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CULTURA Y NACION
LIBROS
Adolescencia y literatura
ACERITO,
de JULIO CESAR AZZIMONTI. Plus Ultra, 1988, 122 páginas.
Sostenida dentro de una propuesta moderna, la literatura actual para adolescentes admite como único requisito los cánones del arte literario general. No existe, por lo tanto, ningún tema tabú. La problemática del desarraigo, la soledad e inseguridad de los muchos, la sexualidad, la guerra y sus acechanzas, los miedos y carencias, los problemas familiares, nada deja esta literatura sin abordar, como si quisiera borrar el mundo falso e irreal descrito en otras épocas.
Los escritores del género piensan que una literatura que aborde temas candentes será arte para el espíritu y medio esclarecedor que permita a chicas y muchachos lograr su propio perfil dentro del mundo en que viven. Porque "hacerse grande cuesta mucho", según la escritora María Luisa de Luján Campos.
En esa estética se inscribe la novela Acerito, de Julio César Azzimonti, escritor que desde años viene publicando cuentos en revistas y hojas literarias. Gran conocedor de su oficio, Azzimonti sabe que el adolescente es un chico conflictuado, ambiguo, como que sus problemas son distintos a los del niño que acepta y se identifica con el mundo que le muestran sus padres y sabe que tampoco es un adulto. En esa franja se mueven sus personajes entrando y saliendo del mundo de los adultos y también quedándose por momentos dentro de su propia intemperie. En esa zona se desarrollan los más duros conflictos, cuando deben demostrar ante ellos mismos si son o no capaces de vencerlos. Los miedos de Evaristo desafiado por el guapo Tape; la emotividad de la escena de la iglesia unida al desengaño; el ritmo secuencial de la lectura de un capítulo de El príncipe Valiente y su valoración real con la muerte del abuelo; el encuentro con el arte por medio del viejo pintor; el descubrimiento del amor; la referencia social de las casas de la barranca del río y "La Siberia", villa donde vive el Tape, son capítulos de una excelente escritura que bucea y profundiza desde ojos adolescentes.
Los personajes actúan como presencias vivas formando un gran fresco de aventuras y experiencias, en tanto van tejiendo una roja cuyo símbolo vital es la telaraña. En cuatro oportunidades se relaciona la vida (o sus etapas) con una telaraña: en el juego de bolitas; en un cuadro del viejo pintor; en el camarín del aspirante a boxeador y en el entrecruzamiento de rutas donde se produce el desenlace fatal del Tape y donde los amigos, ya convertidos en hombres, vuelven a encontrarse. Recomendado para niños de 12 años en adelante.
Libertad Demitrópulos