Estoy velando un libro en el desierto (El mundo no lo sabe y es extraño las cosas que el mundo ignora) El muerto manojo de cuadernillos enhebrados-exhala perfumes de imágenes
y una vehemencia corrupta que agota al espíritu.
Encontrar a un hombre dentro de sí velando arrodillado (y con un pastoso naranja desplegado por el ángelus recortando su perfil) encontrarlo callado y retraído ungido por el último sol de la tarde
persistiendo en el olvido de ese desierto es encontrarme cavando con las manos un pequeño orificio en esta tierra arenosa para enterrar este libro que desaparecerá del mundo para siempre es una decisión final
en un sesgo definitivo de la intuición que sabe el hueco que dejará en el espacio que habita y en el tiempo que genera historia
Se que es tan insignificante que no habrá nada que lo reemplace
nada será igual a el
nada dirá lo que él dijo o
nada evocara la vida como él lo hizo
Si es
que algo evocó
Pero el horror del olvido no será total (servirá esto como alivio?) quedarán las imágenes (algunas?) dentro de cada uno que lo leyó
que serán
transformadas entre pausa y pausa cada vez que alguien o yo las relate
Pero este es un acto seco
sin piedad como todo
entierro velatorio cuando se consuma
Pero todavía está allí
quieto
vibrando
y reverberante en el espantoso hueco que deja la materia al no estar más junto a uno
Se la decisión capital que asumo se que condeno a todos al sólo recuerdo de algunos fragmentos que irán mutando hasta lo que la gente quiera o pueda recordar al conjuro y amalgama que alguien reconstruirá a través del tiempo sé que yo desapareceré en poco tiempo
mi nombre será olvidado cuando el anónimo crezca como una hiedra y ocupe mi lugar sé
que diluyo mi persona en infinitos fragmentos más pequeños que palabras
más que letras
sé que me suicido al enterrar este
libro
sintiendo que las letras de mi nombre una a una irán desapareciendo ante el horror de mi ego enfurecido
pero mis manos se mueven por otro lado y van arrojando puñados de tierra dentro del pozo
y el libro desaparece
Siento el dolor en los ojos
siento la nariz aleteando
siento la boca apretada
siento el cuello hinchado
siento la tensión de todos los músculos en un último intento por detener el acto pero la decisión de diluirme en un mar terreno
de separarme en tantas partículas como imágenes quedan en las personas corazón se agita ansioso por experimentar qué extraña amalgama se harán con esos fragmentos
qué mitos surgirán
qué quedará que será olvidado qué nuevo mundo surgirá cuando vuelva a brotar la memoria y yo ya no esté
ni sentiré
ni seré propietario de una sóla de esas imágenes entonces el horror del olvido deja paso a un nuevo placer
el misterio de la curiosidad
lo que
vendrá inabarcable
impredecible
insondable
incontenible
en el filo de la materia y aún más allá
¡Dios mío
qué hice!
me levanto miro por última vez el lugar el montículo que ha quedado
y siento que el olvido comienza a luchar contra la memoria camino hacia la ciudad y pronto va apareciendo en mi conciencia una imagen de peces parlantes que hablan (o simulan) entre ellos moviendo sus boquitas escapando y volviendo subiendo y bajando y algunos se detienen ante mis ojos y de repente se introducen dentro de ellos
Anoto en mi libreta esta curiosa secuencia de imágenes
sentado al lado de la ventana del bar v mirando a través del vidrio la calle a esa hora llena de vehículos y gente que pasa con sus bocas cerradas y sus miradas ocasionales
hacia mi que no me he a movido de este lugar en los últimos cuarenta años esperando lo que vendrá
JULIO CÉSAR AZZIMONTI