla con mejilla
juntos en simismo
ellos tan solos – los últimos –
lustrando el piso de La Enramada
con el terciopelo de sus pasos
bailan sin hablarse
sin memoria ni futuro
bailan troileando el presente
mientras el mundo decide
decide infinitas cosas
una voturé se detiene en la puerta
con dos cosos rajatablas
listos para quebrar
sopesan el momento
mostrando descarados
el pavón de sus fierros
ella corrige con la destreza
de sus largas piernas
las vacilaciones que el alcohol
alienta en su compañero
el tango sigue en su queja
y en el estribillo
las dos getas acerando sus ojos
salen del auto
encarando hacia el salón
el tango trepa hacia su fin
el fuelle se abre inhalando
rozando su panza con el suelo
preparando su descarga
truenan varias veces
los fuegos secos de los chumbos
en el espacio hueco de la culpa
en el terreno del toma y daca
momento de nácar que fue piel
sobre tinta roja que se expande
recortando dos figuras congeladas
sobre el piso de parque
pero el tango
amigos míos
bordara en instantes la telaraña
de su transa con el tiempo y el olvido
luego habrá telón carmesí
luces que se apagan
penumbra
y un chan chan
bordoneando
algún sentido final…
V I E J O C O N D E D A R K
Vasto lago de sangre me rodea
Y ya me da lo mismo
Volver atrás que seguir avante
MACBETH
El escenario:…
El conde magnífico vestido de negro leviatán
come tortilla rumana de papas brotadas
come aceitunas negras con hongos de la cripta
come morcilla de venado con membrillo bebiendo su elixir:
vino con sangre de mancebos guaraníes
en la pared escarlata un corazón real palpita
marcando las horas con sus latidos
las horas de los siglos
los pliegues de los milenios
hasta la contracción de la materia
en espléndida energía
en tanto trata de explicarle algo
a su nueva conquista encendida
preparando orfebre exquisito
su tránsito a la inmortalidad
velas por doquier y un fuerte olor
a sebo y humedad en el alma del castillo
afuera brotando de los muros
sibilantes las gárgolas de cristas y leyendas
cuidan a su amo de la maligna curiosidad
de las civilizaciones mortales
Los personajes:…
dice: lo mío señora es alma por alma
garganta a garganta
colmillo a colmillo
ni lunas metálicas escenográficas
ni triller filosófico
ni lavado de sangre aria
ni escarnio religioso en misas
de carne y sangre
es mi señora un rito carnal
donde transfiero mi eternidad
en un acto de atracción feroz
guiado por el perfume de los glóbulos
que encienden llameantes mi paladar
es un grito de vida de mi especie
mi señora
si yo no existiera no habría mortales
y sin ellos este que está a tu lado
sería una abstracción
somos dos especies opuestas y necesarias
que deben continuar juntas
y vos mi señora amadísima elegida
sos una flor carnívora mortal
que atrae mis colmillos de seda y puñales
hacia ese cuello de carrara y vino tinto sagrado
eso si mi señora dispuesta a recorrer las eras
en este acto de amor
lejos de las crueles estacas civilizatorias
y las plebeyas cadenas de ajos
sólo vos y yo en el cofre
donde la noche es luz eterna
sólo vos y yo exquisitos
floreciendo en el rojo mar de todos los tiempos
Un conde
No puede dejar de ser
bizarro
ÍNDICE
SERPIENTES ACUÁTICAS EN VIENA………………………………………………………………………………………3
REQUIEM PARA HUMBERTO RIVAS………………………………………………………………………………………5
TEOREMA TIESO DE MORFINi……………………………………………………………………………………………….8
CONVERSACIONES ENTRE EL GALÁN METAFÍSICO Y EL RUFIÁN MELANCÓLICO 9
LEONARDO ENMARCADO 12
ÚLTIMO TANGO EN LA ENRAMADA 18
V I E J O C O N D E D A R K 20
https://drive.google.com/file/d/1iXj-2B8JUqwVR7AKIiJTrcguslrINVEF/view?usp=sharing
al otro las tinieblas
en el medio
el hombre
y
la palabra
para soñar
con la luz
con las tinieblas
Julio César Azzimonti
Estoy velando un libro en el desierto (El mundo no lo sabe y es extraño las cosas que el mundo ignora) El muerto manojo de cuadernillos enhebrados-exhala perfumes de imágenes
y una vehemencia corrupta que agota al espíritu.
Encontrar a un hombre dentro de sí velando arrodillado (y con un pastoso naranja desplegado por el ángelus recortando su perfil) encontrarlo callado y retraído ungido por el último sol de la tarde
persistiendo en el olvido de ese desierto es encontrarme cavando con las manos un pequeño orificio en esta tierra arenosa para enterrar este libro que desaparecerá del mundo para siempre es una decisión final
en un sesgo definitivo de la intuición que sabe el hueco que dejará en el espacio que habita y en el tiempo que genera historia
Se que es tan insignificante que no habrá nada que lo reemplace
nada será igual a el
nada dirá lo que él dijo o
nada evocara la vida como él lo hizo
Si es
que algo evocó
Pero el horror del olvido no será total (servirá esto como alivio?) quedarán las imágenes (algunas?) dentro de cada uno que lo leyó
que serán
transformadas entre pausa y pausa cada vez que alguien o yo las relate
Pero este es un acto seco
sin piedad como todo
entierro velatorio cuando se consuma
Pero todavía está allí
quieto
vibrando
y reverberante en el espantoso hueco que deja la materia al no estar más junto a uno
Se la decisión capital que asumo se que condeno a todos al sólo recuerdo de algunos fragmentos que irán mutando hasta lo que la gente quiera o pueda recordar al conjuro y amalgama que alguien reconstruirá a través del tiempo sé que yo desapareceré en poco tiempo
mi nombre será olvidado cuando el anónimo crezca como una hiedra y ocupe mi lugar sé
que diluyo mi persona en infinitos fragmentos más pequeños que palabras
más que letras
sé que me suicido al enterrar este
libro
sintiendo que las letras de mi nombre una a una irán desapareciendo ante el horror de mi ego enfurecido
pero mis manos se mueven por otro lado y van arrojando puñados de tierra dentro del pozo
y el libro desaparece
Siento el dolor en los ojos
siento la nariz aleteando
siento la boca apretada
siento el cuello hinchado
siento la tensión de todos los músculos en un último intento por detener el acto pero la decisión de diluirme en un mar terreno
de separarme en tantas partículas como imágenes quedan en las personas corazón se agita ansioso por experimentar qué extraña amalgama se harán con esos fragmentos
qué mitos surgirán
qué quedará que será olvidado qué nuevo mundo surgirá cuando vuelva a brotar la memoria y yo ya no esté
ni sentiré
ni seré propietario de una sóla de esas imágenes entonces el horror del olvido deja paso a un nuevo placer
el misterio de la curiosidad
lo que
vendrá inabarcable
impredecible
insondable
incontenible
en el filo de la materia y aún más allá
¡Dios mío
qué hice!
me levanto miro por última vez el lugar el montículo que ha quedado
y siento que el olvido comienza a luchar contra la memoria camino hacia la ciudad y pronto va apareciendo en mi conciencia una imagen de peces parlantes que hablan (o simulan) entre ellos moviendo sus boquitas escapando y volviendo subiendo y bajando y algunos se detienen ante mis ojos y de repente se introducen dentro de ellos
Anoto en mi libreta esta curiosa secuencia de imágenes
sentado al lado de la ventana del bar v mirando a través del vidrio la calle a esa hora llena de vehículos y gente que pasa con sus bocas cerradas y sus miradas ocasionales
hacia mi que no me he a movido de este lugar en los últimos cuarenta años esperando lo que vendrá
JULIO CÉSAR AZZIMONTI
FELICITACIONES Julio C. Azzimonti ..Mención Humberto Rivas..Hoy a las 21hs, en Patio Plateado por la Luna..Roca 850, San MigueL____ ¡TODOS INVITADOS! Ccultural Ungs, Mora Burke, Walter Tejeda, Maxi Silva, Willy Perez, Virginia Morillas, Sonia Aban, Gaston Guerra
https://web.facebook.com/azzimontiom/posts/10202883629839222
Porque el misterio es que todos los zanjones
son un sólo zanjón
porque tanto misterio es que todas las Marías
son una María Morena
que vive aquí
humillando la historia
con su desparpajo de reina
de la nada
Por el zanjón
cuando estalla la alegría
la villa vibra enardecida
conmoviendo con su música
de golpes en el vientre
a un poderío asustado
que los mira desde lejos
mientras repiquetean
los teléfonos grasientos
de las comisarías.
Por el zanjón los gatos
escrutan pacientes
esqueletos de perros amarillos
saltando cada tanto
desde el techo negro de cartón
al sueño de novela
del borracho tendido en el yuyal.
En el zanjón luego llega la calma
como una muerte espesa
de trasnoche.
Es el tiempo de los gatos.
Establecen su acre dominio de orines y enigmas
porque el misterio es que todos los gatos
son un sólo gato
porque el misterio es que todas las penas
son una sola pena .......AUTOR:Julio César Azzimonti
porque el misterio es que todos los zanjones
son un sólo zanjón
porque tanto misterio es que todas las Marías
son una María Morena
que vive aquí
humillando la historia
con su desparpajo de reina
de la nada.
Amanece y abre los ojos. O amanece porque abre los ojos. La mañana en su vida es como una tela en blanco. La mañana es una pregunta que va contestando, a veces, el transcurrir del día.
Amanece y es como una descarga eléctrica en el cuerpo que obliga a erguirse. La tela en blanco obliga al pintor a buscar los pinceles y los colores, como un revolver cargado dejarlos al alcance de las manos.
Se viene el mate poniendo un pie en el horizonte. Hay acción y hay gallos guapeando su existencia, también relinchos y cabeceos y los pájaros se anuncian sin solución de continuidad.
Ya está con los ojos bien abiertos mirando desde la ventana mate en mano. El mundo circundante organiza su estética cotidiana y empieza a funcionar. Desde la ventana presiente que todos los misterios están detrás del horizonte. La luz en ese día pleno es restallante y oblicua.
La noche anterior había pensado en organizar este día. Lo hizo y se durmió. Ahora, ante la ventana, ya se olvidó todo lo que había pensado. Se deja transcurrir al ritmo y al sabor de la yerba y ese calor que baja desde la boca y templa el cordaje de las sensaciones.
Continúa observando el horizonte: dos planos, abajo la pampa, pastizales, algún sembradío; arriba cielo, azuloide por la invasión del sol. A un costado de la casa el cobertizo y murmullo de caballos queriendo participar en la exégesis de la mañana. Haciéndose notar. Buscando presencia.
Oye el ruido inconfundible de una avioneta. La ve brillante dirigirse hacia el naciente. Pronto ve un punto contrastando con la luz solar y ya no hay sonido. Solo luz y silencio. Ahora, demasiado silencio. Los colores destellan y los objetos del paisaje se enardecen.
Mira. Sus ojos tratan de penetrar tanto resplandor. Todavía demasiado para la vista de un pintor, la mañana atrapa por su prepotencia, se dice.
Coloca el atril apenas al costado de la ventana. Ubica el bastidor con la tela en blanco. Desparrama los pomos de colores y controla los pinceles. Nada especial, solo un principio incierto de organización. No más.
Sabe que algo tendrá que aparecer. Eso sí, vuelve el murmullo del motor del avión que se acerca. Pasa por arriba de su casa y se va perdiendo.
Saca el caballo del cobertizo. Lo acaricia varias veces y le otorga libertad para pastorear. Algunos pájaros se acercan a picotear alrededor. Esto ya es una escena. Pero, cómo sacarla de la trivialidad. Dónde estará el jugo de esa composición. Todavía hay demasiada luz rasante, o poca idea. Ya se verá.
Vuelve a la casa. Cambia de posición el atril unos centímetros, como para ganar tiempo. Mira por la ventana: nada. Sí, hay de todo, pero nada. Ahora el sol está más arriba y el horizonte recupera nitidez.
Entonces, ve primero como un lomo sobre el horizonte, luego, una columna blanquecina, apenas oblicua que fuga hacia arriba. Eso sí es una línea de fuerza.
El avión, naranja furioso, vuelve a pasar sobre la casa. Rumbea hacia esa desprolijidad del horizonte. Es evidente, algo pasa.
Ya no duda: hay quemazón. Siente vibrar el cuerpo. So-pesa la dirección del viento y se aquieta. Algo apareció.
Se acerca más a la ventana. Otea cómo solo lo hacen los mamíferos, estirando cuello y cabeza hacia delante.
Piensa la situación. Unos segundos. Mira la tela, el atril, los colores en sus pomos y decide. Casi corre cuando va a buscar los elementos para ensillar el caballo.
Esto no es un juego pero vale la pena, se alienta. El avión vuelve. En el horizonte el animal blanco va creciendo. Un gigante que se levanta.
Ya amarró el atril al costado del caballo, ya cargó las alforjas con los pomos y los pinceles, ya ató la tela sobre el anca. Talonea el flete y se va hacia la quemazón.
Yendo al galope tarda bastante. El animal ahora es bestia blanca y serpientes grisadas.
Precavido, se acerca lo suficiente, solo para apreciar.
Tamaño día de esplendor solar soba los colores que disfuman como no queriendo mostrar toda la verdad. Por ahora el fuego se guarda parte de su desproporción. Igual tira líneas a mano alzada, agitado, nervioso. Trata de capturar a la bestia que miente, que no larga esencia, pero amenaza, promete.
De pronto el humo gira y se le viene encima. Atosigado, minúsculo, se siente echado, castigado. Falta oxígeno y el caballo recula. Ya sabe que está demás allí. El caballo ya giró y rumbea hacia su seguridad. Él lo deja hacer. Galopan largo y tendido. Llegan sin aliento y el olor de la quemazón incrustado en la garganta. El caballo se lanza al bebedero. El hacia la casa.
Se sienta ante la ventana todavía exaltado. Trata de aquietarse de buscar algún orden. Abre la canilla y se moja la cabeza. Tose y se restriega los ojos. Vuelve a la ventana. Su brújula interior lo obliga allí. La bestia sigue creciendo.
La desmesura se apropió del horizonte, cuándo una línea larga y fina de llamas se da a conocer como un tajo soberbio horizontal. Todo su universo fuga hacia ese lugar.
Pinta sobre la tela bocetada. Pinta sin mirar más por la ventana, sin reconocer lo alrededor. El fuego ahora brota de adentro. Solo él y la tela. Pinta...
II
Lo sorprende la tarde. Por fin, cuando anochece, se dirige a la ventana.
Todo cambio. No hay horizonte. Solo la bestia que decidió mostrarse voraz en naranjas y rojos, y una negrura infinita ocupando todo lo demás.
Se deslumbra, se paraliza. No se puede mover de allí, conmovido, apichonado. No hay miedo, sí hay reconocimiento del poder de fuego de la imagen desatada, inabarcable, insondable en su preciosismo caótico y feroz.
Pero, esa fuerza obliga, azuza, talonea hasta la acción.
Saca del atril la tela anterior y coloca otra en blanco. Vuelve a pintar. Pinta, no tiene cansancio. Solo pinta. Mientras la noche opera en la realidad.
III
Ya es mediodía y abre los ojos. Da un salto y va hacia la ventana. Cielo limpio. Horizonte nítido. Sol a plomo. No hay vestigios de humo ni de llamas. No hay olor a quema.
Sobresaltado mira hacia el atril: allí está la tela que pintó a la noche. A un costado, sobre una silla, la que pintó por la mañana anterior.
Presiente y se va a ensillar el flete. Parte hacia donde vio el incendio. Al galope recorre el camino que hizo el día anterior.
Advierte el cansancio del caballo. Mide y calcula distancias. Observa todo el cuadrante alrededor varias veces. Un escalofrío le sacude el cuerpo. No hay vestigios del incendio.
Julio César Azzimonti
Iba a todos los velorios
familiares y de amigos
rezaba ante el cajón y
pedía por todos
los domingos iba a misa
y los lunes
después de las 19 hs
llegaba y como siempre
lo tenía todo preparado
enchufaba la máquina
y procedía
el olor a carne humana
chamuscada no lo afectaba
pero sí lo había cansado
pensaba retirarse algún día
( en la música del ambiente él se hacía poner tango y rock nacional)
Julio César Azzimonti
(Serie de poemas que comienzan con un número que le da significado al poema)
1
yo Julio
2 vos y
yo Vicky
3 vos
yo
1- ella Celina
4 vos
yo
3- ella
4-otra ella
Luciana
5 el poema
6 el relato
Julio César Azzimonti
en este suburbio del Sur
fue para vos Morena
juego de arcanos en los ojos
fue madrugada de olores tibios
con amargor en el pecho
Los corvos desodorados de la noche
rumiaron en tus oídos
hotelería y salvación
mientras la cerveza
les encendía el pico
y todas las promesas
de Buen Amor
sólo se apropiaron
de tu carne mansa
hasta el hartazgo vacío
del vaso lleno
María – como son las cosas –
sos un fuego que nadie apaga
y en la madrugada
con la escarcha en la piel
desde el suburbio de zanjas
salís a servir
el opaco ritual del Buen Señor
que te espera con la orden
colgando de los dedos
Morena
no acertás ni siquiera
el Buen Trabajo
por las tardes te veo
debajo del níspero mutante
mirando tus manos vacías
fundiéndose entre los cardos secos
Vas arrancando lenta
las páginas del cuento
del Buen Amor
que van a caer sobre la costa
mugrienta del zanjón
En tus ojos María
entrecerrados
va apareciendo
un destello del infierno
que inflama el aire
hasta que los cardos
se brotan en llamaradas
en tu cabeza
Las mujeres de la villa
detienen sus labores
tapándose los oidos y los ojos
El Buen Señor de buena conducta
de buena mujer y buena casa
se acalambra en la buena piscina
cuando tu imagen inconfesable
se le mete en el vientre
y el olor de tu recuerdo
le llena los buenos pulmones
de cardos calientes
El cura sermón en mano
en la penumbra
de la iglesia torcida
te imagina desnuda
metiendo su mirada
en el astrakán de tu vientre
y en la sombra de las sombras
empieza a temblar
lanzando por su boca
- lo que son las cosas –
plegarias como pelos
y el ruido rítmico
de las campanas de su sexo
Y vos María
arrancás con tu mano Morena
la última página
del Cuento del Buen Amor
y ante el estupor violento
de tus ojos
te quedás mirando
como se quema entre tus dedos.
Julio Cèsar AZZIMONTI
Fragmento de “La Canciòn de Marìa Morena”,libro del mismo autor
con musicalización de Oscar Peretto.
1977
cuándo empezó a girar la calesita
de la vida o la nada?
¿fue en la época en que las vendas blancas
en los ojos treparon hacia el pelo
y empezaron a verse siluetas
que buscaban agujeros en el tiempo?
cuando empezó a girar la calesita
de los huesos con memoria
arreciaba la tormenta
que dijeron duraría
tantos años como la pena
en principio ¡circulen!, ¡circulen!
¿ cómo llenar vidas de vacío
vacío de vacío
vacío de vidas de la memoria
recuerdos de vacíos
vacíos encarnados
vacíos con huesos
huesos con números
números humanos?
cuando la calesita de los jueves
comenzó a girar ¡circulen!
los ríos de piedra ¡circulen!
con nombres de calles ¡circulen!
hicieron brillar sus cubos de granito
donde habitaba el secreto del rio y el concreto
¿qué calesita es esta tripulada
por mayoría de mujeres ¡circulen!
que vienen de la llanura?
¿qué calesita es esta
donde los pibes y las pibas
devorando su tiempo
no están?
¿qué calesita es esta
donde la música es sonido
de suelas pasionarias solitarias
raspando el silencio de las baldosas?
(un susurro de miradas dijo:
son madres raras
de un sur que se pretende suprimir
aniquilando su ensuración)
2
madres se vieron
simadres descarnadas
sobre el paisaje fulero de presagios
carne y flor aparecidas de la nada
cabezas y estupor sin nombre
marchan girando y girando
en esa puta plaza
hambrienta de gestos
porque sólo el gesto
el gesto y la mirada encendida
cuando la palabra
y aún la gutura
se habían clausurado
confinándose a los vientres
ojos que se mueven
soltando su pavor
frentes que se arrugan
manos que señalan sin rumbos
dedos que palpan rigores eléctricos
pies que a pesar de todo
se mueven sin parar
contaron como murmullo:
se ven lágrimas blancas
si
lágrimas blancas
contaron en los barrios alunados
en los suburbios del miedo
lágrimas raras
que se encienden al tocar la tierra
había si
compulsión de fervores
y delirio de martirios
clavando una estaca
en el corazón de la pirámide
(el destino
siempre atento a todo dijo:
“comenzó la molienda de la historia implantada”
3
calesita extraña esa marchando
cuando llegó un calesitero
del tamaño de un hijo
tordillo de dientes como espadas
ofreciendo sonriente en cada giro
sortijas argollas de granadas
cuando el tiempo Azucena
se parió sin reloj
metiéndose en las profundidades
del gesto
los bárbaros del mundo
cuadraron sus brújulas en el sur
y convocaron a sus manadas diciendo:
“hay mujeres raras transformándose
en madreselvas
encendidas marchan circulando
los jueves de todas las semanas
carne y flor creciendo
en ese ensimismo país
tan al sur de todo sur
4
cuando estalló
tamaña rabia metálica
en los dueños paroxísticos
de la historia
concurrieron a delirar uniformados
los cazadores de getas
los cazadores de vientres
los cazadores de bocas
los cazadores de palabras
los cazadores de libros
los cazadores de gestos
salieron desangelados
con sus cruces en llamas
salieron con linternas negras
y corazas de mármol robadas
a defender sus criptas
¡época tan ciega
habrase madre cometido
devorando tanto afiebrado futuro
rompiendo el cristal de la utopía!
¡cómo se vienen madre para apropiarse
del mito carnal de la llanura
de la montaña y de los ríos!
cuando videntes
caen los jóvenes en racimos
sobre esta desmesura
de tierra nuestra
hermética y lejana
tan al sur de todo sur
5
¡época tan desgarrada
habrase madre
zumbando ciega¡
¿sobre cuáles tumbas sin forma
esparcieron sin destino
semillas vibrantes de sueños?
fusiles de espejo turbio
los getapatrias del aire arrojaron al rio
la carne palpitante que los enervaba
los getapatrias del mar
se encerraron medrosos
a retorcer cuerpos y genes
los getapatrias de tierra
sintieron en sus plexos
que la Inquisición los bendecía
cuando arrancaban los ojos
y las tripas
6
como alunado aparece este sol
sudestando todos los suburbios
los barrios y las cercas
como ahuesadas brotan lámparas
alumbrando incipientes
cementerios de humo
cuando el río sin márgenes
los recibió de las nubes
para guardarlos
sabiendo que el río devuelve
lo que no le pertenece
¡época tan honda madre¡
cuando el enfurecido contrareloj de la historia
agitó de repente el látigo
haciendo vibrar los ríos de piedra
juntando los barrios silenciados
certezas aparecieron
ellas
Madreselvas empecinadas
saliendo a florar los jueves
sembrando de lámparas las ochavas
y de susurros las habitaciones
lágrimas bálsamos aparecidas
lágrimas blancas abriendo honduras
liberando gorriones sin nombres aun
muñecos niños apenas destetados
apenas hirsutos
pronto reverberando de preguntas
pronto calenturientos de respuestas
casi ensoñados
conciencia embroncada
con el fraude de la historia en contra
surgiendo entre adoquines
con gusto a cielo
cuando el silencio se partió en gritos
le arrancaron la llave a la historia
(todavía llevaban en su cuerpo
siestas de leche ellas
siestas de jungla ellos
siestas rumiadas con perros ellos
y ellas libros de cáñamo
entre las ingles)
7
la época desmesuró lucidez
cuando tirando candados y linternas
salieron a las calles
a pelearles al patrón de la vereda
palmo a palmo las baldosas
madreselvas
historia tan bruta
habrásenos caído encima
arrancando a mandobles
tan encendida carne
tanto futuro vibrante
madre
cuántos mis amigos partieron
florando alto
presintiendo algo
entre temblores y conciencia
empecinados en aparecer
saltando la historia del fraude
colgados de las palabras
como espinas
con la escuela apenas atrás
de sus espaldas
lágrimas y caricias blancas
Madreselvas erguidas
en la soledad del horizonte fantoche
tan disonante historia
abrásenos contado
para que fueran al muere
los eterjóvenes
que venían del futuro
a incrustarse en el pasado
dentro de esta coraza de cielo martingala
bajo esta máscara uniformada
con fusiles en los tálamos
la pedagogía del algotuvieron que ver
ha parado de crecer
bajo esta máscara uniforme
yacen los brotes inconclusos
claves y muñones
en esta tierra madre
que se deberá remover
pala a pala terrón a terrón
hasta que aparezca el nombre
9
blancoamor
carne y flor empecinada
apareciendo
entre el hielo de los días
cuando el enterrador de imágenes
se perfiló sin memoria
madre
cuantos mis amigos estaban
tan llenos de certezas
en los labios besos y broncas
en los ojos razones y sueños
en la piel pasiones y enigmas
y en los oídos
si
sirenas a mansalva
y repiquetear de agonías
en las parrillas verticales
certezas de los días blindados
brújula cuarteada al sur
los gorriones y los juegos van a volver
cuando ellas se subieron a la calesita
y marchando la empujaron
mocos en las ñatas color rosado
en las mejillas
reaparecen los pibes limoneros
asaltando los jardines
cabalgando escobas como potros
tripulando gigantes los roperos
del suburbio
lúcidos los ojos acuñando ventanas
( vivomuertos más vivos
con las palmas brotadas extendidas
nos miran
desde la nube barrilete
cielo bastardo de los oprimidos)
10
vemos entre los escombros y las cruces
vemos nítidas
a las madres del sur
ojos de lino perfil de patria
andar de llanura
marchando
caminan tranquilas ensuradas
siento el impulso de marchar con ellas
quiero decir hacia ese lugar
donde no hay geografía
ni materia
ni siquiera razón
sólo sur
ese sur que está más allá de todo sur
raras Madreselvas encendidas
marchando
calesita de los jueves en la memoria
burbujas blancas interminables
marchan
zapatos de agudo polvo
grabando las baldosas
historia de historias
palabra de palabras
susurro de susurros
gesto de gestos
marchan
Madreselvas
florando la memoria del sur
tan bruta
Nomeolvides
Julio C.Azzmonti
“En cada persona, en cada grupo,
hay un símbolo, un signo,
un código estético.
Más allá de las éticas implícitas
y de sus mutuos significados
nadie puede fagocitarse a la forma
y sus contenidos
nadie puede introducirla en sí mismo
y definitivamente sumirla
tarde a temprano esta aparecerá
de alguna manera "
Ese que está allí, Evaristo Piedras, que desde hace unos días padece fuertes trastornos generalizados, decidió consultar con el médico sobre su problema. Escuchemos in ya comenzada conversación entre el hombre y la bestia, entre Evaristo y el médico:
—Sí, entiendo perfectamente. Entonces Ud. opina que debo dejarlas en la clínica para que se haga un reacondicionamiento general. Bien. ¿Qué horario? A las 15 horas. Si, esta misma tarde. Gracias.
Colgó lentamente el teléfono y se quedó largo rato mirando sus manos. Las palmas de sus manos, largas y oscuras, oscuras y largas, y oscuras… Y largas,...sus manos oscuras...
Media hora antes de la hora indicada salió. Dejó atrás su casa y los pasos que fue dando. Camino mucho más lentamente que de costumbre, así lo había decidido antes de salir a caminar lentamente y no detenerse, para no detenerse.
En la marcha, lenta, recorría con su mirada todos los lugares donde podía ubicar formas redondas, curvas y ovaladas. Así lo había decidido, porque así lo sentía.
Las vías del ferrocarril, cortaron momentáneamente su ejercicio. Miró a su izquierda y desde la amarillenta y destartalada casilla, apareció una bandera verde. No pudo ver la cara del guardabarrera; los sucios vidrios lo impedían. Muy pocas veces había observado con detenimiento ese lugar, quizás nunca, y menos aún al hombre que trabajaba dentro.
Exactamente a las 15, llamó con el timbre en la puerta de la clínica. Automáticamente se abrió la puerta. Automáticamente entró. Automáticamente apareció la empleada.
Por quién viene —Le preguntó sin ningún protocolo con gesto tangencial.
Doctor Lo Presté— respondió Evaristo, también fríamente.
Ah sí Doctor Lo Presté. Venga, siéntese en este sillón y espere.
La sala era larga y angosta, sin ninguna puerta. En el fondo y frente a él una ventana mostrador. En la mitad del salón hay un escritorio. Hacia él se dirigió y en él se sentó la empleada. Instantáneamente sacó de uno de los cajones un frasco sin tapa y a medio llenar, con un líquido cristalino que podía ser agua, alcohol o veneno o simplemente nada.
Evaristo se quedó mirando el frasco, quizás porque era lo único que se movía con cierta vivacidad allí adentro.
Cuando levantó la vista del frasco para hacerla deambular por otros lugares, vio con gran asombro que en la ventana mostrador había un hombre que lo miraba sonriendo. Instantáneamente se imaginó un cuadro estúpido, creado por algún empleado de la casa, y también sonrió. Pero su asombro fue mayor cuando el hombre, que ahora le parecía de boca grande, se largó a reír fuerte y entrecortado en crescendo, semejando una hiena, sin parar, sin respirar. Su cara, que ahora sí identificó con una boa, comenzó a ponerse roja azules sus orejas.
La sonrisa que al comienzo esbozara Evaristo, se diluyó en una mueca fría y flácida. Y eran tan fuerte el ruido de esa boca descomunal, que el corazón comenzó a latirle con fuerza, sin piedad. El hombre boa seguía riendo como cien hienas, como miles de hienas. Él quedó paralizado en el sillón, con miedo y estupor, sin siquiera mover los párpados.
La boa abría su enorme boca y los sonidos que de ellas salían golpeaban las paredes cien mil veces, millones de veces rebotando como pelotas acústicas. Los decibeles se arremolinaban como tornados en el fondo de la sala, convulsivamente y como catapultados por un poder sobrehumano, se lanzaban contra sus oídos, contra su cuerpo. Lo penetraban como un cuchillo a un pan de manteca, despiadadamente. Entraban por la boca, por los ojos, por los poros, por los oídos, por el ombligo. Vibraba el suelo y el cielorraso navegaba en una borrasca atormentadora. El estómago empezó a dolerle hinchado de sonidos y herido por semitonos y en in boca, angustiosamente abierta palpó el indefinido gusto de fusas y corcheas, mientras sentía con dolor acústico, que dos gruesos árboles entraban y salían por sus oídos, abiertos como valvas.
Pero si bien todo su cuerpo era castigado, noto que lentamente su cerebro se recuperaba del shock inicial. La confusión se iba disipando, lentamente. Solamente percibía sensaciones físicas, sin dolor y sin sufrimientos, Como si fuera frotado por medusas.
Pero no se podía mover. Por alguna razón a su cerebro no se le ocurría ordenar a sus músculos. No se podía mover. Estaba totalmente paralizado. Parecía que su torrente sanguíneo, su fluir, el caminar de su sangre, se había detenido en el tiempo y en el espacio. Sólo su cerebro funcionaba, tenía lucidez. La boca del hombre boa o de la boa hombre, seguía creciendo, aparecía enormemente grande, descomunal; ocupando toda la ventana, moviéndose sin parar. Pero su razón estaba decididamente cercada.
Notó que todavía podía mover los ojos, es decir solamente los globos oculares, y los dirigió hacia el escritorio de la empleada. Esta seguía con su trabajo, como si en ningún momento escuchara algo del infierno de sonidos que provocaba el que estaba en la ventana. Pero más le llamó la atención el franco. En el bullía el líquido que contenía, más aún, navegaban en su interior cuatro corpúsculos de color marfil y nácar. Subían y bajaban alternativamente, pero sin orden. Como en una danza bailada por jabalíes, subían y bajaban, bajaban y subían. No podía quitar los ojos de allí. Subían y bajaban, sin orden sin lógica. Marfil y nácar. Creciendo, lentamente creciendo. No los veía crecer, pero percibía el cambio de volumen. Y su mirada estaba fija como atada al frasco, atada por cadenas invisibles. Los sonidos seguían envolviéndolo como una cáscara, aplastando su razón contra los rincones de su conciencia. Subían y bajaban, marfil y nácar creciendo, lentamente creciendo, moviéndose, danzando en el frasco, subían y nácar, bajaban y marfil; bajaban y marfil, marfil y subían, subían y nácar y creciendo siempre y una sensación de vacío, de que algo lo estaba vaciando, de que le faltaba peso y la danza de los corpúsculos seguía inexorable. Y el vacío, el vacío de su cuerpo. Sentía que lo único que le quedaba eran un poco de razón. Toda una razón y sin cuerpo. Y no podía moverse y no podía mirarse. Las cadenas tiraban de sus ojos al frasco, Razón sólo razón, un puñado de racionalidad y nada más y la visión del espectáculo del frasco, los corpúsculos, que subían y bajaban, creciendo.
¡Señor, Señor!
Cómodo hubiera hecho con la más hermosa naturalidad, se levantó y fue al escritorio, desde donde lo llamaba la empleada.
—Ya está, salió bien. Ud. tiene una sensibilidad enorme. Costó trabajo, pero ya terminó. Estas son sus glándulas-dijo señalando con su mano el frasco donde flotaban los cuatro corpúsculos.
Evaristo quedó extasiado mirando sus glándulas. Ella también estaba abstraída en lo mismo.
Un ruido fuerte del lado de la ventana mostrador los sobresaltó. El hombre de la ventana, el de la cara de bon, había caído bruscamente hacia el lado de afuera.
—Qué le pasó—Preguntó preocupado Evaristo.
—No se preocupe Sr., debe estar agotado.
Una voz, desde el interior de la ventana gritó:
—¡Está muerto! ¡Está muerto ¡Está bien muerto!
La empleada lanzó un gemido y corrió hacia el lugar. Él la siguió; siguió sus pasos, su carrera; se desplazó detrás de ella. Sin prestar más atención a sus glándulas dentro del frasco, la siguió.
Ella se lanzó desesperada sobre el cuerpo del hombre caído y aplastó el oído derecho
sobre la zona cardíaca.
—Está bien muerto sollozó desconsolada.
Evaristo tembloroso y con temor, le tomó un pie al hombre y en voz muy baja corroboró el diagnóstico.
—Sí, está muerto.
—Era mi padre. "hace 25 años que hacía este trabajo" dijo ya de pie y mirando el guiñapo humano, retorcido y duro, desparramado a sus pies.
Lloró por varios minutos. Mientras la voz que había advertido la muerte del hombre, más otras que se le sumaron, entonaban una grotesca, sin solución de continuidad.
Piedras aprovechó para observar al hombre caído y comentó en voz alta.
—Sí, realmente no parece ya una boa. Ahora tiene cara de topo, aunque su boca sigue pareciendo grande. Realmente muy grande para la cara.
El cuerpo totalmente desnudo, mostraba una piel reseca y acartonada, sobre la cual lentamente se iba enroscando una hiedra, a cara maltrecha por años y años de gritar desaforadamente.
—Cállese, era mi padre dijo sollozante. pa. Venga.
Fueron hasta el escritorio. En el fondo se seguía cantando la marcha, ahora mejor entonada, pero siempre sin solución de continuidad.
—Sus glándulas quedan acá, hasta el día 12, es decir dentro de trece días. Tome este comprimido compensador y venga exactamente el día indicado, a las 15 horas, como siempre. Nosotros atendemos siempre a esa hora. —Su voz se cortó y mezcló con un acceso de llanto. Pronto lo dominó.
—No se olvide, puede ser grave. Ya perdí a mi padre, no quisiera perderlo a Ud.
—Ahora baje la cabeza.
Evaristo accedió al pedido y ella lo besó en la frente con cariño.
—Dios lo guarde-dijo suavemente.
Evaristo Piedras, sin glándulas, compungido, angustiado y sintiéndose todavía vacío salió cerrando suavemente la puerta, mientras todavía escuchaba las voces entonando la marcha, cada vez mejor.
Susana, ella, detiene el funcionamiento de la máquina lavaplatos, se da vuelta y con un gesto me señala el reloj que está sobre la pared.
Trago el último bocado y corro a encender el televisor que está en la habitación justo a tiempo, como todos los días desde hace más de un año desde que ella me lo regaló para usarlo delante de la cama.
Para que seamos más felices, dijo.
Es la hora y aparece el título en la pantalla "Turner el Justiciero", que junto a la música de fondo me hacen vibrar.
Y por cierto que soy muy feliz con este aparato. Creo que me salvó del sicoanalista. Una buena inversión. Vaya que nos hizo bien este aparato.
Porque "Turner el Justiciero" está allí delante de mí, moviéndose con soltura, dueño de la situación. Susana pasa delante de él como una sombra. Turner, acodado sobre el mostrador, habla con el barman y le dice "ella me espera en la colina de los garañones". Mi corazón palpita en contrapunto con la respiración.
Susana sigue pasando delante de la pantalla.
Le hago señas para que se quede quieta.
Me mira sonriente y desaparece por la puerta del baño que está al costado del mostrador.
Turner gira la cabeza y mira hacia el baño y luego hacia la entrada del salón. Está de buen humor, sonríe desde el borde de mi cama. Yo también sonrío. El último capítulo siempre es el mejor, el más emocionante. Todo se va a decidir pronto. En realidad, estoy preparado a conciencia para recibirlo en toda su magnitud emocional. Pero Susana, ella no debe distraerme, debe comprender todo esto y quedarse quieta, callada.
¡Qué nervios!
Me introduzco con suavidad en la cama sin apartar la mirada de Turner que se dirige hacia una mesa que está al lado de la cama. Debo concentrarme más y más. Hace una indicación a los que juegan póker en una mesa vecina y éstos lo miran con admiración. Se sienta de costado, y enseguida llegan una botella de licor y una chica que se acomoda sobre sus rodillas. Los detalles - allí está la cuestión - no se me deben escapar.
Debo concentrarme y observarlo todo. Mis miembros se ponen tensos, dispuestos a la acción.
La mesa donde juegan está casi delante de mi cama. Turner, algo hacia un costado. Susana sale del baño y pasa casi desnuda entre ellos. No debo permitir que me distraiga. Turner estira un brazo y atrae otra chica sobre sus rodillas. Yo estiro el mío y atraigo a Susana que entra en la cama con un murmullo y se ubica a mi lado. Turner se ubica a otra chica sobre sus rodillas.
Soberbio, no siente el peso de las mujeres. Pero es evidente que se aburre porque su mente está en otro lugar lejos de allí. Los de la mesa juegan con cara de póker. Él se aburre, mira cansino a las chicas, les guiña un ojo, les sonríe, pero esa sonrisa es melancólica.
Le guiño un ojo a Susana y le sonrío tratando de imitar esa melancolía de Turner.
Todas las mujeres se muestran felices de estar con nosotros. ¡Qué postura! Ellas lo besan. Susana me besa y luego él se levanta, mira a todos los del bar a manera de saludo y sale. Susana me retiene porque estoy saliendo de la cama.
Ya en la calle, el Justiciero se abre el saco y descubre sus revólveres de cachas nacaradas. Susana se ríe y dice que no la destape.
Camina hacia el caballo y éste mueve nervioso las patas al verlo.
Susana mueve sus piernas.
Mis nervios empiezan a erizarse. Desde una puerta, una chica muy rubia y casi adolescente lo saluda rumorosa y alborozada. Susana juega no sé con qué y no para de moverse. Turner le sonríe a la chica y Susana pregunta por qué yo le sonrío a ella. La chica corre y lo abraza, lo besa y lo estruja. Él corresponde con gentileza y la aparta con suavidad. Aparto a Susana que me está besando pero ella se resiste.
¡Que no me distraigan, por favor, van a arruinar todo!
Mis nervios no resisten más.
¡Son tan torpes que no entienden cómo son las cosas! No ven que Él tiene la mente fija en la colina y yo también. Que hacia allí debemos ir porque nos esperan. Que nos están esperando desde hace mucho tiempo. Vamos Turner, no les hagamos caso, subamos al caballo y cabalguemos. Vamos que quiero ver esos músculos tirantes y sudorosos brillando bajo la luna que ya aparece por detrás de la colina.
¡Ah, sentir corcel y jinete como un solo ser, como un centauro restellante!
Arriba, Justiciero. Dé ese salto magistral sobre el caballo amigo. Y Turner salta como un acróbata y cae elástico y etéreo sobre la montura. Salto. Susana ríe y grita que no la aplaste.
Maestro de las praderas, muéstrame una vez más tu arte de jinete inagotable. Cabalga. Cabalgo. Por fin comienza la ansiada cabalgata. Ahora sí, ahora estoy bien.
El corcel y Susana resoplan debajo. Mis músculos están tensos pero libres, plenos. Ya nada nos puede distraer.
¡Vamos hacia la colina, vamos!
Galope largo y tendido hacia el lugar de encuentro.
Maestro, me has enseñado todo lo que sé, has terminado con tus rivales y yo con mis miedos estúpidos. Ahora sí estamos vos y yo solos como queríamos.
Y el seco tronar de los cascos repica acompasado sobre éste mi corazón agitado. Maestro, nos espera un plenilunio, corramos.
Susana ya no se ríe. Siento sus músculos duros y suaves acompañando el movimiento. El saco del Justiciero ondula por el viento. Las sábanas recorren mi cuerpo como si volaran. ¡Que el páramo nocturno nos observe! Los ojos del caballo y los de Susana, casi desorbitados, miran hacia delante hipnotizados. Las paredes del cañón y de la habitación pasan a nuestro lado veloces y allá en el fondo la colina, nuestra colina y la luna alta y luminosa.
Maestro, lo estamos logrando, ya falta poco para alcanzar la cima donde nos espera nuestra amada. La pantalla destella, la habitación destella mientras recorremos el último tramo de camino.
Tanto tiempo, Justiciero, que te sigo a toda partes sin perder un solo detalle, pero ya estamos por alcanzar la cumbre. El corcel y Susana resoplan resplandecientes de sudor heroico. Ya se ve a la amada tendida sobre la hierba húmeda.
Recorremos los últimos tramos como una luz, con el corazón y el cuerpo desenfrenados pero desbordantes de gloria. Y la amada levanta su hermosa cabeza al ver al Justiciero y lo llama. Éste detiene el caballo de golpe y yo hago lo mismo con el mío. Susana resopla y el corcel de Turner también. Entonces se encorva desde lo alto de la montura y besa a su amada agradeciendo la espera y yo la beso a Susana que me agradece todavía agitada y feliz.
En el silencio de la noche se sientan abrazados sobre un tronco caído y contemplando la noche, la luna.
Lo mismo hacemos. Susana, mirando la pantalla plateada del televisor. La amada se duerme entre los brazos del Justiciero, Susana entre los míos. Las depositamos con cuidado al lado nuestro y quedamos mirándonos en silencio. Entonces, en ese instante, casi estalla mi corazón vapuleado.
¡Turner levanta su brazo y me saluda!
¡Hasta la vista!, me dice y allí todo se termina.
Lentamente esa hermosa sensación de felicidad compartida va desapareciendo, empujada por una rara sensación de carencia, de algo de vacío.
Me levanto tratando de no despertar a Susana y apago el televisor. Quedo sentado en la cama y acurrucado empiezo a sentir todo el peso de ese silencio negro.
¡Maldito seas, Turner! Cómo podré dormir si sé que mañana no vas a estar aquí con nosotros, ocupando esta oscura y fría habitación.
Pero el llanto me desborda y ya nada puedo pensar. Lloro en silencio y luego enciendo otra vez el aparato.
No hay nada, nada. Sólo el brillo metálico y luminoso de la pantalla vacía, allá en el fondo de ese subterráneo de sombras amenazantes en cuyas paredes resaltan los retratos macilentos de todos los héroes que se han ido.
Quedo temblando, y miro fijo esa luz que se aleja lenta pero inexorable hasta transformarse en una luna lejana, allá, sobre la colina vacía.
Julio César Azzimonti