…cuando el aire frío de la mañana hiere la piel, el Tano Benedetto se va para la quinta pala al hombro. Colgada del cinturón las bolsas de semillas. Al naciente la luz se abre paso.
Laura desde la puerta del rancho, observa como se aleja y aprieta nerviosa sus manos hasta sentirlas doloridas. Con insomnio y premoniciones se le descargó la noche anterior. Pero nada le contó. Se limitó a cebarle cimarrones tempraneros, mirándolo cada tanto de reojo…
,…y cuando el sol comienza a espantar el frescor, Ceferino Nuñez talonea al tobiano que avanza al tranco. Algo ladeado, a lo compadre, cabalga como vigilando el paso cansino del flete o quizás el sendero que bordea el sembradío. Baja el ala del chambergo para evitar tanta luz sesgada sobre los ojos y enfila hacia el viejo algarrobo. Se apea. Busca con la mirada el pozo de agua que conoce desde que aprendió a caminar sobre esta tierra que supo ser suya como la mujer que cohabita allá a lo lejos en ese rancho que también fue suyo. Y hacia allí rumbea con la memoria agitada por los recuerdos. Su mirada achinada se endurece. Cada tanto acaricia el pavón de la escopeta.
… ya está de rodillas el Tano Benedetto, perforando con la pala la tierra húmeda y vaporosa, introduciendo semillas tibias en los orificios y volviéndolos a cerrar uno a uno,…como confirmando su pertenencia.
… Ceferino Nuñez se hinca en el borde del pozo y baja el jarro para recoger agua. Es cuando ve su rostro reflejado en el espejo cristalino y un temblor recorre su cuerpo: una máscara dura y brillante lo mira.
… El Tano coloca otra semilla y la cubre. De pronto mira hacia su rancho que está más allá de las encinas. Fuerte el sol le da en los ojos y los entrecierra: el rancho es una mancha parda que flota desdibujada a lo lejos. Recuerda el transatlántico que lo trajo a estas tierras y la espera dolorosa en el muelle hasta verlo perderse en el horizonte para siempre,…son pájaros los que caen sobre la tierra para revolver con patas y picos el sembradío. Pero él con movimientos ampulosos del brazo los espanta,…Y hay un pájaro, oscuro y silencioso que vuela alto describiendo círculos. Y cada tanto, la sombra del pájaro como un punto, se cruza con la del hombre como una línea.
…Nuñez introduce con violencia el jarro en el agua y no logra, y no logra romper del todo la imagen deforme de su cara que flota entre las ondas. Pero qué graznido es ese que viene de lo alto quebrando su ensimismo unos segundos, suficientes para otear al pájaro que vuela en círculos. Torna a mirarse en el agua: como al mediodía, cuando el sol halla entibiado el aire, me llegaré hasta el borde de las encinas. Recorreré con la vista el lugar y lo veré sembrando arrodillado entre los surcos arados. Con ese empeño, sembrando, sembrando, se fue quedando con todo lo mío. Empezaré a caminar hacia él, pero mucho antes de llegar a su encuentro me habrá visto, aunque simulará que no es así.
-¡Que sorpresa don Nuñez!, ¿qué lo trae por aquí? – dirá.
-¡Lo busco a usted, Benedetto¡ - diré. Y en su rostro ensolado y áspero no mostrará ninguna extrañeza, sólo un ligero destello nervioso,…con el jarro vacío en la mano continua observándose en el espejo del pozo que relumbra alcanzado por el sol,…y la imagen del Tano desplaza a la suya, y con un golpe de jarro la parte en mil pedazos, y su cara vuelve a ocupar el lugar ondulante.
…entierra la última semilla de la última bolsa, la cubre y allá se queda inmóvil, esperando, esperando llegue hasta él la figura que sabe se acerca, y girando su cabeza al poniente mira hacia su rancho: se recorta ahora nítido sobre el cielo luminoso. No flota, está fijo al suelo,…sabe que ella cada tanto mira hacia donde él está. Ella siempre sabe. Hace un tiempo que casi no duerme de noche.
-¡Que sorpresa don Nuñez!, ¿Qué lo trae por aquí? – diré.
-¡Lo busco a usted, Benedetto! – dirá,…y no mostraré ninguna extrañeza, y no podré evitar un destello nervioso, y de un golpe clavaré la pala en la tierra, y lo encararé mirándolo a los ojos.
…Ceferino Nuñez contempla inmóvil la imagen que le devuelve el agua del pozo. Sopesa: clavará la pala en la tierra, me encarará mirándome a los a los ojos y en ese cielo pampa, sin una sola nube, retumbará el estampido desfogando mi bronca. Después vendrá ese silencio parejero que cargo sin resuello,…veré como se arrodilla, o mejor como hinca sus rodillas y cae de boca sobre la tierra removida. Luego caminaré hacia este pozo, me subiré al tobiano, me iré al tranco y ya no será de mi voluntad volver a mirar hacia el que supo ser mi rancho.
…clavo la pala en el suelo, lo encaro mirando sus ojos: y es una máscara dura y brillante que ondula como si fuera de agua y siento esa llamarada en el pecho y ese trueno en la mañana despejada, hinco mis rodillas en la tierra y miro hacia el rancho que se va perdiendo en el mar como el trasatlántico que me dejó en estas tierras.
…Está inmóvil Ceferino Nuñez junto al pozo de agua que conoce desde que comenzó a caminar. Las riendas del tobiano en una mano y la escopeta en la otra cuando un graznido, o el grito de una mujer, quién sabe, lo estremece. Y cuando vuelve a pesar el silencio, arroja el arma sobre ese rostro líquido que se refleja en el espejo de agua…