..., en algún lugar, ni antes ni después, un japonés emprendedor salió a recorrer el mundo y la historia tratando de promocionar un producto de su invención: el sushi. Como odiaba al emperador por sus malos tratos y burlas, decidió burlar al dignísimo y largarse a recorrer el mundo promocionando y vendiendo el producto.
Apuntó alto y se fue al Olimpo. Oteó el panorama y se mandó a la puerta más grande. No llamó. Entró sonriendo, con esa sonrisa que sólo los de japanga sabían hacer. Se encontró con el mismísimo Zeus en pelotas y bebiendo néctar ilota. Los hedores del ambiente contrastaron violentamente con los que exalaba el morral del intruso . Zeus confuso y aturdido pero curioso lo recibió intentando una sonrisa semejante a la del viajero. Primereó el japanguita con ímpetu juvenil y se reverenció con picardía. Luego señalando su morral ofreció sin titubeos. Habló en olímpico, habló y habló ante el asombro del dios que empezó a prestarle atención. Se movió bien el cuñataí y el parlamento fructificó: el deu pidió probar. Cortó un trozo con su piccola katana y ofreció. Ancioso y glotón tragó el bocado sin miramientos. Reaccionó fiero, a medida que tragaba comenzó a gritar ¡ fí ¡,…¡ fis ¡,…¡ Fissshhh ¡…
Julio César Azzimonti