Rechiflados de rocío
de espaldas al amanecer
ella viborea atangada
el se obliga tanguistante
mejilla con mejilla
juntos en simismo
ellos tan solos – los últimos –
lustrando el piso de La Enramada
con el terciopelo de sus pasos
bailan sin hablarse
sin memoria ni futuro
bailan troileando el presente
mientras el mundo decide
decide infinitas cosas
una voturé se detiene en la puerta
con dos cosos rajatablas
listos para quebrar
sopesan el momento
mostrando descarados
el pavón de sus fierros
ella corrige con la destreza
de sus largas piernas
las vacilaciones que el alcohol
alienta en su compañero
el tango sigue en su queja
y en el estribillo
las dos getas acerando sus ojos
salen del auto
encarando hacia el salón
el tango trepa hacia su fin
el fuelle se abre inhalando
rozando su panza con el suelo
preparando su descarga
truenan varias veces
los fuegos secos de los chumbos
en el espacio hueco de la culpa
en el terreno del toma y daca
momento de nácar que fue piel
sobre tinta roja que se expande
recortando dos figuras congeladas
sobre el piso de parque
pero el tango
amigos míos
bordara en instantes la telaraña
de su transa con el tiempo y el olvido
luego habrá telón carmesí
luces que se apagan
penumbra
y un chan chan
bordoneando
algún sentido final…
Julio César Azzimonti