“Nos abrazamos con la palabra nos protegimos con la poética del humor y la complicidad de la visión Por favor qué más…” De In memoriam A Humberto Rivas J.C.Azzimonti
“En cada persona, en cada grupo, hay un símbolo, un signo, un código estético. Más allá de las éticas implícitas y de sus mutuos significados nadie puede fagocitarse a la forma y sus contenidos nadie puede introducirla en sí misma y definitivamente sumirla tarde a temprano esta aparecerá de alguna manera "

El hombre es a la tierra

 


 *El hombre es a la tierra 


como la célula es al cuerpo"


*Pero el hombre es la corteza 


cerebral de la tierra con


 lo mejor y lo peor de esto.




Julio César Azzimonti


HISTORIA DEL SUSHI

...,  en algún lugar, ni antes ni después, un japonés emprendedor salió a recorrer el mundo y la historia tratando de promocionar un producto de su invención: el sushi. Como odiaba al emperador por sus malos tratos y burlas, decidió burlar al dignísimo y largarse a recorrer el mundo promocionando y vendiendo el producto.

   Apuntó alto y se fue al Olimpo. Oteó el panorama y se mandó a la puerta más grande. No llamó. Entró sonriendo, con esa sonrisa que sólo los de japanga sabían hacer. Se encontró con el mismísimo Zeus en pelotas y bebiendo néctar ilota. Los hedores del ambiente contrastaron violentamente con los que exalaba el morral del intruso . Zeus confuso y aturdido pero curioso lo recibió intentando una sonrisa semejante a la del viajero. Primereó el japanguita con ímpetu juvenil y se reverenció con picardía. Luego señalando su morral ofreció sin titubeos. Habló en olímpico, habló y habló ante el asombro del dios que empezó a prestarle atención. Se movió bien el cuñataí y el parlamento fructificó: el deu pidió probar. Cortó un trozo con su piccola katana y ofreció. Ancioso y glotón tragó el bocado sin miramientos. Reaccionó fiero, a medida que tragaba comenzó a gritar ¡ fí ¡,…¡ fis ¡,…¡ Fissshhh ¡…


Julio  César Azzimonti         


El peine de carey

No tenía alternativa: esperaría a que se levantara para ir al toilette y cuando volviera, él velozmente iría a instalarse a su mesa. Por fin ella se levantó muy elegante en sus movimientos y se perdió entre las mesas del bar. Había llegado el momento de juntar valor y prepararse para el traslado hacia la mesa de ella. Pero, como un terco diapasón sus rodillas comenzaron a vibrar. ¿Qué le diría? ¿Cómo empezar? Esa era la cuestión. Para darse ánimo pensó en las otras veces que había estado en la misma situación. En la misma situación había estado siempre. Por la misma situación había nacido. Luego se enfureció con la misma furia de siempre y alejo con un golpe de conciencia esos mismos recuerdos. Siempre le había ido mal. 

Hacían tres semanas que buscaba la manera de hablar con ella. Ya había pasado mucho tiempo y había llegado el momento de actuar. Se levantó tratando de disimular el golpeteo de las rodillas entre si y cuando por fin pudo dar el primer paso hacia la mesa de ella, apareció lucida la idea salvadora y luego esa sensación de poseer todo el poder del mundo. 

Manoteó la puerta, entró y de pronto tomó conciencia plena que estaba dentro del baño de mujeres y que ella, bellísima, lo miraba estupefacta de asombro.

Dijo casi gritando lo único que se le ocurrió: 

¡Buenas tardes! 

Ella todavía en su asombro balbuceo: 

¡Ud. está loco! ¡Se equivocó! Este es el baño de damas... ¡La espero en su mesa! Gritó otra vez fuerte y seguro para luego desaparecer con la misma velocidad con que habla entrado. 

Pero no fue a la mesa de ella, desbordante de euforia se dirigió a su casa se bañó hasta quedar agotado. 

Al día siguiente volvió al bar y la vio sentada en la misma mesa. No se detuvo, siguió y se introdujo por la puerta que decía "Caballeros". 

Allí estaba peinándose cuando sintió que se abría la puerta y al mirar: vio. 

— ¡Buenas tardes! dijo ella casi gritando. 

Él, sonriendo, limpió con el pañuelo el pequeño peine de carey y se lo alcanzó. 

—Tome, úselo, le dijo. Agregando excelente baño este, fresco, pulcro y con buenos artefactos, pero si Ud. no tiene un programa mejor la invito al del Restaurante “ Bathnight" que estoy seguro le agradará.


Nacimiento del hijo del Director General de la fábrica de automóviles

Uno de los médicos, con manos temblorosas, depositó suavemente el pequeño cuerpo del recién nacido sobre la mesa. Eran las 12 del día y había nacido el hijo del Director General de la Fábrica de Automóviles. El sonido de las sirenas de las fábricas lo estaba anunciando. 

Dentro de la sala de partos los cuatro médicos observaron con nerviosidad cómo el pequeño cuerpo comenzaba a azularse rápidamente. Se miraron entre sí y sin moverse. Un inesperado y profundo miedo los había paralizado. El miedo que llegaba con el sonido de las sirenas de la fábrica. El sonido que venía de allá, el temblor, la transpiración, la carencia total de ideas. 

De pronto, el médico más joven, el que se había integrado a último momento al equipo, se dio una palmada en la frente y salió corriendo de la sala. Los demás no movieron un solo músculo. El terror había caído sobre ellos, mientras el niño se transformaba en una mancha violácea y resplandeciente. La posibilidad de la muerte había encadenado sus pensamientos. 

El ruido de la puerta al abrirse violentamente, hizo que los tres al mismo tiempo giraran sus endurecidas cabezas. El que había salido entró llevando en sus manos un frasco en cuyo interior se agitaba un líquido de color amarillento. Manipuleando  un gotero extrajo parte del líquido. Introdujo la punta en la boca del recién nacido y apretó la perilla. Dos, tres, cuatro, cinco veces repitió la operación ante la mirada cristalizada de los otros. 

Los minutos pasaron mientras las sirenas seguían lanzando sonidos aullantes. 

Lentamente los pequeños labios comenzaron a moverse: primero temblorosamente, luego en actitud de succión. 

Los médicos que habían percibido percibido el desastre de su futuro profesional y otras calamidades, se miraron y comenzaron a sonreír. Luego se abrazaron y besaron, y palmotearon al joven que no conocían, pero al que ya mucho debían. 

El bebé había parado sus dos bracitos en forma casi vertical, apuntando al cielo. Los médicos, olvidados por la confusión y su alegría interior, miraron al recién nacido y por primera vez se dieron cuenta de que éste no había llorado, aunque el color azulado había desaparecido de su cuerpecito. 

Se arrojaron sobre él desesperados y nuevamente nerviosos. Después de hacerle todo tipo de pruebas totalmente sin resultados y otra vez con sus caras descompuestas de miedo, los tres médicos miraron suplicantes al más joven. 

Era la primera vez que lo veían allí, en el hospital, pero este detalle no les importó mucho: lo habían enviado de la planta fabril con nota expresa de la Dirección General y eso era suficiente. 

El joven se quitó el guardapolvos con agilidad y se dirigió hacia el bebé. Tomó uno de los bracitos, el derecho y con movimiento rápido y seguro llevó el miembro de la posición vertical en que se encontraba, a la posición horizontal del cuerpecito. Una y otra vez, bajó y levantó el bracito, intercalando esta operación con introducción de gotas del líquido amarillento. 

El niño, ahora totalmente rojo y vital, comenzó a emitir pequeños sonidos. Luego sí, brotaron con fuerza y firmeza hasta hacerse cadenciosos y rítmicos. 

El que operaba sobre el niño miró a los tres médicos y les sonrió. Estos nuevamente se abrazaron y palmotearon, agregando el baile a su explosiva alegría. 

Pero fue en pleno festejo que los sorprendió la verdadera característica del llanto del niño. El primero que se dio cuenta de este fenómeno, con grandes ademanes se lo comunicó a los otros. Estos, deteniendo sus bailoteos, miraron con ojos enormes e incrédulos al que había salvado al bebé. 

 —El sonido es perfecto y cadencioso, expresa un funcionamiento de la más alta calidad, como era de esperar—dijo sonriendo y mirando al niño. 

Pero uno de los tres médicos, señalando con el dedo a la criatura gritó: 

—¡Es un monstruo, un monstruo..., no puede ser humano ¡Dios mío, que no se muera..., por favor!

—¡Qué está diciendo, doctor! ¡Es el hijo del Director General y es magnífico—dijo el más viejo de los tres, además es un interesantísimo caso. 

—Es cierto, es cierto —asintieron los demás repentinamente convencidos. 

—Es un magnífico y extraño bebé. Puede estar su padre contento. Seremos sus médicos de cabecera. ¡Aplaudamos este nacimiento! 

Pero los sonidos que emitía el recién nacido taparon con su fuerza creciente las exclamaciones entusiastas de los médicos. 

El joven que había salvado al bebé, lo levantó con delicadeza entre sus brazos y salió de la sala de partos. 

Los restantes vieron y escucharon cómo se alejaba el niño, emitiendo el ruido exacto y típico de un automóvil de carrera de la más fina construcción. 

El hombre y el niño se alejaron. La camisa del que lo llevaba, tenía en su espalda la inscripción: "Técnico Mecánico Especialista en Carburación Fábrica de Automóviles". 

Dos enfermeras, que se cruzaron con el que transportaba al hijo del Director General, se miraron sonrientes ante los rum-rum que lanzaba el bebé. Luego se pusieron lívidos sus rostros y cayeron desmayadas. 

En la sala de parto el médico que parecía el jefe de los tres ordenó a los otros dos: —Guarden ese frasco de nafta. El olor está por hacerme vomitar! 

El que llevaba al niño salió del edificio y se dirigió hacia un hermoso coche celeste, especialmente decorado. Colocó el pequeño cuerpo frente al volante en una cuna que allí había, encendió el calefactor y fijando los controles en el punto: "Directamente


Julio César Azzimonti 




ASTROLABIO

                                                     “La velocidad fulminante del momento

                                                      la levedad infinitesimal del pasaje del momento

                                                      a la historia sólo es registrado por nuestra intuición

                                                      cuando se transforma en imagen palabra                                                         

                                                      El momento es el átomo del tiempo

                                                       La percepción se contrae 

                                                                        se transforma en línea para captarlo

                                                                        y se expande para registrarlo

                                                       es el momento de la imagen

                                                       es el momento del poema”                   

 

                                                      

                                                                                                        Julio C. Azzimonti


POÉTICA DE UNA FILOSOFÍA HUMANA libro

     POÉTICA DE UNA FILOSOFÍA HUMANA libro:

https://drive.google.com/file/d/1iXj-2B8JUqwVR7AKIiJTrcguslrINVEF/view?usp=sharing




Selección de poemas de la Obra de


Julio César Azzimonti



“Nos abrazamos con la palabra

nos protegimos con la poética del humor

y la complicidad de la visión


Por favor

                   qué más…”


De in memoriam 

                                        J.C. A









SERPIENTES ACUÁTICAS EN VIENA

                                                  a Gustav Klimt


Klimt besa la boca de su modelo…

muñeca desnuda refractada como la luz

dispuesta con febriles trazos

en el espacio planimétrico de la tela

La modelo se estremece parpadeando

cuando se estaba adormeciendo  

en esa puta posición quebrada  

cuello y cabeza

a noventa grados del cuerpo

en la que él la había ubicado

         diciéndole:

         “no te veo como la época

que siempre vigila y condena

los sentidos”


La boca de Klimt

ensangrentada de oleo carmesí

se resfriega en la rodilla de ella

descubriendo

nueva forma de pintar


Levanta los ojos y ve el despliegue

magnífico de su zona áurea

y como una serpiente acuática

se arroja hacia la presa

hacia esa caverna pulsátil

anémona rosada

donde los pensamientos

las palabras la voz los quejidos

se transforman en colores


Su cuerpo se sacude

repica

mientras las curvas de la carne

fluyen ondulantes

en el agua azuleja del estanque

“Pronto me encarcelarán

otra vez y veré detrás de las rejas

el patético derrumbe de esta Viena

sangrando oro y pobreza”


Su cuerpo vibra

desflorando el bosque violento

de los sentidos brotando


¡Tanta barbarie

de saliva y color

en el claroscuro de la tarde!


¡Tanta desproporción

de la línea para morder la razón!

“Yo no soy la razón

como dicen certeros

sólo soy vida que renace

en mis modelos

son ellas

serpientes ondulantes

en el agua que me calma

llenando de vida mis lienzos”


“Eso sí

su nombre Emilie es

lo que es

bálsamo remanso

en la locura de este tiempo

donde los monarcas Habsburgo

que me maldicen

planean opacos enterrarse solos

         

“De todas formas

las guerras alrededor

pertenecen a la purísima razón

y yo al desvelo amado

de mi boca como pincel

de mis colores como lanzas

de mi paleta como escudo

y de la deslumbrante desnudez 

de ellas”





REQUIEM  PARA  HUMBERTO RIVAS…

                                                                         Demiurgo de la palabra…



Llegó puteando desde las luces malas

a este San Miguel

que siempre tuvo el diablo entre las patas


Llegó con el drama en las manos

y la comedia en la boca

a encontrarse con la tragedia


Llegó allá por los 70 gritando

la comedia de este drama

y el drama de esta comedia

hasta que su país ensurado

el nuestro

                    de cada dia

desplegó todas las espadas

de sus barajas


Nos llegó desde el azar

como la época desde la historia


aulló desde su obra paroxística

que impuso con el fervor

de saber que era la única vez


 Los arcanos

                        sus queridos arcanos

fueron develados hasta donde el quiso

mientras

                  el mundo inabarcable de su tiempo

explotaba en su palabra


Pasó penurias y dichas

acechos y amores

y construyó su muerte

hasta ser la presa del final

cuando un parásito

                                     en el pecho

le ocultó el oxígeno

                                      pero no

la última palabra…


Aquí

En este puñado de conciencias

                                                      conjuradas

está

           Humberto Rivas

demiurgo y dramaturgo

como si el tiempo se hubiera hecho para él…

…y su socarrona luz para nosotros…




IN MEMORIAM…


Lo conocí el mismísimo día

que llegó a San Miguel

cuando las sombras se acuartelaban


Nos sentamos en un bar

y hablamos

                      durante treinta años

hablamos

mientras sudestaban los presagios


Nos abrazamos con la palabra

nos protegimos con la poética del humor

y la complicidad de la visión


Por favor

                   qué más…

 

Hoy me queda una mansión

                                                      espléndida

tripulada por el vacío


No habrá más palabra

que pena insondable…

                                       pero habrá obra…

eso sí…





TEOREMA TIESO DE MORFINI


Escenario:  habitación a oscuras de gruesa catadura…

Morfini en penumbras espera tieso que todos se duerman…                                               

los ojos relumbrando abiertos…

los dedos de sus pies

se mueven solos y rítmicos…

a su costado la heladera ronroneando pesada



Hipótesis: la distancia rectilínea de la cama a la heladera

no es la misma que la de la heladera a la cama…

el tiempo se contrae primero y luego se dilata…

primero talla la ansiedad luego la plenitud…


Tesis: sostiene Morfini que las galaxias

Se expanden y se contraen de acuerdo

A lo que haya dentro de una heladera…



CONVERSACIONES ENTRE EL GALÁN METAFÍSICO Y EL RUFIÁN MELANCÓLICO


... en la profundidad de la noche


llevo el arma hasta la sien


y disparo...



... pronto saldrá el sol


y todavía no decidí


que voy a hacer


con mi cadáver...



...lo mejor será


que le dispare al corazón


a ver si muere de una vez...



( Cuenta el Rufian Melancólico dando comienzo


a la conversación)


Mirándolo directo a los ojos, el Galán Metafísico 

dice: 

          llegué tarde a mi suicidio


(el disparo salió un día después


y mi cabeza ya no está allí)


o mejor


(disparé y corrí entusiasmado


a poner mi cabeza


en la trayectoria


pero los proyectiles


suelen ser más rápidos)


de cualquier manera


llegué tarde a mi bautismo


(mis padres se quedaron dormidos


a la siesta


mirando cada uno


una pared distinta


yo miraba el cielorraso


mientras el tiempo


se iba con mi Dios)



llegué tarde a mi casamiento


(el cura dormitaba cuando llegué


y los feligreses ya jugaban tocándose


a las escondidas con los santos)


pero hoy


hoy he llegado tarde a mi funeral


(en ese ataúd que allí llevan


no estoy yo


porque yo estoy aquí en este papel)


(los familiares


que esperaban en el cementerio


se manifestaron contrariados


y se retiraron comentando otra vez


falta de seriedad de mi parte)



ahora sólo me queda


llegar tarde a mi inmortalidad…


pero eso ya no importa


he cumplido con mi plan


llegar tarde a todo


menos a mi conciencia




LEONARDO ENMARCADO


Leonardo enmarcado observa desde la ventana:

la muchedumbre en gritos

lleva una mujer atada

a la que van a quemar


la visión detiene su conciencia

la perspectiva dispara la idea

llama y dice a sus discípulos

“De todas las soberbias de este mundo

la del ignorante es la peor

no reconoce límites

porque hasta los déspotas tienen alguno”


el anagrama de su tiempo

se agota en el escarnio

de un sueño perpetuo

en blanco y negro


Leonardo espadas en los ojos

ha entrado en el deseo despiadado

de su propia totalidad inabarcable

ha entrado en su alma

para dibujarla

entró en el tembladeral de la creación

partiendo de una estética

para construir su ética


en los ojos de Leonardo

allá en lo alto

enmarcado en la ventana

la bruja desde abajo

se mira confinada en su retina


Dice a sus discípulos:

“ De todas las soberbias de este mundo

la del ignorante es la peor

porque no tiene estética”


la muchedumbre aúlla

acercándole llamas a la pira


con la piel encendida

la bruja vitrificada

en las retinas de Leonardo grita insensible

al dolor:

“Vas a inseminar la Historia pero no a la mujer”

“Contale a tus discípulos

el horror de perder la luz”

“la ignorancia es un fresco

enorme de sombras”


Leonardo la escucha y piensa contrariado:

“el horror sigue siendo

la noche con una tela en blanco”


Llama a sus discípulos:

                        “les digo que la luz

                         es sólo un párpado abierto

                         un juego de sombras que escapan

                         dejando un hueco cálido

                         cuando hay tres lámparas encendidas

                         separadas por guiones de penumbras

                         son tres

 las sombras que buscan

                         escaparse de tu vida”.




NEGRO TANGO


John Kennedy Casal es negro uruguayo y cantor

Es gutura rítmica en sus tamboriles genéticos

Es un instrumento de carne que se revive

ungido por su don templado al fervor de las llamadas


No usa  muletaje guitarrero

ni el chantear de las palmas

El vino le enciende el pico

mientras el sabor retinto de la uva

se vierte en su memoria

No ruega otra copa

la trueca por otra canción


Tango puro carajo

                                 dice

 tango charrúa oriental y sin maridaje


No mendiga escenario

                                         Dice

Mi tango viene del refrite de los barrios



donde en los días bochornosos

la gente baila vibra y canta

porque se le canta

como se le cantó a don Gervasio libertador

Porque se me canta

                                    hermano

yo estoy aquí

Porque se me canta soy negro libertario

y cantor

Porque se me canta

inundo mis cuerdas de vino

pero compadre mamado jamás

mi vino se termina cuando

                                             mi madre

me mira desde el adiós


Digamos

                  que es guapo hasta el olvido

de su cuerpo ensombrecido



 Transita bodegones y comederos de todas cepas

Reconoce que mandó callar a todos

en un restorán medio pelo



cuando paladeó repentino

´´Antiguo reloj de cobre ´´

                                               dicen

que se enturbió su mirada

al rigor furioso de los aplausos


Hombre de semipenumbras

cabeza con chambergo

ala baja y una pluma blanca

donde va el pañuelo


Después

                con el tiempo entre paréntesis

hinchado el pecho de jugosanto

en la madrugada de los ciegos

siente desde el adios la mirada de su madre



negro y todo se retira a los aposentos

                                                                dice

donde lo esperan su negra y su negrita


Largo y acompasado canyengue natural

cargando su gola bronca

bronce exquisito con verdín

se va como el tiempo

que nos parió encima


¡ Esa voz compañero ¡

esa voz cantando  ´´La casita de mis viejos´´

Esa voz que se aleja

                                   hasta perderse

dentro de un chorro espeso de tinta

quedando la magia de su sombrero

relumbrón blanco del más allá

flotando sobre su voz

                                   

                                   voz

saliendo tenue de la negrura

embargadas sus glorias

resuena aún

después de la derrota de la noche

cruzando el río sin orillas

hacia su Montevideo de plata

al que nunca

                        hermano

volverá



    


ULTIMO TANGO EN LA ENRAMADA


Rechiflados de rocío

de espaldas al amanecer

ella viborea atangada

el se obliga tanguistante


mejilla  con mejilla

juntos en simismo

ellos tan solos – los últimos –

lustrando el piso de La Enramada

con el terciopelo de sus pasos


bailan sin hablarse

sin memoria ni futuro

bailan troileando el presente

mientras el mundo decide

decide infinitas cosas


una voturé se detiene en la puerta

con dos cosos rajatablas

listos para quebrar

sopesan el momento

mostrando descarados                   


el pavón de sus fierros


ella corrige con la destreza

de sus largas piernas

las vacilaciones que el alcohol

alienta en su compañero


el tango sigue en su queja

y en el estribillo

las dos getas acerando sus ojos

salen del auto

encarando hacia el salón


el tango trepa hacia su fin

el fuelle se abre inhalando

rozando su panza con el suelo

preparando su descarga


truenan varias veces

los fuegos secos de los chumbos

en el espacio hueco de la culpa

en el terreno del toma y daca


momento de nácar que fue piel

sobre tinta roja que se expande

recortando dos figuras congeladas

sobre el piso de parque

pero el tango

amigos míos

bordara en instantes la telaraña

de su transa con el tiempo y el olvido


luego habrá telón carmesí

luces que se apagan

penumbra

y un chan chan

bordoneando

algún sentido final…          


                       


                                

                         

V I E J O     C O N D E     D A R K


                                                              Vasto lago de sangre me rodea

                                                                                    Y ya me da lo mismo

                                                                                     Volver atrás que seguir avante

                                                                                                                                              MACBETH



                      El escenario:…


El conde magnífico vestido de negro leviatán

come tortilla rumana de papas brotadas

 come aceitunas negras con hongos de la cripta

come morcilla de venado con membrillo bebiendo su elixir:

vino con sangre de  mancebos guaraníes                                                                                                                                   


en la pared escarlata un corazón real palpita

marcando las horas con sus latidos

las horas de los siglos

los pliegues de los milenios

hasta la contracción de la materia

en espléndida energía


en tanto trata de explicarle algo    

a su nueva conquista encendida

preparando orfebre exquisito

su tránsito a la inmortalidad


velas  por doquier y un fuerte olor                                                                                                  

 a  sebo y humedad en el alma del castillo



afuera brotando de los muros

sibilantes  las gárgolas de cristas y leyendas

cuidan a su amo de la maligna curiosidad

de las civilizaciones mortales




          Los personajes:…

dice:   lo mío señora es alma por alma

           garganta a garganta

           colmillo a colmillo

           ni lunas metálicas escenográficas

           ni triller filosófico

           ni lavado de sangre aria

           ni escarnio religioso en misas

           de carne y sangre

           es mi señora un rito carnal

           donde transfiero mi eternidad

           en  un acto de atracción feroz

           guiado por el perfume de los glóbulos

           que encienden llameantes mi paladar

           es un grito de vida de mi especie

           mi señora

           si yo no existiera no habría mortales

           y sin ellos este que está a tu lado

           sería una abstracción

  


           somos dos especies opuestas y necesarias

           que deben continuar juntas

            y vos mi señora amadísima elegida

            sos una flor carnívora mortal

            que atrae mis colmillos de seda y puñales

            hacia ese cuello de carrara y vino tinto sagrado


            eso si mi señora dispuesta a recorrer las eras

            en este acto de amor

            lejos de las crueles estacas civilizatorias

            y las plebeyas cadenas de ajos

            sólo vos y yo en el cofre

            donde la noche es luz eterna

            sólo vos y yo exquisitos

            floreciendo en el rojo mar de todos los tiempos


                                                                                


            Un conde

            No puede dejar de ser

            bizarro










ÍNDICE



 SERPIENTES ACUÁTICAS EN VIENA………………………………………………………………………………………3


 REQUIEM  PARA  HUMBERTO RIVAS………………………………………………………………………………………5


TEOREMA TIESO DE MORFINi……………………………………………………………………………………………….8


CONVERSACIONES ENTRE EL GALÁN METAFÍSICO Y EL RUFIÁN MELANCÓLICO 9


LEONARDO ENMARCADO 12



ÚLTIMO TANGO EN LA ENRAMADA 18



V I E J O  C O N D E  D A R K 20



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De un lado la luz - Manuscrito


 De un lado la luz 

al otro las tinieblas

      en el medio 

      el hombre 

              y  

      la palabra 

      para soñar 

      con la luz 

      con las tinieblas 

 


Julio César Azzimonti


VELORIO del libro

 


Estoy velando un libro en el desierto (El mundo no lo sabe y es extraño las cosas que el mundo ignora) El muerto manojo de cuadernillos enhebrados-exhala perfumes de imágenes

                                                                                                                                        y una vehemencia corrupta que agota al espíritu. 

Encontrar a un hombre dentro de sí velando arrodillado (y con un pastoso naranja desplegado por el ángelus recortando su perfil) encontrarlo callado y retraído ungido por el último sol de la tarde 

          persistiendo en el olvido de ese desierto es encontrarme cavando con las manos un pequeño orificio en esta tierra arenosa para enterrar este libro que desaparecerá del mundo para siempre es una decisión final 

                                                            en un sesgo definitivo de la intuición que sabe el hueco que dejará en el espacio que habita y en el tiempo que genera historia 

Se que es tan insignificante que no habrá nada que lo reemplace 

nada será igual a el 

                                   nada dirá lo que él dijo o 

nada evocara la vida como él lo hizo 

 Si es 

que algo evocó 

Pero el horror del olvido no será total (servirá esto como alivio?) quedarán las imágenes (algunas?) dentro de cada uno que lo leyó 

                                                                                  que                             serán

 transformadas entre pausa y pausa cada vez que alguien o yo las relate


Pero este es un acto seco 

                                                 sin piedad como todo

entierro velatorio cuando se consuma 

Pero todavía está allí 

                                        quieto 

                                                         vibrando 

y reverberante en el espantoso hueco que deja la materia al no estar más junto a uno 

Se la decisión capital que asumo se que condeno a todos al sólo recuerdo de algunos fragmentos que irán mutando hasta lo que la gente quiera o pueda recordar al conjuro y amalgama que alguien reconstruirá a través del tiempo sé que yo desapareceré en poco tiempo 

mi nombre será olvidado cuando el anónimo crezca como una hiedra y ocupe mi lugar sé

 que diluyo mi persona en infinitos fragmentos más pequeños que palabras

                                                                      más que letras

                                                                                sé que me  suicido al enterrar este

 libro

          sintiendo que las letras de mi nombre una a una irán desapareciendo ante el horror de mi ego enfurecido 

pero mis manos se mueven por otro lado y van arrojando puñados de tierra dentro del pozo 

                                                                                                                                                y el libro desaparece 

Siento el dolor en los ojos

 siento la nariz aleteando 

siento la boca apretada 

siento el cuello hinchado

 siento la tensión de todos los músculos en un último intento por detener el acto pero la decisión de diluirme en un mar terreno 

                                                                   de separarme en tantas partículas como imágenes quedan en las personas corazón se agita ansioso por experimentar qué extraña amalgama se harán con esos fragmentos 

qué mitos surgirán 

                                qué quedará que será olvidado qué nuevo mundo surgirá cuando vuelva a brotar la memoria y yo ya no esté 

                                                            ni sentiré

ni seré propietario de una sóla de esas imágenes entonces el horror del olvido deja paso a un nuevo placer 

                                                          el misterio de la curiosidad 

                                                                                                           lo que 

vendrá     inabarcable 

                 impredecible 

                 insondable 

                incontenible 

en el filo de la materia y aún más allá 

¡Dios mío 

                 qué hice! 

me levanto miro por última vez el lugar el montículo que ha quedado 

y siento que el olvido comienza a luchar contra la memoria camino hacia la ciudad y pronto va apareciendo en mi conciencia una imagen de peces parlantes que hablan (o simulan) entre ellos moviendo sus boquitas escapando y volviendo subiendo y bajando y algunos se detienen ante mis ojos y de repente se introducen dentro de ellos 

Anoto en mi libreta esta curiosa secuencia de imágenes 

                                                                                                  sentado al lado de la ventana del bar v mirando a través del vidrio la calle a esa hora llena de vehículos y gente que pasa con sus bocas cerradas y sus miradas ocasionales 

                                                                       hacia mi que no me he a movido de este lugar en los últimos cuarenta años esperando lo que vendrá 


JULIO CÉSAR AZZIMONTI


Mención Humberto Rivas Centro Cultural UNGS a Julio César Azzimonti

 FELICITACIONES  Julio C. Azzimonti ..Mención Humberto Rivas..Hoy a las 21hs, en Patio Plateado por la Luna..Roca 850, San MigueL____ ¡TODOS INVITADOS! Ccultural Ungs, Mora Burke, Walter Tejeda, Maxi Silva, Willy Perez, Virginia Morillas, Sonia Aban, Gaston Guerra

https://web.facebook.com/azzimontiom/posts/10202883629839222

Porque el misterio es que todos los zanjones

son un sólo zanjón

porque tanto misterio es que todas las Marías

son una María Morena

que vive aquí

humillando la historia

con su desparpajo de reina  

de la nada 

 Por el zanjón

cuando estalla la alegría

la villa vibra enardecida

conmoviendo con su música

de golpes en el vientre

a un poderío asustado

que los mira desde lejos

mientras repiquetean

los teléfonos grasientos

de las comisarías.

Por el zanjón los gatos

escrutan pacientes

esqueletos de perros amarillos 

saltando cada tanto

desde el techo negro de cartón

al sueño de novela

del borracho tendido en el yuyal.

En el zanjón luego llega la calma

como una muerte espesa

de trasnoche.

Es el tiempo de los gatos.

Establecen su acre dominio de orines y enigmas 

porque  el misterio es que todos los gatos

son un sólo gato

porque el misterio es que todas las penas

son una sola pena     .......AUTOR:Julio César Azzimonti

porque el misterio es que todos los  zanjones

son un sólo zanjón

porque tanto misterio es que todas las Marías

son una María Morena

que vive aquí

humillando la historia

con su desparpajo de reina

de la nada.

 

EL DÍA Y LA NOCHE DEL PINTOR


Amanece y abre los ojos. O amanece porque abre los ojos. La mañana en su vida es como una tela en blanco. La ma­ñana es una pregunta que va contestando, a veces, el transcurrir del día.

Amanece y es como una descarga eléctrica en el cuerpo que obliga a erguirse. La tela en blanco obliga al pintor a buscar los pinceles y los colores, como un revolver cargado dejarlos al alcance de las manos.

Se viene el mate poniendo un pie en el horizonte. Hay acción y hay gallos guapeando su existencia, también relinchos y cabeceos y los pájaros se anuncian sin solución de continui­dad.

Ya está con los ojos bien abiertos mirando desde la ventana mate en mano. El mundo circundante organiza su estética cotidiana y empieza a funcionar. Desde la ventana presiente que todos los misterios están detrás del horizonte. La luz en ese día pleno es restallante y oblicua.

La noche anterior había pensado en organizar este día. Lo hizo y se durmió. Ahora, ante la ventana, ya se olvidó todo lo que había pensado. Se deja transcurrir al ritmo y al sabor de la yerba y ese calor que baja desde la boca y templa el cordaje de las sensaciones.

Continúa observando el horizonte: dos planos, abajo la pampa, pastizales, algún sembradío; arriba cielo, azuloide por la invasión del sol. A un costado de la casa el cobertizo y murmullo de caballos queriendo participar en la exégesis de la mañana. Haciéndose notar. Buscando presencia.

Oye el ruido inconfundible de una avioneta. La ve brillante dirigirse hacia el naciente. Pronto ve un punto contrastando con la luz solar y ya no hay sonido. Solo luz y silencio. Ahora, demasiado silencio. Los colores destellan y los objetos del paisaje se enardecen.

Mira. Sus ojos tratan de penetrar tanto resplandor. Todavía demasiado para la vista de un pintor, la mañana atrapa por su prepotencia, se dice.

Coloca el atril apenas al costado de la ventana. Ubica el bastidor con la tela en blanco. Desparrama los pomos de colores y controla los pinceles. Nada especial, solo un principio incierto de organización. No más.

Sabe que algo tendrá que aparecer. Eso sí, vuelve el murmullo del motor del avión que se acerca. Pasa por arriba de su casa y se va perdiendo.

Saca el caballo del cobertizo. Lo acaricia varias veces y le otorga libertad para pastorear. Algunos pájaros se acercan a picotear alrededor. Esto ya es una escena. Pero, cómo sacarla de la trivialidad. Dónde estará el jugo de esa composición. Todavía hay demasiada luz rasante, o poca idea. Ya se verá.

Vuelve a la casa. Cambia de posición el atril unos centímetros, como para ganar tiempo. Mira por la ventana: nada. Sí, hay de todo, pero nada. Ahora el sol está más arriba y el horizonte recupera nitidez.

Entonces, ve primero como un lomo sobre el horizonte, luego, una columna blanquecina, apenas oblicua que fuga hacia arriba. Eso sí es una línea de fuerza.

El avión, naranja furioso, vuelve a pasar sobre la casa. Rumbea hacia esa desprolijidad del horizonte. Es evidente, algo pasa.

Ya no duda: hay quemazón. Siente vibrar el cuerpo. So-pesa la dirección del viento y se aquieta. Algo apareció.

Se acerca más a la ventana. Otea cómo solo lo hacen los mamíferos, estirando cuello y cabeza hacia delante.

Piensa la situación. Unos segundos. Mira la tela, el atril, los colores en sus pomos y decide. Casi corre cuando va a buscar los elementos para ensillar el caballo.

Esto no es un juego pero vale la pena, se alienta. El avión vuelve. En el horizonte el animal blanco va creciendo. Un gigante que se levanta.


Ya amarró el atril al costado del caballo, ya cargó las alforjas con los pomos y los pinceles, ya ató la tela sobre el anca. Talonea el flete y se va hacia la quemazón.

Yendo al galope tarda bastante. El animal ahora es bestia blanca y serpientes grisadas.

Precavido, se acerca lo suficiente, solo para apreciar.

Tamaño día de esplendor solar soba los colores que disfuman como no queriendo mostrar toda la verdad. Por ahora el fuego se guarda parte de su desproporción. Igual tira líneas a mano alzada, agitado, nervioso. Trata de capturar a la bestia que miente, que no larga esencia, pero amenaza, promete.

De pronto el humo gira y se le viene encima. Atosigado, minúsculo, se siente echado, castigado. Falta oxígeno y el caballo recula. Ya sabe que está demás allí. El caballo ya giró y rumbea hacia su seguridad. Él lo deja hacer. Galopan largo y tendido. Llegan sin aliento y el olor de la quemazón incrustado en la garganta. El caballo se lanza al bebedero. El hacia la casa.

Se sienta ante la ventana todavía exaltado. Trata de aquietarse de buscar algún orden. Abre la canilla y se moja la cabeza. Tose y se restriega los ojos. Vuelve a la ventana. Su brújula interior lo obliga allí. La bestia sigue creciendo.

La desmesura se apropió del horizonte, cuándo una línea larga y fina de llamas se da a conocer como un tajo soberbio horizontal. Todo su universo fuga hacia ese lugar.

Pinta sobre la tela bocetada. Pinta sin mirar más por la ventana, sin reconocer lo alrededor. El fuego ahora brota de adentro. Solo él y la tela. Pinta...


II


Lo sorprende la tarde. Por fin, cuando anochece, se dirige a la ventana.

Todo cambio. No hay horizonte. Solo la bestia que decidió mostrarse voraz en naranjas y rojos, y una negrura infinita ocupando todo lo demás.

Se deslumbra, se paraliza. No se puede mover de allí, conmovido, apichonado. No hay miedo, sí hay reconocimiento del poder de fuego de la imagen desatada, inabarcable, insondable en su preciosismo caótico y feroz.

Pero, esa fuerza obliga, azuza, talonea hasta la acción.

Saca del atril la tela anterior y coloca otra en blanco. Vuelve a pintar. Pinta, no tiene cansancio. Solo pinta. Mientras la noche opera en la realidad.


III


Ya es mediodía y abre los ojos. Da un salto y va hacia la ventana. Cielo limpio. Horizonte nítido. Sol a plomo. No hay vestigios de humo ni de llamas. No hay olor a quema.

Sobresaltado mira hacia el atril: allí está la tela que pintó a la noche. A un costado, sobre una silla, la que pintó por la mañana anterior.

Presiente y se va a ensillar el flete. Parte hacia donde vio el incendio. Al galope recorre el camino que hizo el día anterior.

Advierte el cansancio del caballo. Mide y calcula distancias. Observa todo el cuadrante alrededor varias veces. Un escalofrío le sacude el cuerpo. No hay vestigios del incendio.



                          Julio César Azzimonti 

EL TORTURADOR


Iba a todos los velorios

familiares y de amigos

rezaba ante el cajón y

pedía por todos


los domingos iba a misa


y los lunes

después de las 19 hs

llegaba y como siempre

lo tenía todo preparado

enchufaba la máquina 

y procedía 

el olor a carne humana 

chamuscada no lo afectaba

pero sí lo había cansado

pensaba retirarse algún día 


( en la música del ambiente él se hacía poner tango y rock nacional)


Julio César Azzimonti


NÚMERO DEI - Manuscrito



(Serie de poemas que comienzan con un número que le da significado al poema)


1

    yo                         Julio 


2 vos y

              yo               Vicky


3 vos   

            yo 

                  1- ella      Celina


4 vos 

          yo 

               3- ella 

               4-otra ella           

                                  Luciana


5 el poema


6 el relato 




Julio César Azzimonti


EL CUENTO DEL BUEN AMOR

 en este suburbio del Sur

fue para vos Morena

juego de arcanos en los ojos

fue madrugada de olores tibios

con amargor en el pecho


Los corvos desodorados de la noche

rumiaron en tus oídos

hotelería y salvación

mientras la cerveza

les encendía el pico

y todas las promesas

de Buen Amor

sólo se apropiaron

de tu carne mansa

hasta el hartazgo vacío

del vaso lleno


María – como son las cosas –

sos un fuego que nadie apaga

y en la madrugada

con la escarcha en la piel

desde el suburbio de zanjas

salís a servir

el opaco ritual del Buen Señor

que te espera con la orden

colgando de los dedos


Morena 

no acertás ni siquiera

el Buen Trabajo

por las tardes te veo

debajo del níspero mutante

mirando tus manos vacías

fundiéndose entre los cardos secos


Vas arrancando lenta

las páginas del cuento

del Buen Amor

que van a caer sobre la costa 

mugrienta del zanjón


En tus ojos María

entrecerrados 

va apareciendo

un destello del infierno

que inflama el aire

hasta que los cardos

se brotan en llamaradas

en tu cabeza


Las mujeres de la villa

detienen sus labores

tapándose los oidos y los ojos

El Buen Señor de buena conducta

de buena mujer y buena casa

se acalambra en la buena piscina

cuando tu imagen inconfesable

se le mete en el vientre

y el olor de tu recuerdo

le llena los buenos pulmones

de cardos calientes


El cura sermón en mano

en la penumbra

de la iglesia torcida

te imagina desnuda 

metiendo su mirada

en el astrakán de tu vientre

y en la sombra de las sombras

empieza a temblar

lanzando por su boca

- lo que son las cosas –

plegarias como pelos

y el ruido rítmico

de las campanas de su sexo


Y vos María

arrancás con tu mano Morena

la última página

del Cuento del Buen Amor

y ante el estupor violento

de tus ojos

te quedás mirando

como se quema entre tus dedos.


                          Julio Cèsar AZZIMONTI

   Fragmento de “La Canciòn de Marìa Morena”,libro del mismo autor

con musicalización de Oscar Peretto.

                         


RARAS COMO ENCENDIDAS

 
 

  





1977

cuándo empezó a girar la calesita

de la vida o la nada?

¿fue en la época en que las vendas blancas

en los ojos treparon hacia el pelo

y empezaron a verse siluetas

que buscaban agujeros en el tiempo?


cuando empezó a girar la calesita

de los huesos con memoria

arreciaba la tormenta

que dijeron duraría

tantos años como la pena


en principio ¡circulen!, ¡circulen!

¿ cómo llenar vidas de vacío

vacío de vacío

vacío de vidas de la memoria

recuerdos de vacíos

vacíos encarnados

vacíos con huesos

huesos con números

números humanos?


cuando la calesita de los jueves

comenzó a girar ¡circulen!

los ríos de piedra ¡circulen!

con nombres de calles ¡circulen!

hicieron brillar sus cubos de granito

donde habitaba el secreto del rio y el concreto


¿qué calesita es esta tripulada

por mayoría de mujeres ¡circulen!

que vienen de la llanura?


¿qué  calesita es esta

donde los pibes y las pibas

devorando su tiempo

no están?


¿qué calesita es esta

donde la música es sonido

de suelas pasionarias solitarias

raspando el silencio de las baldosas?


(un susurro de miradas dijo:

son madres raras

de un sur que se pretende suprimir

aniquilando su ensuración)


       

 2


madres se vieron

simadres descarnadas

sobre el paisaje fulero de presagios


carne y flor aparecidas de la nada

cabezas y estupor sin nombre

marchan girando y girando

en esa puta plaza

hambrienta de gestos


porque sólo el gesto

el gesto y la mirada encendida

cuando la palabra

y aún la gutura

se habían clausurado

confinándose a los vientres


ojos que se mueven

soltando su pavor

frentes que se arrugan

manos que señalan sin rumbos

dedos que palpan rigores eléctricos

pies que a pesar de todo

se mueven sin parar


contaron como murmullo:

se ven lágrimas blancas

si

lágrimas blancas

contaron en los barrios alunados

en los suburbios del miedo

lágrimas raras

que se encienden al tocar la tierra


había si

compulsión de fervores

y delirio de martirios

clavando una estaca

en el corazón de la pirámide


(el destino

siempre atento a todo dijo:

“comenzó la molienda de la historia implantada”



3


calesita extraña esa marchando

cuando llegó un calesitero

del tamaño de un hijo

 tordillo de dientes como espadas

ofreciendo sonriente en cada giro

sortijas argollas de granadas

cuando el tiempo Azucena

se parió sin reloj

metiéndose en las profundidades

del gesto


los bárbaros del mundo

cuadraron sus brújulas en el sur

y convocaron a sus manadas diciendo:

“hay mujeres raras transformándose

en madreselvas

encendidas marchan circulando

los jueves de todas las semanas

carne y flor creciendo

en  ese ensimismo país

tan al sur de todo sur



4


cuando estalló

tamaña rabia metálica

en los dueños paroxísticos

de la historia

concurrieron a delirar uniformados

los cazadores de getas

los cazadores de vientres

los cazadores de bocas

los cazadores de palabras

los cazadores de libros

los cazadores de gestos


salieron desangelados

con sus cruces en llamas


salieron con linternas negras

y corazas de mármol robadas

a defender sus criptas


¡época tan ciega

habrase madre cometido

devorando tanto afiebrado futuro

rompiendo el cristal de la utopía!


¡cómo se vienen madre para apropiarse

del mito carnal de la llanura

de la montaña y de los ríos!


cuando videntes

caen los jóvenes en racimos

sobre esta desmesura

de tierra nuestra

hermética y lejana

tan al sur de todo sur



5


¡época tan desgarrada

habrase madre

zumbando ciega¡


¿sobre cuáles tumbas sin forma

esparcieron sin destino

semillas vibrantes de sueños?


fusiles de espejo turbio

los getapatrias del aire arrojaron al rio

la carne palpitante que los enervaba

 los getapatrias del mar

se encerraron medrosos

a retorcer cuerpos y genes

los getapatrias de tierra


sintieron en sus plexos

que la Inquisición los bendecía

cuando arrancaban los ojos

y las tripas



6


como alunado aparece este sol

sudestando todos los suburbios

los barrios y las cercas


como ahuesadas brotan lámparas

alumbrando incipientes

cementerios de humo

cuando el río sin márgenes

los recibió de las nubes

para guardarlos

sabiendo que el  río devuelve

lo que no le pertenece


¡época tan honda madre¡

cuando el enfurecido contrareloj de la historia

agitó de repente el látigo

haciendo vibrar los ríos de piedra

juntando los barrios  silenciados


certezas aparecieron

ellas


Madreselvas empecinadas

saliendo a florar los jueves

sembrando de lámparas las ochavas

y de susurros las habitaciones


lágrimas bálsamos aparecidas

lágrimas blancas abriendo honduras

liberando gorriones sin nombres aun


muñecos niños apenas destetados

apenas hirsutos

pronto reverberando de preguntas

pronto calenturientos de respuestas

casi ensoñados

conciencia embroncada

con el fraude de la historia en contra

surgiendo entre adoquines

con gusto a cielo


cuando el silencio se partió en gritos

le arrancaron la llave a la historia


(todavía llevaban en su cuerpo

siestas de leche ellas

siestas de jungla ellos

siestas rumiadas con perros ellos

y ellas libros de cáñamo

entre las ingles)



7


la época desmesuró lucidez

cuando tirando candados y linternas

salieron a las calles

a pelearles al patrón de la vereda

palmo a palmo las baldosas


madreselvas

historia tan bruta

habrásenos caído encima

arrancando a mandobles

tan encendida carne

tanto futuro vibrante


madre

cuántos mis amigos partieron

florando alto

presintiendo algo

entre temblores y conciencia

empecinados en aparecer

saltando la historia del fraude

colgados de las palabras

como espinas

con la escuela apenas atrás

de sus espaldas

lágrimas y caricias blancas

Madreselvas erguidas

en la soledad del horizonte fantoche


tan disonante historia

abrásenos contado

para que fueran al muere

los eterjóvenes

que venían del futuro

a incrustarse en el pasado

dentro de esta coraza de cielo martingala


bajo esta máscara uniformada

con fusiles en los tálamos

la pedagogía del algotuvieron que ver

ha parado de crecer

bajo esta máscara uniforme

yacen los brotes inconclusos

claves y muñones

en esta tierra madre

que se deberá remover

pala a pala terrón a terrón

hasta que aparezca el nombre



9


blancoamor

carne y flor empecinada

apareciendo

entre el hielo de los días

cuando el enterrador de imágenes

se perfiló sin memoria


madre

cuantos mis amigos estaban

tan llenos de certezas

en los labios besos y broncas

en los ojos razones y sueños

en la piel pasiones y enigmas

y en los oídos

si

sirenas a mansalva

y repiquetear de agonías

en las parrillas verticales


certezas de los días blindados

brújula cuarteada al sur

los gorriones y los juegos van a volver

cuando ellas se subieron a la calesita

y marchando la empujaron


mocos en las ñatas color rosado

en las mejillas

reaparecen los pibes limoneros

asaltando los jardines

cabalgando escobas como potros

tripulando gigantes los roperos

del suburbio

lúcidos los ojos acuñando ventanas


( vivomuertos más vivos

con las palmas brotadas extendidas

nos miran

desde la nube barrilete

cielo bastardo de los oprimidos)



10


vemos entre los escombros y las cruces

vemos nítidas

a las madres del sur

ojos de lino perfil de patria

andar de llanura

marchando

caminan tranquilas ensuradas

siento el impulso de marchar con ellas

quiero decir hacia ese lugar

donde no hay geografía

ni materia

ni siquiera razón

sólo sur

ese sur que está más allá de todo sur

raras Madreselvas encendidas

marchando

calesita de los jueves en la memoria

burbujas blancas interminables

marchan

zapatos de agudo polvo

grabando las baldosas

historia de historias

palabra de palabras

susurro de susurros

gesto de gestos

marchan

Madreselvas

florando la memoria del sur

tan bruta

                 Nomeolvides



                                       Julio C.Azzmonti


EL HOMBRE QUE PERDIÓ SUS GLÁNDULAS ROZÓ EL INFINITO Y PISÓ EL HORIZONTE

  


                                                       “En cada persona, en cada grupo, 

                                            hay un símbolo,  un signo, 

                               un código estético.

                                                     Más allá de las éticas implícitas 

                                                                                    y de sus mutuos significados 

                                                                                         nadie puede fagocitarse a la forma

                                                                                         y sus contenidos 

                                                                                         nadie puede introducirla en sí mismo

                                                                                   y definitivamente sumirla 

                                                                                   tarde a temprano esta aparecerá

                                                                                   de alguna manera " 


Ese que está allí, Evaristo Piedras, que desde hace unos días padece fuertes trastornos generalizados, decidió consultar con el médico sobre su problema. Escuchemos in ya comenzada conversación entre el hombre y la bestia, entre Evaristo y el médico: 

—Sí, entiendo perfectamente. Entonces Ud. opina que debo dejarlas en la clínica para que se haga un reacondicionamiento general. Bien. ¿Qué horario? A las 15 horas. Si, esta misma tarde. Gracias. 

Colgó lentamente el teléfono y se quedó largo rato mirando sus manos. Las palmas de sus manos, largas y oscuras, oscuras y largas, y oscuras… Y largas,...sus manos oscuras... 

Media hora antes de la hora indicada salió. Dejó atrás su casa y los pasos que fue dando. Camino mucho más lentamente que de costumbre, así lo había decidido antes de salir a caminar lentamente y no detenerse, para no detenerse. 

En la marcha, lenta, recorría con su mirada todos los lugares donde podía ubicar formas redondas, curvas y ovaladas. Así lo había decidido, porque así lo sentía. 

Las vías del ferrocarril, cortaron momentáneamente su ejercicio. Miró a su izquierda y desde la amarillenta y destartalada casilla, apareció una bandera verde. No pudo ver la cara del guardabarrera; los sucios vidrios lo impedían. Muy pocas veces había observado con detenimiento ese lugar, quizás nunca, y menos aún al hombre que trabajaba dentro. 

Exactamente a las 15, llamó con el timbre en la puerta de la clínica. Automáticamente se abrió la puerta. Automáticamente entró. Automáticamente apareció la empleada. 

Por quién viene —Le preguntó sin ningún protocolo con gesto tangencial. 

Doctor Lo Presté— respondió Evaristo, también fríamente. 

Ah sí Doctor Lo Presté. Venga, siéntese en este sillón y espere. 

La sala era larga y angosta, sin ninguna puerta. En el fondo y frente a él una ventana mostrador. En la mitad del salón hay un escritorio. Hacia él se dirigió y en él se sentó la empleada. Instantáneamente sacó de uno de los cajones un frasco sin tapa y a medio llenar, con un líquido cristalino que podía ser agua, alcohol o veneno o simplemente nada. 

Evaristo se quedó mirando el frasco, quizás porque era lo único que se movía con cierta vivacidad allí adentro. 

Cuando levantó la vista del frasco para hacerla deambular por otros lugares, vio con gran asombro que en la ventana mostrador había un hombre que lo miraba sonriendo. Instantáneamente se imaginó un cuadro estúpido, creado por algún empleado de la casa, y también sonrió. Pero su asombro fue mayor cuando el hombre, que ahora le parecía de boca grande, se largó a reír fuerte y entrecortado en crescendo, semejando una hiena, sin parar, sin respirar. Su cara, que ahora sí identificó con una boa, comenzó a ponerse roja azules sus orejas. 

La sonrisa que al comienzo esbozara Evaristo, se diluyó en una mueca fría y flácida. Y eran tan fuerte el ruido de esa boca descomunal, que el corazón comenzó a latirle con fuerza, sin piedad. El hombre boa seguía riendo como cien hienas, como miles de hienas. Él quedó paralizado en el sillón, con miedo y estupor, sin siquiera mover los párpados. 

La boa abría su enorme boca y los sonidos que de ellas salían golpeaban las paredes cien mil veces, millones de veces rebotando como pelotas acústicas. Los decibeles se arremolinaban como tornados en el fondo de la sala, convulsivamente y como catapultados por un poder sobrehumano, se lanzaban contra sus oídos, contra su cuerpo. Lo penetraban como un cuchillo a un pan de manteca, despiadadamente. Entraban por la boca, por los ojos, por los poros, por los oídos, por el ombligo. Vibraba el suelo y el cielorraso navegaba en una borrasca atormentadora. El estómago empezó a dolerle hinchado de sonidos y herido por semitonos y en in boca, angustiosamente abierta palpó el indefinido gusto de fusas y corcheas, mientras sentía con dolor acústico, que dos gruesos árboles entraban y salían por sus oídos, abiertos como valvas. 

Pero si bien todo su cuerpo era castigado, noto que lentamente su cerebro se recuperaba del shock inicial. La confusión se iba disipando, lentamente. Solamente percibía sensaciones físicas, sin dolor y sin sufrimientos, Como si fuera frotado por medusas. 

Pero no se podía mover. Por alguna razón a su cerebro no se le ocurría ordenar a sus músculos. No se podía mover. Estaba totalmente paralizado. Parecía que su torrente sanguíneo, su fluir, el caminar de su sangre, se había detenido en el tiempo y en el espacio. Sólo su cerebro funcionaba, tenía lucidez. La boca del hombre boa o de la boa hombre, seguía creciendo, aparecía enormemente grande, descomunal; ocupando toda la ventana, moviéndose sin parar. Pero su razón estaba decididamente cercada. 

Notó que todavía podía mover los ojos, es decir solamente los globos oculares, y los dirigió hacia el escritorio de la empleada. Esta seguía con su trabajo, como si en ningún momento escuchara algo del infierno de sonidos que provocaba el que estaba en la ventana. Pero más le llamó la atención el franco. En el bullía el líquido que contenía, más aún, navegaban en su interior cuatro corpúsculos de color marfil y nácar. Subían y bajaban alternativamente, pero sin orden. Como en una danza bailada por jabalíes, subían y bajaban, bajaban y subían. No podía quitar los ojos de allí. Subían y bajaban, sin orden sin lógica. Marfil y nácar. Creciendo, lentamente creciendo. No los veía crecer, pero percibía el cambio de volumen. Y su mirada estaba fija como atada al frasco, atada por cadenas invisibles. Los sonidos seguían envolviéndolo como una cáscara, aplastando su razón contra los rincones de su conciencia. Subían y bajaban, marfil y nácar creciendo, lentamente creciendo, moviéndose, danzando en el frasco, subían y nácar, bajaban y marfil; bajaban y marfil, marfil y subían, subían y nácar y creciendo siempre y una sensación de vacío, de que algo lo estaba vaciando, de que le faltaba peso y la danza de los corpúsculos seguía inexorable. Y el vacío, el vacío de su cuerpo. Sentía que lo único que le quedaba eran un poco de razón. Toda una razón y sin cuerpo. Y no podía moverse y no podía mirarse. Las cadenas tiraban de sus ojos al frasco, Razón sólo razón, un puñado de racionalidad y nada más y la visión del espectáculo del frasco, los corpúsculos, que subían y bajaban, creciendo. 

¡Señor, Señor! 

Cómodo hubiera hecho con la más hermosa naturalidad, se levantó y fue al escritorio, desde donde lo llamaba la empleada. 

—Ya está, salió bien. Ud. tiene una sensibilidad enorme. Costó trabajo, pero ya terminó. Estas son sus glándulas-dijo señalando con su mano el frasco donde flotaban los cuatro corpúsculos. 

Evaristo quedó extasiado mirando sus glándulas. Ella también estaba abstraída en lo mismo. 

Un ruido fuerte del lado de la ventana mostrador los sobresaltó. El hombre de la ventana, el de la cara de bon, había caído bruscamente hacia el lado de afuera. 

—Qué le pasó—Preguntó preocupado Evaristo. 

—No se preocupe Sr., debe estar agotado. 

Una voz, desde el interior de la ventana gritó: 

—¡Está muerto! ¡Está muerto ¡Está bien muerto!

La empleada lanzó un gemido y corrió hacia el lugar. Él la siguió; siguió sus pasos, su carrera; se desplazó detrás de ella. Sin prestar más atención a sus glándulas dentro del frasco, la siguió. 

Ella se lanzó desesperada sobre el cuerpo del hombre caído y aplastó el oído derecho

 sobre la zona cardíaca. 

—Está bien muerto sollozó desconsolada. 

Evaristo tembloroso y con temor, le tomó un pie al hombre y en voz muy baja corroboró el diagnóstico. 

—Sí, está muerto. 

—Era mi padre. "hace 25 años que hacía este trabajo" dijo ya de pie y mirando el guiñapo humano, retorcido y duro, desparramado a sus pies. 

Lloró por varios minutos. Mientras la voz que había advertido la muerte del hombre, más otras que se le sumaron, entonaban una grotesca, sin solución de continuidad. 

Piedras aprovechó para observar al hombre caído y comentó en voz alta. 

—Sí, realmente no parece ya una boa. Ahora tiene cara de topo, aunque su boca sigue pareciendo grande. Realmente muy grande para la cara. 

El cuerpo totalmente desnudo, mostraba una piel reseca y acartonada, sobre la cual lentamente se iba enroscando una hiedra, a cara maltrecha por años y años de gritar desaforadamente. 

—Cállese, era mi padre dijo sollozante. pa. Venga.

Fueron hasta el escritorio. En el fondo se seguía cantando la marcha, ahora mejor entonada, pero siempre sin solución de continuidad. 

—Sus glándulas quedan acá, hasta el día 12, es decir dentro de trece días. Tome este comprimido compensador y venga exactamente el día indicado, a las 15 horas, como siempre. Nosotros atendemos siempre a esa hora. —Su voz se cortó y mezcló con un acceso de llanto. Pronto lo dominó.

—No se olvide, puede ser grave. Ya perdí a mi padre, no quisiera perderlo a Ud. 

—Ahora baje la cabeza. 

Evaristo accedió al pedido y ella lo besó en la frente con cariño. 

—Dios lo guarde-dijo suavemente. 

Evaristo Piedras, sin glándulas, compungido, angustiado y sintiéndose todavía vacío salió cerrando suavemente la puerta, mientras todavía escuchaba las voces entonando la marcha, cada vez mejor.



                                                                                                                                                                                                         



              


ÚLTIMA CABALGATA DE “TURNER EL JUSTICIERO"

  

Susana, ella, detiene el funcionamiento de la máquina lavaplatos, se da vuelta y con un gesto me señala el reloj que está sobre la pared.

Trago el último bocado y corro a encender el televisor que está en la habitación justo a tiempo, como todos los días desde hace más de un año desde que ella me lo regaló para usarlo delante de la cama.

Para que seamos más felices, dijo.

Es la hora y aparece el título en la pantalla "Turner el Justiciero", que junto a la música de fondo me hacen vibrar.

Y por cierto que soy muy feliz con este aparato. Creo que me salvó del sicoanalista. Una buena inversión. Vaya que nos hizo bien este aparato.

Porque "Turner el Justiciero" está allí delante de mí, moviéndose con soltura, dueño de la situación. Susana pasa delante de él como una sombra. Turner, acodado sobre el mostrador, habla con el barman y le dice "ella me espera en la colina de los garañones". Mi corazón palpita en contrapunto con la respiración.

Susana sigue pasando delante de la pantalla.

Le hago señas para que se quede quieta.

Me mira sonriente y desaparece por la puerta del baño que está al costado del mostrador.

Turner gira la cabeza y mira hacia el baño y luego hacia la entrada del salón. Está de buen humor, sonríe desde el borde de mi cama. Yo también sonrío. El último capítulo siempre es el mejor, el más emocionante. Todo se va a decidir pronto. En realidad, estoy preparado a conciencia para recibirlo en toda su magnitud emocional. Pero Susana, ella no debe distraerme, debe comprender todo esto y quedarse quieta, callada.

¡Qué nervios!

Me introduzco con suavidad en la cama sin apartar la mirada de Turner que se dirige hacia una mesa que está al lado de la cama. Debo concentrarme más y más. Hace una indicación a los que juegan póker en una mesa vecina y éstos lo miran con admiración. Se sienta de costado, y enseguida llegan una botella de licor y una chica que se acomoda sobre sus rodillas. Los detalles - allí está la cuestión - no se me deben escapar.









            Debo concentrarme y observarlo todo. Mis miembros se ponen tensos, dispuestos a la acción.

La mesa donde juegan está casi delante de mi cama. Turner, algo hacia un costado. Susana sale del baño y pasa casi desnuda entre ellos. No debo permitir que me distraiga. Turner estira un brazo y atrae otra chica sobre sus rodillas. Yo estiro el mío y atraigo a Susana que entra en la cama con un murmullo y se ubica a mi lado. Turner se ubica a otra chica sobre sus rodillas.

Soberbio, no siente el peso de las mujeres. Pero es evidente que se aburre porque su mente está en otro lugar lejos de allí. Los de la mesa juegan con cara de póker. Él se aburre, mira cansino a las chicas, les guiña un ojo, les sonríe, pero esa sonrisa es melancólica.

Le guiño un ojo a Susana y le sonrío tratando de imitar esa melancolía de Turner.

Todas las mujeres se muestran felices de estar con nosotros. ¡Qué postura! Ellas lo besan. Susana me besa y luego él se levanta, mira a todos los del bar a manera de saludo y sale. Susana me retiene porque estoy saliendo de la cama.

Ya en la calle, el Justiciero se abre el saco y descubre sus revólveres de cachas nacaradas. Susana se ríe y dice que no la destape.

Camina hacia el caballo y éste mueve nervioso las patas al verlo.

Susana mueve sus piernas.

Mis nervios empiezan a erizarse. Desde una puerta, una chica muy rubia y casi adolescente lo saluda rumorosa y alborozada. Susana juega no sé con qué y no para de moverse. Turner le sonríe a la chica y  Susana pregunta por qué yo le sonrío a ella. La chica corre y lo abraza, lo besa y lo estruja. Él corresponde con gentileza y la aparta con suavidad. Aparto a Susana que me está besando pero ella se resiste.

¡Que no me distraigan, por favor, van a arruinar todo!


Mis nervios no resisten más. 

¡Son tan torpes que no entienden cómo son las cosas! No ven que Él tiene la mente fija en la colina y yo también. Que hacia allí debemos ir porque nos esperan. Que nos están esperando desde hace mucho tiempo. Vamos Turner, no les hagamos caso, subamos al caballo y cabalguemos. Vamos que quiero ver esos músculos tirantes y sudorosos brillando bajo la luna que ya aparece por detrás de la colina.


¡Ah, sentir corcel y jinete como un solo ser, como un centauro restellante!

Arriba, Justiciero. Dé ese salto magistral sobre el caballo amigo. Y Turner salta como un acróbata y cae elástico y etéreo sobre la montura. Salto. Susana ríe y grita que no la aplaste.

Maestro de las praderas, muéstrame una vez más tu arte de jinete inagotable. Cabalga. Cabalgo. Por fin comienza la ansiada cabalgata. Ahora sí, ahora estoy bien.

El corcel y Susana resoplan debajo. Mis músculos están tensos pero libres, plenos. Ya nada nos puede distraer.


                ¡Vamos hacia la colina, vamos!

Galope largo y tendido hacia el lugar de encuentro.

Maestro, me has enseñado todo lo que sé, has terminado con tus rivales y yo con mis miedos estúpidos. Ahora sí estamos vos y yo solos como queríamos.

Y el seco tronar de los cascos repica acompasado sobre éste mi corazón agitado. Maestro, nos espera un plenilunio, corramos.

Susana ya no se ríe. Siento sus músculos duros y suaves acompañando el movimiento. El saco del Justiciero ondula por el viento. Las sábanas recorren mi cuerpo como si volaran. ¡Que el páramo nocturno nos observe! Los ojos del caballo y los de Susana, casi desorbitados, miran hacia delante hipnotizados. Las paredes del cañón y de la habitación pasan a nuestro lado veloces y allá en el fondo la colina, nuestra colina y la luna alta y luminosa.

Maestro, lo estamos logrando, ya falta poco para alcanzar la cima donde nos espera nuestra amada. La pantalla destella, la habitación destella mientras recorremos el último tramo de camino.

Tanto tiempo, Justiciero, que te sigo a toda partes sin perder un solo detalle, pero ya estamos por alcanzar la cumbre. El corcel y Susana resoplan resplandecientes de sudor heroico. Ya se ve a la amada tendida sobre la hierba húmeda.

Recorremos los últimos tramos como una luz, con el corazón y el cuerpo desenfrenados pero desbordantes de gloria. Y la amada levanta su hermosa cabeza al ver al Justiciero y lo llama. Éste detiene el caballo de golpe y yo hago lo mismo con el mío. Susana resopla y el corcel de Turner también. Entonces se encorva desde lo alto de la montura y besa a su amada agradeciendo la espera y yo la beso a Susana que me agradece todavía agitada y feliz.

En el silencio de la noche se sientan abrazados sobre un tronco caído y contemplando la noche, la luna.

Lo mismo hacemos. Susana, mirando la pantalla plateada del televisor. La amada se duerme entre los brazos del Justiciero, Susana entre los míos. Las depositamos con cuidado al lado nuestro y quedamos mirándonos en silencio. Entonces, en ese instante, casi estalla mi corazón vapuleado.


¡Turner levanta su brazo y me saluda!

¡Hasta la vista!, me dice y allí todo se termina.

Lentamente esa hermosa sensación de felicidad compartida va desapareciendo, empujada por una rara sensación de carencia, de algo de vacío.

Me levanto tratando de no despertar a Susana y apago el televisor. Quedo sentado en la cama y acurrucado empiezo a sentir todo el peso de ese silencio negro.

¡Maldito seas, Turner! Cómo podré dormir si sé que mañana no vas a estar aquí con nosotros, ocupando esta oscura y fría habitación.

Pero el llanto me desborda y ya nada puedo pensar. Lloro en silencio y luego enciendo otra vez el aparato.

             No hay nada, nada. Sólo el brillo metálico y luminoso de la pantalla vacía, allá en el fondo de ese subterráneo de sombras amenazantes en cuyas paredes resaltan los retratos macilentos de todos los héroes que se han ido.

Quedo temblando, y miro fijo esa luz que se aleja lenta pero inexorable hasta transformarse en una luna lejana, allá, sobre la colina vacía.


 Julio César Azzimonti